lunes, 3 de octubre de 2011

EL MENDIGO NEGRO.


El otro día, iba yo por la calle.

Iba monísima vestida, con mi gran bolso en “vogue”, mis zapatos de todos los días y con aquella alegría, que confiere la tranquilidad de espíritu; La alegría de los corazones contentos. Aquel día, aquel mismo día, ese entusiasmo alborotador que me hacía caminar a pasos grandes y seguros se estampó vivamente contra la realidad.

El otro día iba yo por la calle y me encontré con un mendigo negro. Un mendigo negro. Aminoré mis pasos para mirarle mejor porque no podía creer lo que veían mis ojos. Le miré de arriba hacía abajo contemplándole en su miseria. El hombre estaba sentado en el suelo, la cabeza descansando encima de su rodilla derecha y de su mano estirada. Pies descalzo en pleno invierno, ropa sucia y zarrapastrosa, piel seca y ojos vidriosos. Me desconcertó ver a un mendigo negro. No es que nunca hubiese visto un mendigo, pero es que nunca había visto un mendigo negro en Europa.

Un negro pidiendo limosna en Europa.

Miré a mi alrededor avergonzada de que alguien pudiera pensar, como negros que éramos, que veníamos del mismo país. Pensé que aquel mendigo, avergonzaba a los negros por dar una imagen de mendicidad. Y de golpe me invadió una ira terrible. Un sentimiento de rabia contra aquel indigente, no por ser mendigo sino por ser negro y mendigar. ¿Por qué tenía limosnear? ¿Por qué tenía que pedir dinero?

Y le odié. La sensación era tan fuerte que creo que durante unos instante deje de respirar por la cólera, y por la vergüenza de la bochornosa situación. Me dio rabia pensar que aquel hombre, en su tierra tenía padres y hermanos en casa de los cuales podía comer, sin suplicar a nadie para que le dieran un par de monedas. Allí tendría una casa, por muy choza que sea, pero una casa al fin y al cabo. Allí tendría a alguien para dejarle un par de zapatos. Allí tendría agua y también tendría ropa decente. La gente será pobre en los países africanos, pero bien es conocida, nuestra hospitalidad. Allí tendría un abrazo de su gente y sonrisas en la cara de sus amigos. Allí sería alguien. Un hijo, un tío, un padre, un sobrina de alguien… A lo mejor, allí tendría una situación, una vida, una dignidad... ¿No era mejor ser mendigo en su tierra? ¿Qué tenía aquí sentado? Nada. La gente pasaba a su lado y se iba, sin dedicarle ni una mirada siquiera.

¿Sabían sus familiares de él? ¿Sabían ellos que su hijo del cual no tienen noticias desde lunas y lunas, está sentado en un suelo cualquiera de país europeo cualquiera, con la mano estirada y pasando hambre? Y se me revolcó el corazón. Pensar que a lo mejor hipotecó su vida para venir a Europa y acabar pidiendo limosna. ¿Y por que no volvía a su tierra? ¿Por qué no se iba allí e intentar su vida desde una base más hospitalaria y más inherente a él? ¿Por qué prefería vivir en la miseria sin ninguna opción de futuro?

Aún le estaba mirando, cuando de repente levantó la vista y me vio. Se me aceleró el pulso y abrí los ojos grandes, incomoda.

No sé qué pensó él. Supongo que también sintió vergüenza de ver a una negra como él, verle en esta situación. Le miré a los ojos y volví a sentir vergüenza. Pero esta vez de mí. Sentí vergüenza por juzgarle y avergonzarme de ver a un negro pidiendo limosna. Sentí vergüenza por ser una cobarde por tener miedo a que me juzgarán a mí, por su imagen a él y por no ver que mendigos, hay en todas partes. Nadie escoge ser mendigo. Sentí vergüenza porque me encontré en un dilema emocional y cultural por no saber si tenía que darle dinero o no.

Dicen que “La mano que pide siempre está debajo de la que da.”

Alguien me empujó por detrás. Volví a la realidad sobrecogida por tantas sensaciones de golpe y, como huyendo, me fui sin darle moneda alguna. No conseguí entender por qué había escogido ese hombre, vivir con su mano por debajo de las demás…


http://yaivi.blogspot.com/

8 comentarios:

Aurora M. Alcojor dijo...

Joder, me ha impresionado el texto, me ha dejado muy mal sabor de boca y a mí también me ha dado vergüenza. Intuyo que yo ni siquiera me habría parado a pensar en nada, habría seguido de largo, sin preguntarme por su vida o por su historia, como hacemos tantas veces...

Vidyapremdas dijo...

Recuerdo un día de lánguido caminar en medio de muchos dejavus y sincrónicos aconteceres, todo fluía, pase a comprar fruta antes de irme a casa, para ver que me encontraba en el camino, buscando conscientemente más de aquel dichoso día, estrujando los acontecimientos.
Cuando decidí marcharme pensé que un taxi era la mejor opción, casi como que me merecía tal relajo mientras caminaba con mis frutas en una bolsa llena de sabores vegetarianos para esa noche que juraba ser regalada.
Mientras miraba hacia la calle en busca de ese taxi, mi mirada se encontró con un mendigo, su mirada era plena, resignada, ya ida de este mundo de decepciones y sacrificios, quedé en hipnosis con su mirada y no pude seguir avanzando, lo curioso es que habitualmente hay mendigos en mi país, cruce la calle y fui a enfrentar tal contemplación, no era un mendigo a pesar de su estropeada ropa de invierno con rastros de humedad, frio y cansancio, , pensé que era un borracho, a veces mas habitual que un mendigo después de la lluvia, le consulté discretamente si había estado tomando, él, con la mirada casi perdida nuevamente nos vimos y suavemente me indico que no…., entonces sentí que era otra su necesidad, ahora mía, comer una exquisita fruta ¡, la aceptó de buena gana en su extenuada situación… mi pena me inundó, reconocí un hermano que ya moría, era un anciano de vestir rural que venía como uno de sus últimos sacrificios a cobrar su dinero de pensión estatal, sentado casi botado junto a un árbol que amablemente lo acogía, en el único sitio donde el sol en ese momento llegaba, en la puerta de la oficina de asistencia social pagadora, ya en ese instante salían los empleado que insolentemente le dijeron que esperara a que por la tarde abrieran para atenderlo, sin más consideración…ya mi mirada estaba lejos en su corazón resignado le regalé mas fruta y en mi mano sentí dejar mi último contacto con aquel día que el Divino me regalaba para subir a ese taxi ahora en silencio mirando las flores del bosque con la intensidad de quien me dijo que quizás ya no habría mas.

Miércoles dijo...

Comentas que "mendigos los hay en todas partes". Si los hay en tu tierra donde, como dices, tendrían que tener hermanos, padres, etc que los ayuden, pero no los tienen ¿no puede estar este hombre en una situación parecida?
Y ya sacado el tema, aquí te envío un buen enlace:

miquelfuster.wordpress.com/

Es de un pintor español que fue mendigo durante quince años en Barcelona. Su inspiración sigue siendo el ambiente de los indigentes y relata muy bien cómo cualquiera de nosotros puede terminar en esa situación. A veces es sólo cuestión de mala suerte.

marta_yo dijo...

Me ha extrañado mucho tu reacción, no consigo entener porqué te parece tan mal... la mendicidad no se elige...

Aurora dijo...

Es curioso... yo esa reacción la he tenido a veces, cuando veo a una persona joven, blanca o verde, mendigando. No entiendo como se puede acabar así... pienso en drogas, pienso en alcohol...

Si veo a algún negro con un carro buscando chatarra entre la basura, pienso en lo injusta que es la vida. Me imagino que esa persona ha venido en patera, jugándose la vida, esperando encontrar un futuro que le han vendido y que al llegar aquí se ha encontrado con la mierda de realidad.
Y me da lástima, cuando pienso en su familia, que seguramente no sabe si está vivo o muerto...
Será que con los que son nuestros "iguales" somos menos tolerantes?

Anónimo dijo...

Me suelen gustar mucho tus escrito, pero este me ha decepcionado, y mucho, porque contiene un montón de tópicos sobre Africa y los negros, topicos discriminatorios de los que tanto reniegas en otras ocasiones.
Muchas veces criticas que se vea siempre la misma imagen del Africa más pobre. Pero aquí tu la utilizas, con rasgos que consideras positivos.
En Africa, como en todas partes hay gente que está muy sola, familias que no se apoyan, y personas que no se dejan ayudar. Todos los humanos somos iguales o diferentes, independientemente de su lugar de origen o su color.

IvanBalt dijo...

Esta vez me levanto de la silla y te aplaudo x compartir todo esto!!! la verdad es que hace falta muxo valor para compartir tus sentimientos negativos del momento en que viste a ese sr q pide en la calle xq podrias pensarlo todo esto para ti y no compartirlo con nadie pero haz escogido lo mas dificil y a la vez valiente tambien das a conocer que no siempre tienes pensamientos lindos y bonitos si no que tambien sientes odio pena verguenza como cualquiera de nosotros pero en cambio tu lo admites! muxos muxisimos preferirian morir que admitir estas cosas!! por eso te admiro y te aplaudo!!! porfa nunca cambies!!! :)

Carmen Ibarlucea P. dijo...

Me paro aquí después de una hora leyendo tus post. LO unico que se me ocurre decirte es GRACIAS. Hoy he aprendido mucho... de ti, de Africa y de mi.