lunes, 15 de octubre de 2012

UN BLANCO EN SENEGAL.


Un día, después de una cena exótica con unos amigos, estuvimos hablando animadamente. Era un encuentro nada casual en la que festejábamos varios acontecimientos. Aquel día, uno de los chicos que se había ido a Senegal, nos estaba explicando su viaje…

Senegal. País de ensueño, con sus mujeres guapas y gráciles como gacelas, con esos cuellos alargados y estas miradas felinas. Mujeres delgadas, aunque fuertes… Tierra de los Wolof, de los Serer, de los Fulani y de los Mandinga. Mirada profunda de sus hombres, mirada del África que oscila entre lo seco y lo tropical… Senegal, tierra caliente y con dignidad altiva. Sonrisas blancas y pieles negras. Esto es Senegal.

El chico nos explicaba lo bien que se lo había pasado allí y lo bien que se había sentido como blanco respetado entre los negros. Nos explicó que todo el mundo le adulaba y le veneraba. Y, ya embebido de si mismo y jactándose, nos explicó cómo le miraban las mujeres con devoción. Explicó que un día había estado con una, otro día con otra. Según él, todas le iban detrás y algunas incluso le suplicaban para estar con él... Y guiñando un ojo, dijo que se lo había pasado muy bien con esas chicas que se dejaban hacer de todo… Se recreó, demasiado tiempo a mi parecer, en una escena en la que una de las chicas, lloraba diciendo que le quería cuando sólo se conocían de dos días…

-         Claro, dijo, se mueren de ganas de salir de allí, ven al blanquito y ya ven dinero y euros…

Y allí, ya ni siquiera le dejé acabar. Me inflamé, una ira sorda me subió por la garganta y me llenó la mente y los sentidos. Me enrabió que aquel chico, que en España no ligaba, aquel que aquí se arrastraba delante de las chicas españolas, estuviera ahora explicando y con desprecio, como se arrastraban las negras delante de él. Me dio rabia que vayan a países exóticos, los despojos de la sociedad de aquí, a buscar bustos firmes y nalgas turgentes y que después se tomen aires de colonos y de colonizador para hablar como si de un documental antropológico se tratase. Hombres mayores, feos y gordos que en su país de origen no ligan, y que en lugar de agradecer el cielo el poder tener una aventura con una de allí, se vuelven finolis y hablan de ellas con soberbia y con desdén porque a ellos les sale del escroto, de la envoltura testicular. Pues no.

¿Quién era él?  

¿Pero qué se había pensado? ¿Qué aquellas senegalesas nunca habían visto un blanco? ¿Por qué tenía que hablar así despectivamente de chicas con las que él mismo se había acostado? ¿A qué había ido allí?

Y con la fuerza de los que no saben por qué se han metido en una batalla, empecé a recriminarle por su manera de hablar de ellas y de que no todas las negras eran iguales. Empecé a gritar que no me parecía justo que hablará así de ellas… Le dije que me parecía repugnante su manera de ver a aquellas chicas y que bien evidente era que si no fuera por ellas, aún estaría él aquí en España reptando y serpenteando delante de chicas que se estimaban demasiado guapas para salir con él.

¿Por qué tenía que pensar que eran unas materialistas que le lloraban por su dinero? Lo que no podía decir de ellas delante de ellas, que no lo dijera delante de mí.

Y de repente me callé. Me callé cuando me di cuenta de que me miraba también con displicencia. Me callé porque me di cuenta de que en parte había dicho una verdad. Era verdad que muchas chicas en muchos países africanos iban detrás de los hombres blancos porque para ellas representaba la salvación, el cumplimiento de un sueño anhelado, la vuelta tan dichosa de la vida, una gran oportunidad de salir de allí para ir a conocer Europa. Las leyendas urbanas decían que los blancos te lo daban todo, y que en su país era todo más fácil. Decían que ibas allí pobre y volvías hecha una rica. Y por esto, muchas africanas se tiran encima del primer blanco que encuentran. Y muchos blancos se sienten como reyes en Zamunda, como seres superiores porque varias negras le han hecho la pelota. Me vi defendiendo una realidad absurda, una verdad ahogada, una realidad que pasa en muchos puertos de África. Todo el mundo espera un regalo del hombre blanco. Y esto, desde la época de la colonización, cuando los blancos llegaban y regalaban espejos, botellas… “bibelots” feos e inútiles.

Pero no todas las negras son así. Yo no soy así, y mis amigas tampoco. Mujeres educadas y trabajadoras que saben que cada uno vale por lo que es y no por lo que tiene. Y para mí, este chico aquel día no valió nada.

Me puse a pensar en varios blancos que yo conocía, que también habían ido a Senegal y en muchos otros países africanos y que jamás habían hablado como este chico. Blancos  con clase que saben que gente rara, hay en todas partes.


Cuando me levanté aquel día de aquella mesa, me sentí sucia. Era como si llevaba encima de mí una capa de mugre que no me pudiese quitar. Se apoderó de mi una impotencia bestial. Veía que nada de lo que yo había dicho cambiaría su opinión, ni la de él, ni la de los que piensan como él. Cada día irán más blancos a África, y volverán explicando sus méritos como hombre blanco y las "lagarterias" de las que se piensan que el blanco es rico. Me avergonzó que la actitud de aquellas chicas negras, repercutiese en la imagen que tenían muchos, de las chicas negras en general. Me entristeció aún más que los blancos que se aprovechaban de aquellos, pudiesen hablar de ello, de manera tan despectiva.

¿Qué hay que hacer para que nuestras hermanas dejen de ver a los blancos como dólares con patas?

Aquel día, me despedí de aquel chico fríamente. Ninguno de los dos nos volvimos a hablar después de aquel día. 

http://yaivi.blogspot.com 


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no he ido nunca a Senegal, pero soy mujer como tú y he estado muchas veces en Etiopía y he visto lo que cuentas tú. También yo me enfado y grito contra los hombres blancos, negros o del color que sea porque esa manera de hablar, machista, sobre las mujeres me inflama el hígado. No sucede sólo en África. La historia se repite en todos los países donde se pasa hambre y necesidades y a veces, sucede también donde sólo hay miseria moral. Comparto tu indignación, pero sólo quería decirte que no es cuestión del color de la piel, ni de ser más o menos pobres... hay algo más profundo y asqueroso en el comportamiento de esos hombres miserables que necesitan sentirse ''poderosos'' humillando a las mujeres que consideran inferiores. Te envío un abrazo Yaivi, un abrazo de una mujer blanca con el corazón negro.

Anónimo dijo...

ojalá que cambie un día eso...y llegué esos asquerosos que no son capaces de hablar connatural una chica aquí y por degracia se convierten en los "reyes " y claro por los cuatro duros que llevan en bolsillos y en África las chicas también les giran las caras..... Porque ya no quieren de sus euros ni de un visado pata cruzar el charco..porque otra cosa no creo que esos gordos feos asquerosos les darán.....

Killy dijo...

Triste historia pero cuanta razón tienes Yaivi. Sinembargo hay algo muy importante que subyace en la base de esa historia y es la educación. Amen de la pobreza existe algo que se llama orgullo y ese se ha perdido en Africa. Uno de los grandes males que provocó la colonización europea en Africa, fue matar el orgullo de los africanos. Es tal que mucha gente africana consideran algo normal pedir a cualquier blanco cosas, incluido la clase dirigente africana y muchas veces corrupta.

Pedir a un blanco/a que te deje tal ropa o tal objeto de su uso personal cuando él o ella está a punto de retornar a su tierra es algo habitual en Africa. El deseo de creer que cualquier blanco que llega a tierras africanas es un rico, está muy extendido en todo el continente y como reacción muchos nativos pierden el norte y sus verguenzas al relacionarse con ellos, no en condición de iguales sino de subdito.

¿A quién podemos culpar de este problema? algunos dicen que es por la pobreza pero eso no es cierto, es más bien por la falta de una buena educación y de valores éticos. Una persona africana bien educada y con grandes valores éticos nunca se rebajaría como esas chicas senegalesas de las que se refiere el chico blanco; nunca pedirían nada a ningún blanco ni a nadie que no pertenezca a su círculo íntimo porque ante todo el orgullo y su dignidad no le permitiría tal cosa.

Si fuera cierto que la pobreza es la causa de esta conducta insana de muchos africanos (pedir cosas a los blancos) ¿por qué en los paises europeos los blancos pobres no piden o entregan sus cuerpos a cualquier persona sea blanca, negra o asiática para así ser rescatados de sus infortunios? Pues en Europa también hay gente pobre y ademas mucha, pero tienen algo muy caracteristico y es que todos suelen ser muy orgullosos. Serán pobres pero van sobrados de orgullo. Incluso hasta los mendigos son orgullosos.

Comprendo tu indignación Yaivi y de echo lo comparto pero debo decir que de las que tienes que sentir adversión es hacia las chicas porque ellas son las verdaderas culpables de que ese chico blanco se sintiera como el principe de Zhamunda en Senegal. Probablemente son chicas con muy poca educación en todos los sentidos, nulo sentido ético, nulo orgullo y con muy baja autoestima. El chico sólo es un aprovechado que regó sobre tierras defectuosas de África y quería fardar.

En Cuba también ocurre algo parecido y como justificación a mi argumento, este comportamiento afecta sobre todo a la capa social menos cultivada de la isla, porque los cubanos/as bien formado/as aún siendo pobres van sobrados de dignidad y orgullo y no se rebajan a eso.

IvanBalt dijo...

WoW....Bueno Impactante... no me puedo imaginar como debiste sentirte en esa mesa con ese impresentable...pero al fin y al cabo es un patetico patan que incluso puede ser mas ridiculo si cabe contando sus "hazañas" jajajaj la verdad lo siento pero ese pobre me da risa y coincido con Killy todo es cuestion de valores y buena educacion

Anónimo dijo...

Hace 20 años viví algo parecido en Argel. Jovenes argelinas vestidas y maquilladas como europeas estaban a la caza del extranjero en el hall de un gran hotel de cadena francesa.

Para mí era triste y patético, aunque comprendía los deseos que tenían de salir de allí, dada la situación de la mujer en la sociedad y las pocas perspectivas de realizarse personalmente o de llevar una vida independiente como cualquier mujer en Europa.

Anónimo dijo...

Yo estoy completamente de acuerdo con Killy, y me gustaría añadir algo al respecto. No solo se comportan así las mujeres senegalesas. También los hombres. es un problema de total ignorancia (efectivamente pensando que todos los blancos son ricos) y no tanto de pobreza. Eso imposibilita a las mujeres solteras que quieran viajar al país para disfrutar de su clima, playas, paisaje etc, puesto que se ven sometidas a un continuo acosos por parte de estos gigolós. Tambien fomenta el turismo sexual. Y en Europa igualmente los hombres se comportan así... y en mucha mayor medida que las mujeres. Efectivamente, no les da ningún tipo de vergüenza pedir a los blancos, ni mentir descarada e hipócritamente a cualquier blanca que educadamente les sonría o les trate bien, con falsas palabras de amor y lo que sea, con tal de conseguir su objetivo. Y tambien piden continuamente dinero a sus compatriotas que viven en Europa, pensando que aquí todos somos ricos.

Anónimo dijo...

El mismo fenómeno que aquí se cuenta sucede con las mujeres blancas y los hombres negros en Senegal. Cuando una blanca llega allí tiene a sus pies todos los negros jóvenes que quiera, aunque ella tenga 30 años más que los chicos y esté en un penoso estado físico. Hay miles de muchachos dedicados a servir sexualmente a las muchas mujeres blancas que viajan a Senegal a hacer turismo sexual, turismo sexual femenino. Algunas lo hacen como falsas cooperantes e incluso dentro de pseudo-ongs. Es vergonzoso e indigno. MARÍA - Madrid

Anónimo dijo...

lo de Senegal lo ví con mis ojos, hay belleza natural como para justificar el viaje, pero es algo deprimente ver a todas esas mujeres haciendo turismo sexual, el director de uno de los hoteles donde estuvimos nos dijo que de las mujeres que viajan sin pareja a senegal, que son muchas, el 80% o más establecen relaciones "románticas" con muchachos, normalmente mucho más jóvenes, que viven de prostituirse - desprecian a las mujeres blancas pero se aprovechan de ellas por motivos económicos
PEDRO V. - VALENCIA