miércoles, 22 de febrero de 2012

ADOPCIONES FALLIDAS.


Según la RAE, la palabra Adopción es un “Acto formal, sometido a la aprobación judicial, por el que una persona recibe como hijo al que no lo es naturalmente”
En este texto, no quiero generalizar, ni hablar en general de los que adoptan, sino sólo y solamente hablo de los que abandonan los niños después de haberlos adoptado. Sé que son pocos pero hablo de ellos.

Ya bien es sabido que hoy en día, mucha gente adopta niños de diferentes procedencias geográficas. Las calles, están tan llenas de familias y de hijos adoptivos, que esto hoy en día, en esta sociedad en la que vivimos, ya no es una cosa rara, insólita o sobrecogedora... Más, es una realidad común, corriente e ordinaria.

Pero lo que yo no sabía, es que hay gente que devuelve los hijos que ellos mismos han querido adoptar. Lo que yo no sabía era la realidad de las adopciones fallidas…

Qué barbaridad que vayan juntas estas dos palabras. Adopciones fallidas, adopciones fracasadas.

Ya sé que basándose en la lógica de aquí, muchos hablaran de razones, de “hay que entender”, de “será porque...” Pero no. No hay ninguna razón que justifique que unos padres devuelvan a un niño que ellos mismo han querido adoptar. ¿Acaso devolverían sus propios hijos? El elefante no se deshace de sus defensas, dicen, porque son inherentes a él, igual que lo son los hijos para los padres.

Abandonar un hijo es una crueldad, una barbaridad y una atrocidad. Los niños adoptados no son perros. Y esto que ni a los perros se les ha de abandonar.

La gente adopta como si fuesen a comprar unos cachorritos y claro cuando el cachorrito crece, pues molesta. Pobres niños. Doble abandono. ¿Alguien les explicará de mayor, que sus padres adoptivos les abandonaron también?

En los medios, decían que algunas de las causas de adopciones fallidas eran problemas de convivencia, falta de entendimiento del idioma, problemas graves de adolescencia... ¿Perdona? Es que no me lo puedo creer. Y decía, Josep Lluís Cleries, Consejero de Bienestar Social y Familia de la Generalitat de Cataluña que la mayoría de ellos tienen más de 10 años y son extranjeros. Claro.
Deberían dar los nombres de aquellas personas y que se les caiga la cara de vergüenza. Nadie tiene que abandonar un hijo adoptado. Si lo adoptas, es que juras ante una ley que le tratarás como si fuera tuyo, entonces, ¿por qué a las primeras dificultades, hay que renunciar y desatenderse?

¿Puede un padre cansarse de un hijo hasta el punto de abandonarle?

He oído de padres que tenían hijos con caracteres horribles, y no se han desecho de ellos. He oído de adolescentes que hacen la vida imposible a sus padres, y nadie se ha desecho de ellos. He oído de padres que han tenido serias dificultades a la hora de educar a sus propios hijos, pero en ninguno de los casos esos padres han mirado la opción de abandonar a sus hijos. Al contrario, les educan, buscan los medios de reconducir tales caracteres e apechugan con los hijos que les ha tocado tener. Nadie dice que con el tiempo, esos hijos no sean personas extraordinarias, como siempre suele ser. Entonces ¿por qué hay gente que abandonan a sus hijos adoptivos?
Regla de tres. ¿Querrá eso decir, que no se quiere un hijo adoptivo al mismo nivel que un hijo engendrado? ¿O es que los que abandonan sus hijos adoptivos no tenían ninguna necesidad de ser padres? ¿Dónde está la comprensión, la flexibilidad, la paciencia y el amor incondicional que hay que tener cuando se educa a un niño? La gente se enfrasca en procesos largos de adopción como un capricho repentino y que se cansa, como quien se cansa de un coche.

Hipocresía y doble moral. Adoptar un niño no es una labor social. Ni tampoco es ir de rebajas en el Corte Ingles, donde te devuelven el parné si no estás satisfecho. Rabia me da, por esos padres y pena siento, por esos niños. Nadie dijo que fuera fácil educar a un niño. Pero si coges el compromiso, pues lo haces.

Como dicen los africanos. “Quien no es el padre de un niño, nunca estará dispuesto a morir por él” ¡Qué gran verdad! Y sé que hay muchos niños que están en familias de adopción y son queridos por encima de todo, por unos padres que sí darían la vida por ellos y que no les abandonarían jamás, porque al fin y al cabo son sus padres. Gente, cuya proporción es mayor a la de los que abandonan. Gente que lucha cada día para que unos niños, sus niños, por fin tengan un hogar, una familia.

¿Un hijo adoptado es como un hijo biológico?

El error ya está en la pregunta. Porque un hijo es un hijo. Adoptado o biológico, cuando hay amor incondicional, absoluto y leal, los adjetivos sobran.

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martes, 14 de febrero de 2012

LOS QUE NO SABEN AMAR...


Hay gente que no sabe amar... Yo no sé amar.

Hay miles de maneras de amar, pero sólo hay una única manera de estar errado en cómo dar este amor. Es la forma de amar de los que no saben amar…Yo soy de esos.
No sé amar porque amo de manera acaramelada e empalagosa. Amo de aquella manera que prima ante todo lo que siente, lo que piensa y lo que le pasa al otro. Amor que aguanta todo para gustar al otro.

No sé amar.

Amo con un amor que lo perdona todo y que llora después por los cantos. Amor con tristeza, una amargura abúlica que mueve cosas dentro de mí.
Amor sin explicación y con excusas correderas que van tapando cada evidencia de desequilibrio pasional. Amor ciego y turbio, con rabia calladas y con verdades sin decir. Amor con locura pero que ya no es amor. Amor como enfermad, una dolencia de la que no tengo la cura.

Yo amo siempre demasiado, porque no sé amar.

Amor que sacrifica. Amor detallista que se fija en las menudencias para hacer siempre todo a la perfección de lo ideal para el otro. Amor completo e impecable pero que, perdido en su perfección, ya no es amor. Amor que cansa, amor que produce rechazo, amor desvalorizado por ser tan intenso. Amor de cejas bajadas y de carita de pesar.

Yo no sé amar.

Amo de aquel amor que levanta montañas y reduce distancias. Amor hercúleo y titánico. Amor inmovible y sólido a pesar de los golpes. Amor que lucha contra vientos y mareas y que lo da todo. Amor de esperas y de desilusiones, pero que sigue firme e entero a pesar de todo. Amor de sueños, de fantasías, de proyectos y de anhelos. ¿Amor que se conforma con poco? Esto no es amor.

Un amor desolado y de dudas eternas. Un amor que da pena. Amor de Laura Wingfield que detrás de su Zoo de cristal, llora un beso furtivo y una ilusión platónica. Amor con gusto de lágrimas. Un amor perverso y cruel que vuelve a los lugares del desamor, porque tiene apego a todo. Amor que sigue queriendo aunque ya no haya nada que querer. Amor que suplica un sitio en el corazón del otro. Amor que te hace querer ser como aquellos a los que los otros aman.
Amor de kleenex y de ojos enrojecidos. Amor de acordes bruscos de guitarra…. Yo sólo sé amar así.

Sé el mal que me ha podido hacer
Pero le quiero.
También recuerdo todo lo que ya he sufrido
Pero quiero que vuelva.
Aunque sé que volveré a llorar
Y recuerdo todas las mentiras que me dijo
Quiero que vuelva

Porque le quiero…

Así empezaba una canción…

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