jueves, 26 de julio de 2012

EL ARTE DE LA DUCHA.



El otro día me quedé estupefacta. No es que yo sea fácil de sorprender, pero es que el asunto merecía tal reacción por mi parte. Era el arte de la ducha, una sencilla costumbre cotidiana, que para algunos carece de importancia.

Aquel día, ahora memorable, me quedé asombrada porque hablando con unas amigas mías, me confesaron entre risitas y copas de vino, que la costumbre general, aquí en España, era ducharse una vez a la semana y que incluso ellas, empezaron a ducharse una vez al día a partir de los doce años.
Me quedé de cuadros porque no me lo podía creer. Las miraba a todas y las veía cada cual, guapa, moderna y pimpante. Unas bellezas flamantes, coquetas y con piel lisa y pelo sedoso. Me costaba creer que aquellas chicas apuestas que yo veía tan presumidas, alguna vez en su vida, estuvieron una semana sin ducharse. Aún ahora cuando las miro, se me hace presente una pregunta grotesca…

¿Cómo puede ser que ellas encontrarán normal esto?

Me quede varios días pensativa, intentando entenderlo y descubrir por qué unos padres no acostumbran a sus hijos a ducharse como mínimo una vez a al día. Y por qué si es tan malo hacerlo, nosotros en el Dahomey, nos obligan a hacerlo tres veces al día.

Ya sé que para muchos, África en general, es la falsa imagen de las tribus que se ven por la tele y que no dan sensación de frescor y de ducha. Pero os puedo asegurar que en la mayoría de los países africanos la gente se baña todos los días y varias veces al día. Agua, jabón y esponja de red. Es una norma general. Por la mañana para despertar e empezar el día con ánimos y frescor, al mediodía para despertarte de la siesta y quitarte el peso de la mañana y por la noche, para dormir fresquito. Incluso en las escuelas, hacen controles a ver quienes no se han duchado. Porque allí, todo el mundo se ducha varias veces al día. Niños, jóvenes, viejos… todo el mundo. Es un hábito sano e higiénico de obligatorio cumplimiento y una norma básica como el lavarse las manos antes y después de comer, o pararse cuando el semáforo está en rojo.

¿Por qué muchos blancos no se duchan cada día?
¿Es más avanzado el país cuyos habitantes no se duchan todos los días o es simplemente un grupo de gente que tiene una mala costumbre?

Nosotros siempre habíamos pensando que los blancos eran limpios. Y viendo imágenes de bañeras, nos pensábamos que se pasaban horas metidos en el agua… Y sabiendo que  dependiendo de cómo gires el grifo, sale agua fría o caliente y teniendo jabones de todos los colores y de todos los olores, ¿cómo puede ser que los blancos no se duchen cada día…? No lo entiendo. De verdad. Con lo sano que es ducharse... ¿Somos nosotros los que estamos equivocados? ¿Son ellos los que hacen bien?

La gente pone como excusa el clima, las temperaturas, el gasto de agua… para excusar su falta de higiene. Algunos incluso dicen que ducharse todos los días es dañino para la piel, porque la deteriora  y porque provoca hongos… incluso que hace caer la piel. Razones que se inventan algunos para no ducharse, porque de momento, yo nunca he visto gente sin piel por las calles de mí país. Excusas… Que sí el arte de la ducha es cultural, que si los blancos no sudan tanto como los negros… Evasivas para justificar una mala costumbre. Y lo que no entiendo es, que con la mala repartición de recursos, los que no tenemos agua somos nosotros y sin embargo nos la apañamos para ducharnos todos los días.

No les miento si les digo que me quede varios días sin sueño, pensando en ello. Y sigo sin  entenderlo. Y por mucho que la elude, la pregunta sigue clara en mi mente. ¿Por qué los blancos no se duchan cada día..?

Esto, lo explico en mi país, y nadie me cree…

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jueves, 12 de julio de 2012

CIENCAS ECONÓMICAS Y EL PRIMO DE RIVERA.


Dicen que estudiar es uno de los caminos que llevan a la sabiduría… Estudiar es un gozo. Estudiar es aprender, es formarse, es llegar a saber del mundo para poder forjarse una opinión sobre las cosas. Estudiar es instruirse. Estudiar… una palabra que lleva impregnada, ganas de saber.

Yo llegué aquí con ansias de juventud, con avidez de saber y con unas inmensas ganas de aprender. Llegué a este país, con intenciones de cultivarme y de vivir cada una y todas las formas posibles del verbo “estudiar”. Con ganas de hacer las cosas bien, me estudié todas las distintas configuraciones del idioma y en un tiempo record corto, muy corto, ya me sabía todo el procedimiento morfológico de la lengua española y todas sus flexiones nominales, sus análisis sintácticos y sus conjugaciones. En unas pocas semanas, yo ya podía bromear en español y formar frases complejas con antepospretéritos y subjuntivos pluscuamperfectos. Tenía ganas de aprender…

Pensé que podía con todo. Y tengo que reconocer, sin ganas de chulear, que yo ya era un kamikaze de los estudios allí, de donde yo provenía. Me veía capaz de todo. Yo podía con todo.

Pero una cosa que he aprendido a lo largo de toda mi vida europea es que por mucho que tengamos ganas de aprender, de estudiar y de saber, uno se tiene que poner en la justa medida de lo que nos puede favorecer el país de acogida. Es triste, pensar que en tu país puedes ser brillante pero que en otros países lo único que se te ofrece es ser mediocre. No me malentendéis, pero es que a experiencias me refiero. Bien lo sabe Júpiter, que por muy pasional que sea, no me dejo guiar por conclusiones sin pasar por todos los pasos de OHERIC.  

OHERIC, base fundamental de la biología y de la vida: Observación - Hipótesis – Experimentos - Resultados – Interpretación - Concusión.

Y después de observar, pues he llegado a esta conclusión. Puedes ser rey en tu tierra, pero en la tierra de los demás, a lo mejor, lo más alto al que puedes aspirar es simplemente ser un caballero…

Era inocente e incrédula y decidí estudiar Ciencias Económicas. ¿A quién se le ocurre estudiar económicas sin bagaje cultural? ¿A quien se le ocurre no pensar que hay ámbitos en los que no puedes campar a tus anchas sin un gran dominio de los sistemas políticos, de las economías mundiales? Pues a mi…

Muy pronto me di cuenta de mi error. Pero como las orgullosas amazonas del Dahomey que preferían morir en la batalla, aunque hubiesen perdido todos sus atributos, yo tampoco me quería retirar.
Empecé a oír conceptos que me sonaban a lenguas muertas. Sistemas económicos, políticas de derechas, gobierno de izquierdas, ideologías económicas, preferencias, circulación de capitales, tipos de cambio flotantes… Había fechas por doquier que no me sonaban de nada. 1936, 1981, 1975, 1978, 1992, 1987, 1969…

No entendía nada. Y por mucho que me esmerara para saber, siempre había algo que no sabía, pero que tenía que haber sabido porque los de aquí lo sabían. Ellos lo sabían simplemente porque era la realidad de su país. Yo tenía que estudiar para saber lo que sabían los demás sin haberlo estudiado. ¿Cómo tenía que saber yo qué pasó el 23 de Febrero de 1981, si nadie me lo había explicado jamás? ¿Qué tenía que saber yo de lo que pasé entre 1936 y 1939  si nunca me lo habían dicho en la escuela? Y cómo esas, miles de cosas de la historia de España que repercutían en sus relaciones ínter-económicas con los otros países europeos… Cosas, que dan por hecho, que los alumnos saben.

Y de repente un día, me desanimé, cuando ya vi que nada podía hacer…

Aquel día, el profesor hablaba del primo de Rivera. Un dictador que se sublevó contra el gobierno y que dio un golpe de estado el 13 de Septiembre de 1923… Yo oía el profesor y no entendía nada. El primo de Rivera por aquí, primo de Rivera por allí, dictablanda, dictadura, primo de Rivera…

Aquel día me invadieron dudas, unas dudas terribles y una pregunta clara sin respuesta. Y viendo que nadie preguntaba nada, me dí cuenta que una vez más, estaba atrás y que todos ellos, españoles, sabían algo que yo no sabía. Y de repente, no pudiendo más, sobrecogida por la exasperación y por la rabia de que siempre me quedaba algo que saber, me levanté y grité al profesor, delante de todos:

-         Pero ¿quién es Rivera? Usted nos habla de su primo, pero no dice nada sobre Rivera… ¿Quién es Rivera?

Y colorín colorado, la amazona se ha retirado… Aunque hay que añadir que el retroceso del toro, no significa el fin del combate…

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lunes, 2 de julio de 2012

ANGUSTIA - ALEGRÍA.


Angustia de cuando el hombre se da cuenta de que su sufrimiento, de verdad es inmenso. Y grita la injusticia de la vida, al mundo, porque se piensa que no la merece.
Y cuando habla de su condena, rompe a llorar. Y se abraza a si mismo porque él se entiende. En su cara se ven unos surcos áridos. Estas líneas tan nítidas, sólo las dejan las lágrimas saladas. Lágrimas, que en su dolor, ya ni pican. Todo es demasiado profundo. Todo es demasiado doloroso.

Y de repente rompe a reír.
Su risa es vacía pero él no lo sabe. Se alegra porque cree que disfruta de las pequeñas cosas de la vida. Iluso que se piensa que esto es felicidad. Y se convence de que tiene que reír porque así se conforma con su desdicha. Y habla solo porque ve su pasado. Y Sonríe porque piensa en lo que él era… Balada lánguida y oscura de recuerdos en la lejanía. Soledad inocente y melancólica.

Y las imágenes le invaden. Un golpe seco en todo el lomo. Y allí está otra vez llorando, preguntándose qué ha hecho para merecer esto. Llora con rabia y se le agarrotan los músculos y los tendones. Llora como un niño rabioso y su mirada se llena de vacío. Se pierde en sus pensamientos y sus actos se vuelven incomprensibles. Llora por las curvas apretadas de la vida. Llora por su madre e incluso llega a gritar su nombre. El sonido que sale de su boca es gutural, y recuerda a una lengua con una musicalidad rara. Se retuerce loas manos. Y le duelen, pero no lo nota. Habla con el cielo y le apena su destino. Y de repente se inflama. Una rabia sorda le sube por la garganta. Allí esta gritando otra vez. Reproches agrios. Se siente encerrado en una realidad que él mismo ha construido. Cosas que quería, sueños alcanzados y frustración por los deseos cumplidos.

Sonrisa irónica a la vida. Allí está, en la comisura de sus labios. Transforma la expresión de su cara. Se ríe de si mismo de verse allí, abandonado a la angustia. Recuerda lo mucho que le costó tenerlo todo. Recuerda sus luchas personales. Y sonríe por sus victorias personales. Sabe que es capaz de aquello y de aquello otro. El es fuerte. Lo sabe y lo ha demostrado. Y también se lo han dicho.

ANGustias y ALegrías. Mezcolanza dulce y agria. Esto es lo que nos reserva la vida, cuando lo único que nos queda para tragar nuestras penas es pensar que todo lo que hemos vivido ha valido la pena. 

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