lunes, 15 de febrero de 2016

LAS ZANAHORIAS, LOS HUEVOS Y EL CAFÉ.


Erase una vez, una joven que tenía muchos problemas. Evidente era que pasaba por unos momentos muy difíciles y complicados. Bien es sabido que a veces la vida se vuelve rancia y parece cebarse al azar con nosotros. Destrozada y harta, la joven se fue a ver a su madre. Le contó los malos momentos que estaba viviendo y lo difícil que le resultaba salir de su melancolía. Le dijo que no se veía capaz de seguir luchando y que estaba punto de darse por vencida y abandonarlo todo. Todo eran problemas, problemas, problemas y unos tras otros.

- Acompáñame a la cocina, le dijo su madre después de escucharla atentamente.

Allí, la madre tranquila y serena llenó tres ollas con agua y las puso a hervir. En cuanto hirvieron, en la primera olla metió unas zanahorias, en la segunda unos huevos y en la tercera unos granos de café. Y la hija miraba a su madre sin entender nada. Unos minutos más tarde, la madre apagó los fogones, sacó las zanahorias y los huevos y les metió en platos diferentes y vertió el café en una taza.

- Ahora dime… ¿Qué ves? Le preguntó a su hija.

La niña conocía muy bien su madre pero no lo entendía.

- Veo un plato de zanahorias, unos huevos y una taza de café.

La madre sabía sonrió y le dijo: “Tócalos. ¿Qué ves?”

La mujer tocó las zanahorias. Estaban blandas. Cogió los huevos hervidos, les quitó las cascaras y vio que estaban duros. Cogió la taza y bebió un sorbo de un delicioso, rico y aromático café.

- ¿Qué es lo que tengo que ver mama?

Entonces la madre le explicó que cada objeto había tenido que enfrentarse a la misma adversidad: el agua hirviendo, pero que cada uno había reaccionado de manera distinta.

La zanahoria entró fuerte y dura pero salió blanda y débil.

El huevo, frágil y fluido en su interior salió duro sin sufrir ninguna modificación en su frágil cáscara.

Pero los granos de café… los granos de café reaccionaron de manera única. Una vez metidos en el agua, fueron ellos los que cambiaron el agua impregnándola de su color, de su sabor y de su esencia.

- ¿Cuál eres tú? Le preguntó la madre a la hija. Cuándo la adversidad llama a tu puerta ¿cómo reaccionas? ¿Qué eres? ¿Zanahoria, huevo o café? Piénsalo…

La hija se quedó sorprendida ante las palabras sabias de su madre. ¿Qué soy? Se dijo. ¿Seré la zanahoria que parece fuerte pero que ante los problemas se vuelve blanda perdiendo su fuerza? ¿Seré como el huevo con un corazón maleable pero que cambia y se endurece ante los problemas? ¿O soy como los granos de café que cambian los problemas y los adaptan a su naturaleza?

El grano de café cambia la fuente de su dolor. Cuando el agua empieza a hervir, sueltan su fragancia y su sabor. El café se vuelve aún mejor y cambia la situación cuando las cosas se ponen feas.

¿Y vosotros qué sois frente a los problemas?

¿Zanahorias, huevos o granos de café?

http://yaivi.blogspot.com


1 comentario:

Anónimo dijo...

Yaivi, tu color y aroma siempre dejó huella en este lector...tu eres el café de mis mañanas...lástima que últimamente sea tan escaso...¡por favor, vuelve a poner una taza todos los lunes a la hora del ángelus!...