jueves, 28 de julio de 2011

UN ARMARIO REVUELTO.

 

Me voy de vacaciones.
Y así se queda mi Armario. Revuelto.
Revuelto, porque con las prisas, no lo he podido ordenar todo. Revuelto, por las emociones intensas de este año y por el olor de los cambios que están por venir…
Y así se queda mi Armario. Con prendas colgadas por todas partes. Las dejo, porque sé que cuando vuelva, ya las ordenaré.

Me voy a buscar conversaciones, a descubrir personas.
Me voy a escribir experiencias y a vivir lugares.
Pero aquí dejo otras, no menos bonitas. Una corriente diferente.

Dicen que “Rico o pobre, quien se piensa que no lo es, no lo es.” Y es verdad. Yo lo soy. Rica. Rica en gente queme lee cada vez, rica en vosotros, rica de verdad.

Me voy y dejo mi armario abierto, porque las prendas, no dejan de ser sólo prendas....


LA NIÑA NEGRA QUE SE DIBUJABA BLANCA:
Érase una vez, una niña negra que se dibujaba blanca. Era negra, negra, negra pero se dibujaba blanca. Era negra como las noches sin luna, con unos ojos ...Leer más.


MENDEL AL CUADRADO:
La genética, de manera simple y elemental, es la rama de la biología que da a entender los más y los menos de las herencias biológicas, de caracteres que se transmiten de generación... Leer más...


AFRICA EN POSITIVO:
África es más que gente enferma. África es más que niños desnutridos. África es más que países subdesarrollados. África conocida por sus desastres… Leer más.


LA LAIA ES DE AQUÍ:
La Laia es una mezcla de culturas, como muchos otros niños, con padres de nacionalidades diferentes. Es una preciosidad, un encanto de niña, con su pelo rizado, sus hoyuelos… Leer más.


PORQUE ESTO ES ÀFRICA:
Nos hemos pasado media vida, con informaciones distintas de diversas fuentes y de diversos países. Y estas informaciones hacen que cada uno tenga su opinión respeto a las realidades... Leer más.


IMIGRANTE E EXTRANJERO:
Una vez, a un taxista, le encomendaron ir a buscar a un grupo de extranjeros, entre los cuales yo, para un evento en un canal de televisión... Leer más.


LÁSTIMA QUE SEA NEGRA…:
Yo no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores. Seguramente, no pensó en qué podríamos sufrir vejaciones.Comentarios como... Leer más.


SÍ, SOY AFRICANA...:
Sí, soy africana y nunca he visto un cocodrilo.Sí, soy africana pero en mi país, los leones no pasean por las callesSí, soy africana y no iba a la escuela a espalda de elefante... Leer más.


¿POR QUÉ TIENEN LAS NEGRAS EL CULO ASÍ ?:
¿Qué será lo que hace que las negras tengan el culo así? ¿Por qué será? Antes de todo, quiero que cualquiera que se lea este texto, no intente en ningún momento... Leer más.


NEGRO CACA I – SIMONE GBAGBO:
Pena. Rabia. Vergüenza. Impotencia.
Es lo que siento cada vez que miro esta foto.
Cada vez que miro los ojos de esta mujer, se me deshilache ... Leer más

BLANCOS FELICES, NEGROS ALEGRES:
Mucha gente confunde felicidad y alegría. Pero no les veamos como zotes, tarugos, o zafios. No tienen la culpa. Hay conceptos...Leer más.



QUERIDA RUTH:
Querida Ruth. Recibo hoy tu carta después de casi diez años sin saber nada de ti. La última vez que nos vimos tú eras una joven muchacha sudanesa perdida en... Leer más.



NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN:
“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve... Leer más.


LIGAR EN ÁFRICA:
Yo jamás había ligado en África. Jamás.
Después de dos décadas, Nunca había ligado. No es que no me gustará nadie, pero es que yo no le gustaba a nadie. Dice el principio de la reciprocidad... Leer más.


Y aquí están.
Y aquí se quedan.
Y aquí me voy.
Y aquí nos veremos… Si así lo quiere Júpiter.

Buenas vacaciones a todos. Y muchas gracias por adentraos en este Armario tan revuelto.

GRACIAS.

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lunes, 4 de julio de 2011

NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN...


“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”

Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve es toda la lucha personal que ha tenido que hacer para hacerse un sitio en una sociedad que no es la suya. Pequeñas luchas internas, que sólo entienden los que luchan en el mismo bando. Pero igual que Soprano, hay muchos otros jóvenes, de hoy en día que les tocó vivir una realidad que ellos no escogieron… Aquí va la realidad de Alo.

- ¿Cómo te llamas?
- Alo…
- ¿Hablamos de recuerdos?

Cuando llegue a España, no hablaba castellano y me daban miedo los blancos. Tenía 5 años. Pequeño, curioso y un poco travieso, me vine dejando atrás, mi río natal, mis palmeras, las casas de tierra batida de mi pueblo y todos mis amigos que como yo, no tenían ninguna idea de lo que era “irse”…
Mi padre tenía unos amigos que nos acogieron en su casa, aquí en España. Eran blancos y mi padre trabajaba para ellos en unas oficinas que tenían en Barcelona.

Empecé la escuela a los 8 años. Mi primer día fue escandaloso. Yo era el primer negro que se matriculaba allí. Recuerdo un bullicio alborotador que me dejó aturdido. Todos los niños hicieron un coro a mí alrededor para mirarme y para tocarme. Nunca habían visto un negro. Me asombró su ignorancia. Sólo recuerdo de este día, que no tenía miedo alguno. Les miraba con curiosidad mientras ellos, curiosos también, me miraban y me palpaban descaradamente. Y aún allí, no me di cuenta de lo que me esperaba durante todos los años siguientes…

Durante un tiempo, se repitieron incidentes como los de aquel día. Me rodeaban y me miraban, hablando todos a la vez. Al final, acabé acostumbrándome… En la escuela tenían actividades que desde mi perspectiva, me resultaban peculiares. Pero lo que más odiaba eran las fiestas de carnaval. Las odiaba con todas mis fuerza. Y con canciones que institucionalizaban la burla y el racismo, como la de Mecano “Blues del esclavo” o algunas de Georgie Dann, me sentía humillado cuando se disfrazaban de negros, pintándose y colgándose un hueso en la cabeza. Yo tendría sólo 8 años, pero venía de África y nunca había visto negros con huesos en la cabeza. Nunca entendí por qué se disfrazaban de una cosa que para ellos, era motivo de mofa y de desprecio. También coincidió mi estancia allí, con la serie “Raíces” de Alex Haley y pasaron a llamarme Kunta Kinte cuando querían reírse de mí. Se metían conmigo y me llevaba de vez en cuando, alguna que otra paliza sin importancia. Pero esto era lo de menos. Éramos pequeños… A parte, también tengo que decir que tuve amigos, niños que en esa época, fueron muy buenos compañeros.

Un día, a los 10 años, me vinieron a pegar unos niños. Y mientras me pegaba con uno, recibiendo golpes de otro, alguien me golpeó en la espalda. Me giré y vi que era un niño de 6 años, hermano de los que me pegaban. El niño hacía lo que hacían sus hermanos. Y esto me hizo pensar. El niño imitaba sus hermanos. Y me di cuenta, mientras la revelación me dejaba indefenso bajo los puños de aquellos niños, que a veces, calcamos cosas sólo porque lo hace gente que queremos, sin plantearnos nada. Actitud gregaria y borreguil de niños, que serán el futuro de su sociedad.
Las palizas se encadenaban. Los golpes y las burlas también. Todo siguió igual, hasta que un día me tuve que enfrentar a uno de los chicos más fuerte de la escuela. Ya desesperado y empujado por la rabia de la injusticia, casi le estrangulé. Pagué con él, el dolor de tanta crueldad y de tanta insensibilidad que tenían hacía mí. Yo era un niño como ellos, igual que ellos. Le pegué con toda la rabia de mis 11 años, le pegué ensañando con él toda la furia de tantas mofas y burlas por cosas que yo no había escogido, le pegué con toda la fuerza de aquellos sentimientos de soledad y de marginalización que yo había sufrido durante tanto tiempo… Y desde este día, me gané un poco de respeto.

Recuerdo mis años en la escuela con mucha nostalgia, a pesar de todo lo que pasé allí. No era más que un niño rebelde porque no entendía porque se metían conmigo, niños e incluso algunos maestros, sólo por lo que yo era… En casa tampoco era fácil y estos temas eran, para nosotros, problemas menores.

De mayor tuve que pasar algunos momentos de bochorno porque el color a veces era una barrera a una relación. Más que de mí, la gente se reía de la persona con la que salía, sólo porque salía conmigo…
Y aquello de que te pidan papeles por la cara o más bien por el color… Y un día, decidí que se acabó. Que se acabó aquello de tener miedo sólo porque hay gente que se piensa que cualquier negro es ilegal. Decidí que la policía es policía, fuerza del orden y que no hay que echarse a correr cuando les vemos. Aunque cuando te ven, te avasallan por negro y si pueden, pues te pegan… Decidí que se acabó y desde entonces, más de una vez, me he negado a enseñar mis papeles. Me ha costado alguna tarde en comisaría, pero el amor propio intacto me compensa.
Más tarde me aliste en el ejército y allí me tuve que enfrentar a algunos que llevaban camisetas de grupos nazis como estirpe imperial, batallón de castigo y cuadros de franco. ¿Racismo?



Empecé a tener más conciencia de mi negritud y de las trabas que había en esta sociedad. Empecé a frecuentar ambientes de negros. Y allí me di cuenta de que también había segregaciones geográficas y odios étnicos entre gente de diferentes países africanos. Increíble, sórdido y triste porque en lugar de juntarnos para ser más fuertes, nos dejamos cegar por convicciones erróneas. Con las otras familias negras que había en nuestro barrio, nos veíamos poco. Quedábamos de vez en cuando para alguna boda o alguna comunión. De lo que me arrepiento hoy es de no haber hecho más piña entre todos y luchar juntos en esta guerra de marginalización, en lugar de hacerlo por separado como lo hicimos.

Luego me hice más fuerte y más grande. Me hice muy buenos amigos. Y puedo presumir de tener muy buenos amigos. A lo largo de mi vida, me he esforzado para ser el mejor en todo. En lo cultural, en lo interno, en los estudios y en el trabajo, en todo. Para que nadie me viera como algo menos.
Todavía, del pasado hay algunas imágenes que me vuelven. Recuerdos dolorosos, como cuando aquel conductor de bus hizo bajar a mi madre delante de todos, bramando y gritándole. Me dolió como un disparo en el pecho. Un sentimiento sordo de odio y de rabia contra aquel señor que trataba a mi madre así, por que era negra. Yo no hubiera podido vivir en Sudáfrica o en USA en los 60’s, porque ya estaría muerto o viviendo en la clandestinidad. Pero lo que he aprendido a lo largo de todos estos años, es que es mejor utilizar la astucia, que la propia fuerza física. De pequeño aún me pegaba con los otros niños Pero de mayor, jamás. Me he negado siempre a llegar a estos extremos, pase lo que pase. Me niego a pelear y fío ciegamente mi integridad a mi verbo que es más devastador que mi puño negro.

- ¿Cómo te sentiste durante todos estos años?

Muchos años de mi infancia, me he sentido excluido. Totalmente. Y diferente. Muchas veces, incluso de niño, he sentido rabia y estupefacción. Tristeza nunca. Me sorprendía ver las relaciones que tenía yo con los niños de aquí. Yo antes de venir a Europa, tenía amigos con los que compartía tardes de juegos. Y aquí nada y no entendía por qué. No entendía porque simplemente me menospreciaban por mi color de piel. Y no era que lo suponía, sino porque me lo decían claramente, espetándomelo sin tacto.

A lo largo de mi vida, muchas veces me negaba a llorar, aunque sintiese muy dentro de mí, el dolor por un inmerecido trato. No quería darles el lujo de verme llorar porque no era sólo yo. Era todo lo que yo representaba. Mi familia, mis amigos, mi raza…
Así que ahora tengo que seguir luchando para superarme e irme a envejecer bajo las palmeras de la casa que me dejo mi abuelo en Mbini. Allí está mi hogar, mi paz, mi gente. Aunque siempre hay un día en que piensas: “Qué difícil es todo” y alguna vez, me pregunto si llegaré… Bajones que me dan, pero necesarios para tomar más impulso y llegar más alto. Triste atardecer de la vida y consecuencias de la decisiones de mis padres. Yo no escogí venir a vivir a Europa. Sólo, he vivido todo lo que me ha tocado vivir, aunque solo.

La época que yo viví era una época bastante difícil para los negros, aquí en España. Casi no había negros. Cruzarte con uno en la calle era todo un acontecimiento, no como ahora.

Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, hubiera ido a sentarme al lado de Rosa Parks.
Me hubiera ido al templo de Harlem, para empujar a Malcom antes de que le alcance la bala.
Me hubiera ido en la celda de Mandela y le hubiera dicho: “Aguanta… tus ideas te harán presidente de Sudáfrica”.
Me hubiera ido en la casa de Kunta Kinte o a Gorée y les hubiera dado fusiles antes de que llegaran los colonos.
Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a los tiradores africanos y les diría que tratan a sus hijos de “inmigrantes de mierda”.

- ¿Qué harías tú si tuvieras el poder Hiro Nakamura?
- Pues iría al futuro a ver si sirvió de algo todo lo que hicieron Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, James Meredith, Leopold Sedar Senghor, Stephen Biko, Mandela... Todos aquellos que valientemente han luchado por los derechos civiles y la igualad entre negros y blancos. Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría al futuro a ver si ha cambiado algo porque después de tanto tiempo, todo va aún muy lento…

A Alo, no le conocéis. Pero yo sí.
Y me parece increíble que detrás de esa sonrisa y este aire gallardo, elegante y culto, haya habido tanto sufrimiento.
Alo es mi amigo.

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martes, 28 de junio de 2011

MI JUVENTUD SE VA ...


“Mi juventud se va, a lo largo de un poema. Y de una rima a la otra, se va con los brazos colgando… Mi juventud se va, hacía la fuente seca y los segadores de mimbre siegan mis veinte años…”

Eso decía la canción. Y así me siento yo, a la víspera de echar el cierre a todos mis veinte, entrando en otra década más de edad y con mi juventud escapándose a paso lento, hacia la fuente muerta...

He pasado mis años errando en la amarga melancolía de los recuerdos y en un mar de dudas. He pasado mi vida paseando sola en la orilla de las aventuras y dispersa por las ganas de gustar a los demás.

Décadas melancólicas. Infancia dura, adolescencia reprimida y juventud indecisa. Personalidad plagada de contradicciones. Absurda y sensata, he absorbido todo lo que me enseñaban. Candida, ingenua y crédula, me lo he creído todo. Todo, e incluso que el mundo era justo.

Infancia de aromas. Olor lavanda. Lavanda, romero y sábanas estiradas. Infancia de recuerdos. Pequeña y frágil, he recibido tantos golpes a lo largo de mi infancia, que aunque yo no lo supiese me han tenido mortificada y apartada de las decisiones propias. Miedo a equivocarme, inseguridad, inestabilidad, indecisión… Los tengo todos. Golpes físicos, que me dolían tanto que alguna vez me hicieron mear encima, de dolor, abandonándome a la angustia y a la tristeza de la ausencia de mis padres.

He estado viviendo sin saber nada de la vida. He estado encerrada en mi misma, leyendo libros en lenguas muertas y navegando en rimas baratas y fáciles. He pasado por mundos maravillosos, soñando con poemas y versos de Víctor Hugo. He llorado con aquellas canciones de los años de libertad, que hablaban de desamor y de soledad, aspirando los suspiros de más de un chico de las fiestas de la adolescencia. Chicos cuyas caras ni recuerdo… He vivido mi pubertad, encerrada en mi mundo, escribiendo cartas de amor sin destinatario y con anhelos lavados por la osadía de la ignorancia.

Sentimientos de la vida y experiencias que van borrado nuestras huellas, dejando un vacío enorme en nuestras consciencias. Vacío terrible y desmesurado que nos hace contar los años y ver que es mucho ya, lo vivido y esforzándonos para recordar cosas de nuestra niñez que se niegan en aparecer… Mi juventud se va. Y me doy cuenta, que las estrellas y el mar ya no me gustan tanto.
Ya no volveré a los lugares de mi adolescencia, porque aquí está el otoño de mi vida. Tardes de charlas y mañanas tristes, tantas que dejo ahora atrás, locura transitiva y emociones a flor de piel. El dolor de las amistades perdidas y el abandono del lugar de mi niñez. Todo lo dejo ahora, cerrando la puerta de todos mis veinte años.

Tres décadas que cumplo. Años metálicos e intensos. Años de rabia por objetivos no cumplidos, de decepciones y del mismo desamor del que hablaban las canciones de mi adolescencia.
Mi juventud se va, con la melodía lúgubre y lánguida de una guitarra. Se va en silencio y lo hace sigilosamente, sin dejarme marcas porque tampoco he vivido nada.
Mi juventud se va y se lleva todos los colores de mis veinte años. Todas las flores de mis años y los olores de mi madurez.

Los años me endiñan una inmerecida bofetada con mis noches solitarias, y con la melancolía de los orgasmos que hacen llorar, porque cuando queremos disfrutar de nuestras alegrías, las destrozamos. Mi juventud se va con todo a cuestas, dejándome con los lienzos en blancos y con los sueños inacabados, con la niña que no tendré y con los rayos de sol que ya se van apagando.
Mi juventud se va y tiene cogida de la mano a la niña curiosa, inquieta y siempre sonriendo y a la adolescente que jamás fue rebelde. Mi juventud se va, como la niña de mis veinte, aventurera y buscando una respuesta a todo. Aquella joven que sufría las decepciones como un pájaro herido y conteniendo las lágrimas, dolorida. Yo sé su dolor, yo conozco su pasión. Se gira una última vez, me dice adiós con la mano y se va. Se van y me dejan con todo, con mis miedos y mis frustraciones, con mis alegrías y mis penas, con una inmensa nostalgia.

No tenemos nada adquirido, dice Luis Aragón. Y cuando abrimos nuestros brazos, como para mostrar nuestra felicidad, nuestra sombra dibuja una cruz… El tiempo de aprender a vivir y ya es muy tarde…

Mi juventud se va. Aquí me quedaré yo, esperando las estaciones y tejiendo el aburrimiento, pensando en la niña que yo quería tener, con el corazón cargado de plomo, como cuando el mar llora sus olas.

Mi juventud se va, marchitándome…


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martes, 21 de junio de 2011

LÁSTIMA QUE SEA NEGRA...


El racismo pasa por las calles. Está en los detalles de cada día. Está aquí, allí e allá también… Revolotea por las conciencias, pero mezquinamente se esconde y vuelve a aparecer, arraigado en todas las costumbres elementales.

Yo no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores.
Seguramente, no pensó en qué podríamos sufrir vejaciones.
Comentarios como exégesis incómodas y aborrecedores
Humillación, desdén, desprecio, altivez y mortificaciones.

En el Dahomey, corre un rumor que dice que a los blancos les encantan las chicas negras y que cualquier negra en Europa puede enamorarse de quien quiera y casarse y ser feliz, como en África… Una mentira burda y vulgar.
En los matrimonios mixtos, de negros y de blancos, muchos europeos ya de por sí, aunque no todos, ven un amor interesado por parte del negro o de la negra. Muchos, incultos cerdamente ignorantes, juegan a ser dioses y se atreven a evidenciar los intereses, que según ellos, persiguen los que no somos de aquí: dinero, libertad, pasaporte para occidente…
Y a mí que no me vengan con que hay muchos que buscan sus intereses. No. Porque yo estoy en el otro bando. El bando que sufre el horripilante dolor de las glosas absurdas. Y estoy harta de que al salir con un chico blanco, algunas negras tengan que oír: “Es maja, pero lástima que sea negra…”

Lástima es sinónimo de pena, lamento, grima y disgusto…

¿Qué pasa? ¿Por qué es una lástima que la novia sea negra? ¿Lástima por qué? ¿Lástima de qué?
¿Acaso es que ser negra va de par con ser mala persona? ¿Acaso ser negra tiene algo que ver con una malformación genética? ¿Por qué tiene que dar pena y grima alguien por su color de piel y no por su falta de valores?

No me estoy enterando de nada.

¿De qué sirve que nos eduquen correctamente con principios e añadidos, para que después tarados como aquellos, nos digan que damos pena? Mis padres llevan trabajando toda su vida por mi educación, para que me digan que es una lástima algo que no puedo cambiar. Algo tan sustancial y tan rico como el color de la piel.
“Paltoquets”, insolentes y pretenciosos. Gente que alardea de ser moderna, y educada, refinada y pulcra, y que presume de no ser racista. Gente arrogante y procaz que se piensa que por ser blanco tiene una idea no equivocada sobre aquella negra que está saliendo con su hijo. Jóvenes, que se ven en la cima del mundo y se toman la libertad de juzgar los sentimientos de los demás, que se burlan de su amiga porque se ha acostado con un negro, y dejan de quedar con su amigo porque se ha echado una novia negra... Un clasismo racista, que les hace rebosarse en su ilusa supremacía, que no es nada más que una deposición literal.
Una xenofobia aburguesada, con familias avergonzadas y disgustadas porque su hijo sale con una negra. Porque, es que ¡Es negra! Manos a la cabeza porque es una meretriz, una interesada, una muerta de hambre que sólo quiere la herencia familiar. Y encima, habrá que aparecer en público con ella.

Eso sí. Después se jactan de sus hazañas en algún viaje de safari por el África de las bestias que se denominan salvajes, sus juergas de juventud con alguna amiga negra, sus aventuras en el ejército con aquel gran soldado y amigo negro, sus mitos artísticos negros y su pasión por las máscaras Ifè. Simpatía falsa que muy rápidamente se evapora cuando la negra quiere formar parte de la familia. Y la cosa cambia. Ya no sólo son salvajes los animales, sino también aquellos que revolteaban allí en medio de las bestias… si… ¿cómo se llaman? … ay... si… ¡Negros!

Lástima ellos, que nos lastiman a nosotros. Diferentes formas de una misma palabra, que en dos sentidos, va a uno de una forma y va a otro de otra forma verbal y transitiva.

Tu lástima, me lastima. Tu pena, me hiere.

Qué pena para los niños que son de aquí, pero que les delata su color. Los que han sido adoptados, los que han nacido aquí, los que tienen una vida como cualquier otro ciudadano de aquí, pero que les vende su color…
Que triste es estudiar, tener dos carreras, saber latín y no pasar hambre, para que después te sentencien. Ojala un día cambie esto y que en lugar de hablar de lástima por un color de piel, hablemos del maravilloso mundo de la drosophila.

Y a nosotros en África, nos educan conforme que la madre naturaleza es justa, y que en los humanos hay fraternidad. Y no es así, porque aún retumba en mis oídos aquella frase: “Es maja. Sí. Me casaría con ella mañana mismo, pero es que… es negra… Lástima...”

Pues sí. Una lástima. Lástima que seas tú, tan simple.

Y cuando mi madre me dice mezquinamente “Cuenta hija… seguro que allí, hay más de uno suspirando por ti…” Pues no sé qué decirle… No sé si lo entendería. No quiero que sepa que hay gente que tiene muchos prejuicios y que el color de la piel, aún es tema de juicio en el amor.

Y de verdad que no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores.


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martes, 14 de junio de 2011

LOS BLANCOS Y LA RAZÓN.


Hay un proverbio africano que dice: “Si dos personas se pelean por un billete de diez, es que uno quiere más de cinco”
El principio de la razón, está en los pequeños detalles.

Valorar si alguien tiene razón o no, según la lógica común, se basa en un mapa de principios y en una escala de valores personales que nos ayudan a definir si un acto está bien o si está mal. Valorar si alguien tiene razón o no, es hallar la diferencia entre dos cantidades, una sustracción que nos da la diferencia entre lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Es aritmética. Es geometría. Es lógica y es razón.

Poder evaluar si alguien tiene razón o no, sólo demuestra capacidad de juicio y sentido común. Y no es para ofender pero en el país de los blancos, la mayoría no saben decir: “No tienes razón” o “lo que has hecho, no está bien.”
Ante cualquier situación, la mayoría de los blancos, diplomáticos puros, encuentran la razón a todo el mundo. Ante cualquier acto, entienden y encuentran la razón a todos los sujetos. Una ilógica interpretación que da vida a las frases de blancos: “Os entiendo a los dos” y “Los dos tenéis razón.”

¿Pueden dos personas tener razón, actuando contrariamente en una misma situación de desacuerdo? Para mí, no.

Para nosotros los africanos en general, y no puedo evitar generalizar, tener razón o no tenerla es una ecuación de suma de valores positivos y negativos en la que, si los dos fuesen iguales, la suma sería cero. No habría situación. No habría desunión.
Ante un desacuerdo, una disconformidad, un enfrentamiento, una disputa o un conflicto, si uno tiene razón, es que el otro no la tiene. Una adaptación social y simple, de la reflexión de Parménides de Elea que dijo que: “Lo que es, es y lo que no es, no es.”
¡Claro que sí! Porque si lo que es, es; es imposible que lo que no es, también sea. Lo que es y lo que no es, a la vez, no pueden ser. Es razonamiento y sensatez. Si alguien actúa mal según los principio de la lógica común, no tiene razón y él que actúa bien, la tiene. Pero es imposible que quien actúa bien y quien actúa mal, tengan razón.

Y para encontrar las incógnitas de tan social ecuación, los dahomeénses vamos a la base del problema, lo analizamos, lo decorticamos y cada uno según su mapa de valores, decide a su parecer, quien tiene razón y quien no. ¡Ojo! Que si la relación es desfavorablemente embarazosa, los dos pueden no tener la razón por una ecuación de negatividad. Y no digo que todo el mundo tenga que escoger a la misma persona como culpable, pero es de locos que los dos tengan razón.

En el país de los blancos, la realidad se ve diferente. No sé por qué. Ante una misma situación, les dan la razón a dos personas que han actuado de manera distinta. Se esconden detrás de una diplomacia rara y por fas o por nefas, le acaban dando la razón a todo el mundo. Muchos, por miedo a ser juzgados ellos también, prefieren lavarse las manos y dar la razón a todo el mundo.
Otros se sienten culpables porque para ellos, decir a alguien: “No tienes razón” es juzgar a esta persona. Y no es verdad. Lo que se juzga son los hechos. No las personas. ¿Acaso es malo juzgar un hecho? Que alguien no tenga razón, no quiere decir que sea mala persona. Sólo quiere decir que ante nuestros valores y nuestros principios, esta persona ha actuado de una manera que nosotros no haríamos. Punto. Juzgar un hecho, es amor. Y juzgar un hecho con amor es más amor. Sólo tenemos que recordar que para resolver un conflicto, no se usa un cuchillo afilado, sino agujas para coser.

Esta técnica de algunos blancos es la que hace que muchos, a falta de verdad sobre su carácter, siguen actuando erróneamente porque nadie les dice que lo que hacen está mal.
Hay que mojarse a veces y decir cuando a nuestro parecer, alguien no tiene la razón. Le podemos decir a un amigo que no está bien algo que haya hecho y de paso darle herramientas o consejos para que corrija su error, sin que comprometa la amistad.

Dicen que: “Si hoy el león mata a una mala persona y nadie hace nada, mañana matará a una buena persona”. Queriendo decir que las malas acciones tienen que ser remarcadas para evitar malos mayores en el futuro.

Yo prefiero que la gente que me quiere, me diga de vez en cuando, cuando no tengo razón, o cuando estoy en falta respecto a alguien. Así sabré que tienen una escala de valores y así más, apreciaré su amistad.
Dar la razón o no darla, va ligado a la sinceridad y al amor. Ver alguien que uno quiere, actuar mal y no decírselo es no querer a esta persona. Hay miles de opciones, siempre. Pero según la lógica común hay lo que está bien y lo que está mal.

Qué hubiera pasado si Salomón hubiese dicho: “Os entiendo a las dos…”

¿Estaré equivocada? Quizás.

¿Diferencia cultural? Seguramente.

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lunes, 6 de junio de 2011

¿QUÉ COMEN LOS PECES DEL MEDITERRANEO?


Ayer leí en una revista digital, que cientos de inmigrantes habían desaparecido en el mar, como consecuencia del naufragio de su cayuco. Una tragedia corriente, habitual y de la que ya, nadie se sorprende.

Cayucos naufragados, inmigrantes muertos…
Han muerto miles. El mar se ha vuelto una fosa común y se ha cebado muchas vidas. Vidas anónimas. Vidas de personas que se van de sus países, cegados por una ilusión, y se enfrentan a las intemperies sin saber que lo que ponen en juego es mucho más que su futuro. Su vida.
Se han muerto miles de inmigrantes en las aguas del Mediterráneo. El balance es aterrador. La cifra de muertos ha ido creciendo y ya ronda los cinco dígitos.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Ya sé que el proceso es mucho más complejo, pero resumiendo, se puede decir que un cuerpo muerto ahogado, se hunde por el peso del agua inhalada y luego flota por los gases derivados de la descomposición bacteriana, como el metano y el dióxido de carbono que forman bolsas de aire dentro del mismo cuerpo, que dependiendo de la profundidad a la que se hunde, se pudre a más o a menos velocidad.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Muchos peces se nutren esencialmente de sustancia vegetal, pero muchos otros son zoófagos: los tiburones, la tuna, el salmón… y su dieta nutricional se basa principalmente y esencialmente en el consumo de otros peces más pequeños y de otros invertebrados. Son peces carnívoros. Depredadores unos y carroñeros, otros.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Muchos de los inmigrantes subsaharianos no llegan a su destino. Uno de cada tres cayucos no llega a tocar el sueño europeo que se dibuja desde la otra orilla. Los cayucos no están preparados y arrancan llenos a rebosar de gente que no saben nadar, la mayoría. Caen al mar e imploran a sus dioses. Pero los dioses parecen no oírles e acaban hundiéndose y devorados por la fauna marina.

El mar mediterráneo, desde la línea del Estrecho hasta las costas españolas, se ha convertido en una piscifactoría natural, en la que la dieta de los peces es ahora más rica en proteínas. Un cambio en su dieta, que sin embargo no afecta a la cadena trófica. Ni para esto sirve la muerte de tantas personas.
Kilos y kilos de carne vertidos al mar, para el beneficio de la fauna marina. Peces rechonchos y regordetes que por los reflejos de Pavlov, deben de tener los gritos de angustia y de socorro de los inmigrantes, como condición a su oportunidad de comer.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Y allí estaba yo, mirando el pescado a la plancha que me habían servido. Un pescado reluciente de grasa, con un aire apetitoso y sabroso. Acababa de leer la noticia de los náufragos que habían desaparecido en alta mar. Y a lo Amelie Nothomb, se me abrió la metafísica de mis tubos. Y se me hizo clara una pregunta grotesca.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

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lunes, 16 de mayo de 2011

LOS DÍAS DE LA SEMANA.


Según cada tradición y cada cultura, los días de la semana tienen un significado diferente. Las diferencias culturales dan lugar a una interpretación diferente de cada día y del porque de cada día. Cada sociedad relaciona los días de la semana a sus creencias más básicas. Aunque a veces, el significado metafóricamente llega a ser lo mismo.

En las sociedades europeas, se asocian los días de la semana a Dioses de la mitología romana y a algún que otro astro del universo. De allí que:

  • Lunes: es el día de la Luna. 
  • Martes: es el día del dios Marte, padre de Fuga y Timor, hijos que tuvo Marte con la diosa Venus.
  • Miércoles: día de Mercurio, el dios del comercio y de los viajeros.
  • Jueves: El día de Júpiter, dios de la tierra y del cielo, dios justo y promiscuo.
  • Viernes: día de Venus, diosa de la belleza, del amor y de la fertilidad.
  • Sábado: Día de reposo.
  • Domingo: Día del señor.
En las sociedades africanas, la cosa no va de mitologías, ni de astros. Y la pluralidad vernácula de todos estos países, da lugar a muchas maneras de decir un mismo día.
En el Dahomey, los días van en función de creencias y supersticiones. Se nota sin embargo, la influencia de la introducción de creencias religiosas por las potencias colonizadoras. Aquí, lo pongo en lengua Fon, en el que para decir “Día” decimos “Gbé”. Connotaciones maxilares y fuerte resonancia, el Fon es lengua de amazonas y de bravos guerreros. En lengua Fon, una de las lenguas más habladas del Dahomey:

  • Lunes: Se dice Tenigbé. El día que hay que decir “Non”.
  • Martes: Se dice Tatagbé o Guzangbé. Es el día del dios Ogun, el dios del hierro, dios de la guerra. Ogun representa en la tradición cristiana, San Antonio de Padua en la Bahía, San Pedro en Cuba y San Felipe en Haití. En Ghana, el martes es día de suerte.
  • Miércoles: se dice Azangagbé. Es el día más largo de la semana.
  • Jueves: Se dice Nyonuzangbé. Es el día de la mujer y representa también el día de la paz.
  • Viernes: Se dice Ahossuzangbé. Es el día del Rey.
  • Sábado: Se dice Sidigbé.
  • Domingo: Se dice Aklunonzangbé, día del señor o Vodungbé, día del Vudú.
Los días de la semana, para nosotros son determinantes en nuestras acciones diarias. El día de la mujer es un día sagrado, lo mismo que el día del señor o el día del Vodú. Los martes son propicios para ganar pequeñas batallas y tener algún que otro logro personal siempre y cuando se lo pidamos al Dios Ogun, claro.

Y frente al gran número de dialectos y lenguas africanas, la interpretación de cada día va cambiando y cada uno de ellos, adquiere un significado diferente.

Y como decimos nosotros, “Si el día sirve para ver con claridad por la luz de sol, también sirve para ser visto como el día que es.”

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miércoles, 11 de mayo de 2011

"SÉ COMO TE SIENTES..."


Mis padres llevaban juntos, muchos años. Mi madre es una mujer fuerte y muy divertida y mi padre, un hombre simpático y genial. Yo siempre les había visto bien y con sus problemas, como cualquier otra pareja. Junto con mis hermanos, iba a uno de los mejores colegios de mi ciudad. Y vivíamos en una casa enorme, la más bonita que había en el barrio.

Un día, mi madre se quejaba de dolores. Mi padre no estaba así que la acompañé yo, al hospital. Le diagnosticaron un cáncer de útero. Sabía que el cáncer era una dura enfermedad, pero también sabía que mi madre era fuerte y que acabaríamos saliendo de este duro trago. Aún recuerdo este día cuando al volver mi padre de trabajar, le senté para darle la mala noticia. No se lo podía creer. No dijimos nada a mis hermanos, que eran muy pequeños y además mi madre no quería que sufriesen para nada.
Y empezaron los tratamientos de quimioterapia. El tratamiento era duro y a mi madre se la veía demacrada. Fuerte que era, y se la veía depauperada. Guapa y bonita que era, se la veía desmejorada. Perdía pelo, perdía peso y cada vez parecía que estaba peor físicamente. Débil, macilenta y enflaquecida. No tenía fuerza para nada. Yo ayudaba en casa en todo lo que podía. A veces me quedaba despierta toda la noche para acompañarla, luchando contra el sueño, porque me daba miedo que le pasara algo. Era difícil para nosotros, pero para mi madre era un calvario.

Y un día, un 12 de Avril, mi padre se fue.
Nos dejó.
Nos dejó, con mi madre enferma, a mis hermanos y a mí. Dijo que no podía más y se fue. No sabíamos donde había ido. Nadie sabía nada de él. Ni sus amigos, ni su familia, nadie. Le buscamos durante mucho tiempo. Le esperamos durante mucho tiempo y nada. Simplemente nos dejó. Simplemente se fue. Desapareció.
Yo tenía 15 años. Y de un día para otro me encontré sola. Sola con mi madre incapaz de cuidarse por si misma, con mis hermanos pequeños y con todos los gastos de la casa.

Y para completar, a mi madre se lo complicó. Los médicos dijeron que por bajas defensas, había cogido una neumonía. Fue allí cuando empezó la depresión de mi madre. Al final, entre lágrimas, no tuve más remedio que explicárselo a mis hermanos pequeños. Mi hermano no lloró, pero mi hermana se desplomó. Ansiedad, angustia y pena. Mi madre tampoco paraba de llorar. Ella no tenía a nadie más. Mi padre era su familia, era su referencia, era su pilar… No pensaba en nosotros. No pensaba en mí. Yo sólo la tenía a ella como base de mi vida. Nosotros tampoco teníamos a nadie más que a ella.
A mi madre la ingresaron una mañana fría de invierno. Ante los gastos del hospital y de casa, tuvimos que dejar nuestra escuela de toda la vida. También tuvimos que vender la casa, nuestra casa, con todos nuestros recuerdos, nuestras alegrías, lo que nos recordaba aún a nuestra familia al completo. Lo vendimos todo. Tuve que vender algunas prendas de ropa y joyas de mi madre. Nunca se lo he dicho y ella, cuando les echo en falta tampoco me los ha preguntado jamás. Lo vendimos todo. Creo que vendimos nuestra familia, vendimos lo que éramos. Y me derrumbé cuando cerré por última vez aquel portal rojo que me recordaba a cuando mi padre volvía a casa después de trabajar.

Me dediqué durante mucho tiempo, a cuidar de mi madre y de mis hermanos. Mi madre seguía inmersa en una profunda depresión. La internaron porque seguía en shock. Dejó de comer y de hablar con nosotros y a veces no nos reconocía. Mi madre no me reconocía. Se pasaba horas llamando el nombre de mi padre como sí él estaba al otro lado del portal rojo, nuestro portal, el portal rojo de nuestras vidas…
Empecé a trabajar haciendo lo que me encontrase. Me odiaba a mi misma porque no podía con todo, no podía con todos los gastos. Me odiaba a mi misma porque a veces me cogían unas irremediables ganas de llorar. Una angustia loca que me fragilizaba las piernas y me incitaba a tirarme al vacío. Y mi vida basculó cuando una mañana, nos llamaron del centro para decirnos que mama había muerto.


Grité.
Sola.
Y seguí gritando hasta que me desgarré por dentro. Grité hasta que mi voz me abandonó por completo. La angustia que me perseguía se apoderó de mí. Me rompí la ropa que llevaba encima. Me arañé. Lloré tanto que acabe en una especie de semiinconsciencia. Lloré como nunca antes había llorado. Sólo recuerdo vagamente que mi hermano pequeño me encontró y sin preguntarme nada, me abrazó y se puso a llorar conmigo. Cuando los ojos se encuentran, la boca ya no tiene nada más que decir. Mi hermano me abrazó y me sujetó con fuerza, para que no hiciera más daño físico, hasta que me quedé dormida.

Ya no teníamos nada.

Y me puse a buscar a mi padre. Lo busqué tanto como he podido, pero no le encontré. Le busqué con toda mi alma y con todo mi tiempo pero no le encontré. Y al final, le odié. Le odio con todo mi corazón y más aún cuando recuerdo aquellos días que dormíamos sin comer, aquellos días que no sabíamos a quién acudir.
Pero me odio más a mi misma cuando algunas noches antes de dormir pido a Dios que este vivo y que no le haya pasado nada.

Ahora han pasado muchos años, y aún me puedo alegrar de que hayamos podido salir de esta situación. Mi hermano jamás habla del tema, igual que yo. Sólo hablamos de mamá. Lo único que me sabe mal es mi hermana pequeña a veces llora porque dice que no recuerda el rostro de nuestro padre. Aún nos faltan muchas cosas pero por lo menos sabemos que nos tenemos a nosotros mismos. Ellos son mi familia. Y yo soy la suya.

Y hoy mi hermana, apenada por los esfuerzos que tenemos que hacer para paliar todo, me dice que quiere buscar a nuestro padre. Dice que no puede más. Y llora, y llora… Yo no lloro, no sé por qué.
Me gustaría explicarle cual fue durante tantos años, la pena de mi vida. Me gustaría decirle que llevo cuidando de ellos, yo sola, desde hace mucho tiempo, y que aún puedo seguir. Pero no puedo. Me hubiera encantado hablarle de aquel portal rojo, el portal de mi casa, el portal de mis recuerdos, pero ella no lo recuerda. Y no para de llorar. Me da rabia porque la veo débil. Y me da más rabia aún, porque veo que para ella, él es la solución, cuando para mí, él fue el problema. Pero dicen que las huellas de las personas que caminaron juntas nunca se borran. Él, alguna vez, caminó con nosotros.

Me gustaría gritarle a mi hermana, que me tiene a mí, que yo nunca la dejaría, porque yo sin ella, tampoco sería nada…Pero sólo le digo que hay hombres que son cobardes, incapaces de amar y que estas cosas pasan...

...Y mi hermana llora y llora. Siente pena por mí, siente pena por nosotros. Siente pena por ella misma...


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miércoles, 4 de mayo de 2011

SIMONE GBAGBO.


Pena.
Rabia.
Vergüenza.
Impotencia.

Es lo que siento cada vez que miro esta foto.
Cada vez que miro los ojos de esta mujer, se me deshilache algo dentro de mí. Una sensación opaca que me impide mirar largamente esta imagen y descifrarla. La mujer de la foto es Simone Gbagbo, mujer del ex - presidente de Costa de marfil. Humillada, pegada, supuestamente violada, el día de la caída de su marido.

Resumiendo la historia y poniéndonos en contexto, las potencias francesas, en un gran afán de fraternidad política y de profunda compasión por el dolor ajeno, quisieron ayudar al pueblo marfileño a deshacerse de uno de sus dirigentes que no quería irse del poder. El 11 de Avril de este mismo año, misiones de la ONU y tropas de la operación francesa Unicornio bombardearon la residencia del presidente saliente para finalmente capturarle en un bunker en el que se escondía junto con su familia y sus  fieles y alegados.
Haciendo un hincapié en la misma Historia, es bastante remarcable, que las mismas potencias, ya hicieron la vista gorda, sobre otros asuntos estatales de igual envergadura del mismo dirigente recalcitrante e incluso mantenían relaciones amigables con él, tiempo antes de toda esta movida.
Miedo me dan, a mí, las amistades de este tipo.
Las tropas habían conseguido lo que se habían propuesto. Pero lo que no entiendo es por qué dejan atrás esto. Como pudieron permitir que muchos, igual que Simone, pasarán por esto… La pesadilla del 11 de Abril dejó atrás muchos muertos del clan Gbagbo. Mucha muerte y mucha humillación.

Simone Gbagbo es la mujer del presidente caído Laurent Gbagbo. Las potencias, tanto las marfileñas como las francesas, actuaron con rapidez para la paz y para la recuperación del bienestar del pueblo marfileño, dicen. Pero ¿dónde estaban, cuando a esta mujer se la estaban maltratando violentamente? ¿Dónde estaban cuando Simone estaba en mano de estos negros, que me dan vergüenza? ¿Dónde estaban las potencias francesas cuando a esta mujer, unos le arrancaban sus mechas de la cabeza? ¿Dónde estaban las potencias marfileñas cuando Simone Gbagbo, licenciada en letras modernas estaba siendo supuestamente violada por unos simios asquerosos, nacidos de los árboles?
Digo "árboles" porque me niego a creer que alguien que tenga madre, hermana o mujer, haga semejante barbaridad e encima con una sonrisita de victoria.
¿Dónde estaban las potencias francesas cuando a la mujer de Gbagbo, profesora y doctora en lingüística africana, la estaban humillando unos miserables gregarios, feos y repugnantes?

Simone fue humillada, pegada, supuestamente violada por las tropas pro-Ouattara. Le rompieron la ropa que llevaba encima, la tiraron al suelo y le arrancaron sus trenzas que tenía en la cabeza.

Y a mí me da vergüenza. Vergüenza y rabia.  


Simone es historiadora, doctora de tercer ciclo en literatura oral, investigadora en lingüística aplicada. Estudió en varios países: Costa de marfil, Francia, Senegal…Profesora de universidad, feminista y militante en varios sindicatos, luchó por un sistema multipartidista en los años 70, años en los que fue capturada y torturada cuando luchaba contra el régimen dictatorial de la época. Simone Gbagbo elegida diputada en 1996 y llamada “la dama de hierro” por su fuerte carácter, fundó en 1990 el “Front Populaire Ivoirien” en la clandestinidad, con su marido. Es miembro de la oficina nacional de formación de los militantes y secretaria de las políticas de educación y de los temas agrícolas.

Madre de 5 hijas, allí está, sentada y rodeada de desgraciados que la han maltratado. Aún gracias podemos dar al destino de que no la hayan matado. ¿Qué hacían ellos cuando ella estudiaba su master en letras modernas allí cuando corría el 76? Zanganeando. Porque sólo los zánganos hacen esto.

Simone, con la mirada aterrada, dejó de luchar y se dejó en mano de ellos. Ya no sabe qué hacer. Simone no será una santa a los ojos de la opinión popular de su país, pero haya hecho, lo que haya hecho, nadie se merece esto. Nadie. Si Simone ha vulnerado algún derecho humano, pues que la juzgue un tribunal internacional, que los hay. Que no la dejan en manos de unos vacuos mentales, cuyo único logro es saber aguantar un fúsil.

Pobre Simone.

Si hubiera sido blanca, todo el mundo hubiera puesto el grito en el cielo, con estas fotos que han dado media vuelta al mundo entero y sin embargo, no han tenido ninguna repercusión mediática.

Tranquila Simone. Es que a veces unos tienen que pagar por la culpa de otros.
Tranquila Simone.  Que aunque nuestras leyes no contemplen castigo alguno para estos actos ahogados en la histeria general, aunque las potencias europeas, se laven las manos, aunque las potencias africanas levanten los hombros en un “qué quieres que hagamos...”, tranquila Simone. Que aún queda gente como yo, gente como nosotros, que sólo por lo que pensamos de estos degenerados, ya es un castigo para ellos.
Tranquila Simone. Todo siempre acaba acabando. Y tú eres muy fuerte, y estoy segura que sabrás resurgir, aunque con séquelas, después de estos malos momentos. Tranquila Simone.

Simone Gbagbo, antes que primera dama de su país, es madre y persona.
Y estos inhumanos, la toquetearon entre todos, la maltrataron, la pegaron y abusaron de ella. Y encima, se hacen una foto con ella, como trofeo de guerra. Ojala se pudran.

De verdad que hay algunos negros, como estos, que son caca.

Y a mí, me repugnan.


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lunes, 2 de mayo de 2011

¿QUÉ TAL ...?


No sé porque la gente pregunta: ¿Qué tal…?

En general, en las sociedades africanas, hablando más del antiguo Dahomey que de otro país, preguntar a alguien “¿Qué tal…?” quiere decir, que estás totalmente interesado y totalmente dispuesto a escuchar a esta persona, a prestarle tu tiempo por si lo necesita, a reconfortarle y aconsejarle en caso de que te diga que las cosas le van mal…
En efecto, preguntar a alguien “como le va todo” es sentirse capacitado para identificarse mentalmente e afectivamente con el estado de ánimo de esta persona y a meterse en su piel. Empatía pura y simple, sin impasibilidad.

Allí, el día a día va de par con esta empatía que a muchos, seguramente les resultaría empalagosa. Para empezar, en nuestra educación entra el indagar sobre la vida de la otra persona como hábito social. Hay que preguntar cómo está esta persona, cómo está su familia, cómo le va aquello, cómo solucionó aquello otro, qué fue de aquella persona de la que en su momento te hablo, cómo se está recuperando aquella tía enferma, si al final se solucionó aquel problema en el trabajo, cuáles eran las nuevas alegrías, cuáles eran los nuevos problemas…

No sé si es que nosotros tenemos mucho tiempo libre, que muchos lo dirán, o que simplemente es otro valor más que tenemos, pero aquí en donde ahora vivo, las cosas no son así. No sé como será en los otros países europeos pero aquí, muchas veces, cuando alguien pregunta “¿Qué tal...?”, sólo espera oír “bien, muy bien”. Cualquier otra respuesta viene acompañada de una incomodidad del interlocutor, porque se encuentra en una situación en la que no sabe qué hacer, ni qué decir ante el aflojamiento verbal de su amigo, compañero o familiar que, sobrepasado por las vueltas de la vida, explica su bajo estado anímico por causas ajenas a su voluntad.
Aún podría entender que, ante según qué situación, la gente no sepa qué decir, ni qué hacer, porque no se lo esperaban o porque nunca se habían encontrado en unas circunstancias similares, pero lo que ya me parece surrealista e inadmisible, es que algunos, jamás te vuelvan a preguntar sobre aquel problema o aquel inconveniente de tu vida que les explicaste, ya sea que tu madre está enferma, ya sea que perdiste tu trabajo, ya sea que estás mal por una perdida de un familiar o que tengas problemas económicos. No sé por qué, después no inquieren sobre el asunto. A lo mejor no se acuerdan. Triste. O incluso más triste aún, les da igual.
Cuando más dramática es la situación, menos te preguntan después. Cobardes emocionales, que se esconden detrás del “es que no te quería molestar” o “no sabia si querrías hablar de esto”, para esconder su poca empatía, su abulia, su indiferencia y su indolencia para con los demás.

Si alguien te explica un problema que tiene, es que te abre une ventana hacía su intimidad, y esto te da derecho a preguntarle, después, si pudo solucionar aquello o si finalmente está más tranquilo después de su abatimiento personal.

Amigos que no tienen ni el coraje de preguntarte como te va aquello. Familias que no hablan de la dificultad económica de otro familiar. Gente que no te pregunta como está tu padre enfermo, o si hay alguna novedad sobre un asunto que a ti te preocupa. Algunos incluso, después de que les expliques y un drama acongojador, cambian drásticamente de tema y te explican una alegría suya o una chorrada que no viene a cuentos, como para zanjar el tema y dejar patente su falta de interés.

Empatía cero. ¿En qué mundo estamos? ¡Qué venga Júpiter y lo vea!
 
¿Dónde esta la simpatía, la amistad, el amor y la empatía? ¿Dónde? A muchos se les llena la boca de “¿Qué tal? “¿Cómo te va todo?” cuando en realidad no quieren oír tus desgracias. ¡Claro! Es mucho más fácil vivir en la inopia de las alegrías.

Yo no quiero que alguien me pregunte como estoy, si después se queda de espalda en el alfeizar de la ventana de mi intimidad sin mirar adentro. ¿ Entonces por qué me pregunten qué tal estoy?

La fórmula debería de ser “Explícame las cosas que te van bien”

Falsa simpatía, falso amor, falsa amistad. No quiero que nadie me diga “¿Qué tal...?” si no quiere oír mis problemas. Todos tenemos problemas. Todos pasamos por momentos duros de la vida. Y los que tienen alegrías, también tienen problemas. Yo tengo muchas alegrías. Capialzados emocionales. Pero si te digo que mi madre está mal, como mínimo, espero que después me preguntes por ella, o por cómo le va. Sino, por favor, no me digas más “¿Qué tal...?”

Preguntar a alguien por un mal momento que está pasando u ofrecer un poco de su tiempo para escucharle no es nada malo. Al contrario. Sólo sirve para acercarte más a esta persona. Y digo un poco de tiempo porque sé que aquí en Europa, los blancos tienen reloj pero nunca tienen tiempo.
No pido que nadie resuelva los problemas ajenos, sino sólo que presten atención y que se muestren interesados por las preocupaciones de los demás. No cuesta nada. Y sirve más para ganar la confianza de los otros. Es una habilidad social que denota educación, principios y mucha humildad, como cuando se dice a alguien: “Cualquier cosa, sabes que estoy aquí.” Fórmula amorosa que enriquece las relaciones. Reconfortante bálsamo de saber que alguien piensa en ti, que alguien se preocupa por ti.

También tengo que decir que existe una raza de gente, un tipo de gente que te explica sus problemas, y después cuando le preguntas acerca de ello, te dicen que no quieren hablar del tema. Y entonces ¿por qué lo explican? ¿Para qué? ¿Sólo para que lo sepamos a medias? O ¿para que los otros estén con ellos en esto?

Muchos abusan del “¿Qué tal…?” intentando ser afables porque para ellos, es simplemente una fórmula de “politesse”. Pero el “¿Qué tal…?” es más que una simple fórmula de educación. Es amor, es atención, es empatía. “¿Qué tal…?” es amistad, es lazos y es continuidad.

Así que os pregunto: “¿Qué tal…?”


Para Elsa J. R-S. Por preguntarme siempre por mi madre. Gracias Elsa.

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