miércoles, 3 de febrero de 2010

NGOR, LA RUTA DEL CAYUCO I


Ngor es negro. Ngor es Senegalés.
Nació, el 16 de Noviembre de 1982, en Fatick, un pequeño pueblo árido del oeste de Senegal. La nómada vida de Ngor le llevó por Dakar, Casamance, Maruecos...Estuvo en Sierra Leona y Liberia, pescando, a pesar de la guerra y de los disturbios que había en ambos países. Como buen polivalente, Ngor fue albañil, pescador, ayudante, chico para todo... Su vida no es más que la de los otros chicos de su edad, chicos de familias pobres cuya única ambición es tener una vida mejor. Ellos saben las penurias que pasan.
Ngor vive en Barcelona desde finales de 2006. No tiene papeles y trabaja como recolector en un campo de cultivos. Sus manos son ásperas, duras y llenas de callos. Las mira, me mira, y sonríe. No aparenta su edad, parece más mayor. Recordando su pasado, le asediaron varios sentimientos. Supongo que se da cuenta de que en él, ya no queda nada de aquel jovencito que perseguía sueños, y que tenía la fuerza y la seguridad necesaria para cambiar su vida.
- ¿Cómo te llamas?
- Ngor Diouf.
- ¿Por qué has venido a Europa?
- Para trabajar y ganar un poco de dinero.
- ¿Cómo viniste?
- En cayuco...

Ngor acababa de desembarcar en Casamance, al suroeste de Senegal, viniendo de Liberia, cuando un amigo le propuso ser capitán de uno de los cayucos con destino a España. Él era pescador. Tenía experiencia con los barcos y había estado en mar durante mucho tiempo.
- ¿Por qué lo aceptaste?
- Porque vi en ello una oportunidad... Yo podía entonces ir a Europa, y no tenía que pagar nada. Al contrario, me pagaban a mí una suma de 200.000 francos CFA, sólo por llevar el barco...

Este dinera era aproximadamente 300 euros. Como única condición, Ngor dijo que no quería ni mujeres, ni niños a borde de su cayuco.
- ¿Por qué?
- Porque yo ya sabía por mi propia experiencia que el mar puede resultar muy duro. La travesía era larga y los cayucos no reúnen ninguna condición básica como para que un niño este allí. Ni el niño, ni su madre. Es muy peligroso.
El viaje empezó con incertidumbre. No sabían como acabaría. En el cayuco, llevaban comida, agua, gasolina... A bordo de todos los cayucos, estaba prohibido llevar cartas y juegos de azar. Según las costumbres, daban mala suerte y estaba muy mal visto.
- ¿Cuántos erais?
- 120 personas.

Zarparon tres cayucos. El de en medio, capitaneado por Ngor. El viaje costaba entre 100.000 y 600.000 francos CFA. Un total de más de 360 personas que no tenían, unos, medios para conseguir un visado y otros, dinero, para comprarse un billete de avión. Ese viaje era una solución a su pobreza y un sueño de una Europa luminosa, con blancos, trabajo, comodidad, bienestar y dinero...
La ruta del cayuco era Casamance - Dakar - Mauritania - Marruecos - Tenerife.
- ¿Qué dejaste en África?
- Mi madre...
- ¿Piensas mucho en ella?
- Si. Mucho... En ella, en mis amigos y también mis hermanos...
- ¿Qué se hace todo el día en un cayuco? ¿Qué hacíais?
- Nada. Yo llevaba el barco, otros cantaban o rezaban para que los dioses nos ayudasen a lo largo del viaje. Explican historias. Algunos no decían nada. No hacíamos nada más.
Todos sabían en que condiciones llegaban a Europa, los que habían cogido un cayuco. Sabían que era "llegar o morir". Todos sabían las espeluznantes historias de familias cuyos hijos habían muerto en el mar; familias en la que habían muerto el padre y el hijo porque el hijo cogió un cayuco y el padre, al enterrarse, se fue a buscarle de vuelta con otro cayuco. A parte, los blancos devolvían a los que llegaban. Muy pocos conseguían su meta. Estaban todos llenos de aprensión.
- ¿Y sabiendo a lo que se enfrentabais, os embarcasteis?
- Si. Es que cuando rozas según que nivel de pobreza, te da igual los riesgos y te da igual poner tu vida en peligro. Sabes que puedes suspender, pero es que a lo mejor, apruebas…



El viaje, pronto, se convirtió en un calvario. El mar estaba agitado, el frío nocturno era insoportable y la aprensión dejó paso a la inquietud. Se notaban los ánimos caldeados, tensos. Ngor recuerda un momento de pánico en el que tres pasajeros se enzarzaron en una pelea regional. Él se tuvo que liar a puños con ellos para calmarlos. El barco estaba lleno hasta arriba, demasiado lleno, saturado. Y si se movían mucho, se podía volcar.

Ngor dormía treinta minutos al día. Nadie más sabía llevar un barco. Cuando dormía, otro chico se encargaba de llevar el cayuco con la única indicación de ir todo recto. Los días de viaje fueron muy abrasadores. Las noches, frías y duras. Había largos silencios porque en realidad estaban inquietos, preocupados y no sabían si habían hecho bien de emprender ese viaje tan arriesgado y lo que les esperaba. Ahora era cuando se lo planteaban. El viaje estaba siendo muy duro. Caras largas y pensativas, con las horas que se iban desgranando minuto a minuto y con los días que iban pasando lentamente.
- ¿Cuánto tiempo duró el viaje?
- 12 días.
Al día 10, se quedaron sin agua y casi ya no quedaba gasolina. Además, ya llevaban varios días sin uno de los motores, y hacía tiempo que se había acabado la comida. Los tres cayucos iban uno tras el otro. Llovía. Una tormenta con mucho viento y el mar estaba más agitado que nunca. Las olas se les venían encima, una y otra vez; el mar estaba revuelto. Ngor empapado, cansado, intentaba seguir, luchando contra las olas.
A las 5 de la mañana del día 11, oyeron gritos… El cayuco de detrás de ellos había naufragado.

Ngor cierra los ojos, aprieta los parpados y se golpea la cabeza con la palma de la mano. No quiere volver a recordar los lamentos de los que se hundían, los gritos de los que no podían más, de los que imploraban y suplicaban ayuda; los lamentos de los que gritaban los nombres de sus seres queridos porque sabían que se iban a morir, un hacinamiento de cabezas negras en el agua, en la oscuridad de la noche.
Todo era un caos. La gente iba desapareciendo de la superficie. Ellos no se podían creer lo que estaban viendo. Un horror sin sangre. Oían gritos y no sabían de donde provenían. Se oían llantos por todas partes. El cayuco de Ngor se alejó del resto de los más de 120 cuerpos que intentaban luchar para sobrevivir. Las olas iban y venían, en ráfagas, más agresivas que nunca. Su cayuco se estaba llenando de agua. Algunos se encargaban de vaciarlo a medida que se iba llenando, sin descanso. Y los gritos seguían desde lejos. Había gente por todas partes. Aquí, allá, gente llorando y pidiendo auxilio. Y el cayuco seguía llenándose por las olas...

Y a les 6:30, antes de que pudiesen asimilar lo que estaba ocurriendo, el cayuco de delante se volcó.

Ngor junta los dedos y se coge la cabeza. Me puedo imaginar los horrorosos recuerdos que le pasan por la cabeza.
La gente estaba dispersada en el mar. Mucha gente, muchos cuerpos en el agua. Algunos ya estaban muertos, otros gritaban en las primeras horas de la mañana. Había gente a diestro y siniestro. Los que sabían nadar aguataban, pero el agua estaba muy fría. El mar bullía. A lo lejos, girarán como girasen la cabeza, veían cuerpos, cabezas negras flotando en el agua. Un centenar de personas esparcidas, dispersadas en el mar, a horas de la madrugada, gritando y suplicado socorro porque no querían morir. El agua llevaba los cuerpos flotando, muertos, a la deriva. Oían voces de mujeres llorando gritando el nombre de sus hijos... Un embarullamiento, en el que se oían voces de niños y de gente que, gritando y llorando, se llamaban unos a otros... Algunos cuerpos pataleaban violentamente en un intento de nadar, cuerpos que acabarían dejándose morir...
En el barco de Ngor, empezaron a pelearse por si había que ayudar a los que se estaban muriendo o no. Unos decían que había que ayudar, pero otros sabían el peligro que esto suponía.
- ¿Los ayudaste?

... (A suivre)

NGOR, LA RUTA DEL CAYUCI II

9 comentarios:

Anónimo dijo...

espeluznamte!!!! tengo los pelos de punta y pensar que esta historia se repetite casi a diario...

aONe dijo...

Parece un cuento, ojalá fuera un cuento

Anónimo dijo...

M'encanta llegir-te. Aquest matí has acompanyat el meu café amb llet. El que expliques es duríssim però hi recates l'emoció. Lou Reed deia fa temps, les melodies més boniques son les més sencilles i tu tens aquesta virtut. Ja tinc ganes de llegir el proper. M'encanta llegir-te!!

Anónimo dijo...

¿à suivre??? Estaba buscando la segunda parte y acabo de ver que el post es de ayer...
Menos mal que están los refranes y proverbios para levantar el ánimo...

yaivi dijo...

@ Joël! A mi em fa ilusió veure que llegeixes el meu blog. Encara que el post aquest es una mica trist. Un petó gran

@ Anónimo! Ya pondré la segunda parte! Quien eres ??

@ Aone!Pues no es un cuento. Ngor existe de verdad y es un chico encantador.

Elodie dijo...

Uy! jeje perdona es que no domino esto de la identidad/anonimato ^^
Era la primera vez que venía...pero me ha gustado mucho tu armario :D
Ngor debe apreciarte mucho para haber contado su historia :) no debe ser fácil contar una vivencia así... :(

yaivi dijo...

Elodie!

Gracias por entrar en mi Blog! Muchas gracias! Ngor es una persona encantadora, a parte de ser un chico muy guapo, muy muy guapo. Él quiso contar su historia. Y confió en mi.

Anónimo dijo...

J'apprecie tellement tes histoires. juste un flash. continues ainsi.....muaaaaaaaaaaaaaaa.

yaivi dijo...

@ Anónimo! Quien eres?