lunes, 4 de abril de 2016

LOS CUENTOS DEL FÂ: LA MALDAD.

 

El Fâ es el lenguaje de los dioses de la religión Vudú. Transmite como evangelios, las parábolas que rigen esta religión. Aquí va una parábola del Fâ.

“Cuidado con querer hacer daño a alguien que a lo mejor sales peor parado tú.”

Esto dice el Fâ en uno de sus signos. Y para explicarlo, sigue así...

Erase una vez dos mujeres. Las dos estaban casadas al mismo hombre en un matrimonio polígamo cargados de malos rollos y de una envidia generada por los celos de una de las mujeres. Y es que de las dos, una era muy problemática. Se veía superior a su coesposa y no la soportaba por el simple hecho de que la otra era muy alegre y todo le parecía bien.

Las dos mujeres tenían un hijo cada una.

Para unas fiestas y para alegrar a su marido, la rabiosa le regaló al hijo de la otra mujer un anillo. Lo había hecho por mera hipocresía.

Un día la mujer alegre les hizo a los dos niños una papilla de maíz con miel. Los niños se la bebieron juntos y jugando el hijo de la mujer alegre empujó al hijo de la rabiosa que acabó llorando. La rabiosa explotó y se enzarzaron las dos mujeres en una pelea. La rabiosa gritaba e insultaba. No para de chillar diciéndole a la otra mujer cosas horribles. La otra mujer fiel a su costumbre, se quedó callada esperando a que le pase aquel arrebato que había tenido otras mil veces. Pero a la rabiosa no se le pasaba la irritación. Gritaba y gritaba y como veía que la otra no le hacía caso, le pidió que le devolviera el anillo que había regalado a su hijo.

La mujer llamó al niño para quitarle el anillo pero con horror descubrió que el anillo se había quedado pequeño y que no se lo podía quitar. Hizo de todo: jabón, aceites… Pero el anillo no salía. La otra mujer no quiso ablandarse y dijo que le daba igual lo que había que hacer pero que ella quería su anillo. El desencuentro fue a tal que ni el marido pudo disuadirla y al final acabaron en casa del rey.

El rey habló con la rabiosa pero la rabiosa seguía en sus trece y que pasará lo que pasase, ella quería su anillo. Hicieron de todo para quitar el anillo pero la única solución era cortarle el dedo al niño. La madre del niño lloraba y suplicaba pero nada. La rabiosa quería su anillo. Y el rey ordenó que le cortasen el dedo al niño. Y se lo cortaron.

La madre del niño sintió el dolor de su hijo y al ver que la rabiosa sonriendo recogía su anillo le dijo al rey.

- “Esta mañana le hice una papilla a su hijo y también quiero mi papilla. Que me lo devuelva. Y si a mi hijo le han cortado un dedo por un anillo, quiero que a su hijo se le abra la barriga y que me devuelva mi papilla…”

Y le abrieron la barriga y el niño se murió.

Y el Fâ dice que cojamos la moraleja de las metáforas. Que si le quieres hacer daño a alguien no vayas a salir tú peor parado. La maldad es como un boomerang. Siempre vuelve a su remitente…


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lunes, 28 de marzo de 2016

EL NIÑO Y EL SABIO.



Erase una vez un niño que hablaba con un sabio.
Dicen las lenguas del Antiguo Dahomey que sólo los niños que saben lavarse las manos pueden comer con los mayores. Y parecía que este niño, a pesar de su testarudez, sabía comportarse y por esto el sabio discutía con él… dándole consejos pero el niño parecía ver más lejos.

- Tienes que preguntar siempre antes de coger algo que no es tuyo, le dijo el sabio al niño.

- ¿Por qué? Preguntó el niño.

- Porque así verán que eres un niño muy bien educado.

- ¿Y también dices que tengo que tratar a todo el mundo con respeto?

- Porque sólo así te tratarían con la misma deferencia.

- ¿Y por qué tengo que dar las gracias por todo?

- Porque sólo así valorarás a quién no te las de.

- Y tengo que obrar para la comodidad de los demás.

- Si. Porque esto es empatía. Y las opiniones son más indulgentes con los que piensan en los demás.

- Pero ¿y si los demás no son así?

- Compararse con los demás es devaluarse.

- ¿Y por qué dices que la sinceridad es ley?

- Porque la sinceridad con un poco de inteligencia, te permitía ser un más en cualquier sitio.


Y el niño creció y vio mundo.

Se dio cuenta de que la gente abusaba de las palabras “Siempre” y “Nunca”. Que los reproches eran biblias y que la compasión no tiene nada que ver con la fe hipócrita que procesan algunos. Los principios que su sabio mentor le había prodigado le parecieron arcaicos en este mundo en el que la gente no respetaba ni las palabras. La sinceridad a veces te aleja de los que quieres y adular a los reyes es símbolo de éxito.

El niño se dio cuenta de que al sabio se le había olvidado decir que la bondad no paga bien en todas partes. El amor tiene unidades de medida y darlo todo tampoco era antónimo de fracaso.

Y se preguntó para qué se le llamaba a aquel hombre “Sabio”.

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lunes, 21 de marzo de 2016

MI BONITO PUEBLO.


Os prometo que yo estuve en un sitio así... Como comprenderéis me enamoré... No sabéis la tranquilidad y la serenidad que se respira en estos lares. No sabéis a lo que saben las siestas y las historias que salen directamente de la tierra. Y sólo me viene a la mente, aquel poema de Frederique M. Bataille: "¿Connais-tu mon beau village?" que decía...

"Conoces mi bonito pueblo?
El que se mira en un río claro?
Encuadrado por el follaje
Parece un nido de pájaro.
Mi casa en la sombra
Me sonríe como una cuna
Conoces mi bonito pueblo...? "

Me gustan los campos abiertos y los árboles antiguos que comparten historia con una tierra fuerte. Me gustan las casas abandonadas que hablan de una nostalgia vivida. Me gustan los lugares místicos y las miradas que sonríen. No hay nada mejor que las tierras infinitas y las historias entrañables. La inocencia de gente que debería saberlo todo y la madurez de unos niños que han vivido mucho. Me gustan mi gente y mis cosas.No quiero conocer mundo. Lo que yo quiero es conocer personas. Son las personas las que hacen un mundo... Mi mundo.

Para Thomas. Mi dios...

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lunes, 14 de marzo de 2016

LA BENINESA.



Benín es un pequeño país del África del oeste que baña sus pies en el océano atlántico y reposa su cabeza en la arena del Sahel. Un país peculiar con muchas curiosidades. Los originarios de Benín son Benineses. Pero esto no tendría ninguna singularidad si no fuera que la mujer de Benín se llama igual que la cerveza. La Beninesa.

Sí. La cerveza de Benín también se llama “La Beninesa” o dicho en francés: "La Béninoise"

Está fabricada por la SOBEBRA, la Société Beninoise de Brasseries, sea la Sociedad Beninesa de Cervecerías. Es la cerveza más bebida en todo el territorio beninés y en muchos otros países del África más occidental. Tiene como valor más o menos un euro en los grandes comercios y tiene varias capacidades. La botella grande es de 0,65 Cl y la pequeña de 0,33 Cl. Y es fuente de muchas bromas por su nombre. Por lo que si pides une beninesa, todos te harán la misma broma, guiñándote un ojo con sobreentendidos, insinuaciones e indirectas claras.

- Quiero una beninesa

- ¿Cuál…? ¿La que lleva pareo o la que está en botella?


El eslogan de la Beninesa es “Más que una cerveza, nuestra cerveza”

Pues esto. Viva la Beninesa. No. La de botella no. La bonita que lleva un pareo multicolor y que anda riéndose con una voz ronca.

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lunes, 7 de marzo de 2016

LAS TRENZAS CON HILO.

 

Las modas cambian y las cosas se van, otras vuelven y algunas pues se pierden. El pelo de las negras, bien sabido ya es que es un pelo peculiar con una geometría y una física propia. Es enmarañado, encrespado y kinky. Pero estos adjetivos sólo cobran carácter peyorativo si llegamos aquí a Europa donde el cuidado del pelo africano, que no afro, sólo es reservado para gente con un poder adquisitivo alto.

Las trenzas africanas datan de la época de la civilización Nok. Una cultura que apareció en Nigeria en 500 años A.C y que desapareció misteriosamente al final del primer milenio de nuestra era tal como lo dice Wikipedia, dejando un legado histórico bastante más avanzado que las otras civilizaciones de aquella África de entonces.

Trenzarse en África es tan habitual que a veces es un juego de niñas en el que una se sienta en las piernas de otra y llegan a veces a una cadena de cuatro a cinco personas. Hay miles de tipos de trenzas, pero la que causó furor en la juventudes en la época de antes de la coyuntura y de cuando nuestras abuelas eran pequeñas, son las trenzas con hilo.

Las trenzas con hilo se pueden hacer con unos hilos que se llaman “hilos de nylon” y que son de plástico o con hilos de Ghana. La única diferencia es que los hilos de Nylon brillan más. El pelo se recoge por mechones. Se coge el hilo y se enrolla alrededor del mechón pero apretándolo con una maestría y una manera específica. Las trenzas con hilo ayudan al crecimiento rápido del pelo y no lo dañan y ayudan el pelo a estirarse sin calor. Ayuda a mantener el pelo limpio y aireado.

Hay miles de tipos de tranzas con hilo. El sencillo son los mechones rectos que se llaman “arboles“o “Atin” en el antiguo Dahomey. Los nombres eran varios:”Kanda” “Akouété”… Cada uno indicando una variedad particular que combina efectividad y calidad. Trenzas que se hacían los domingos para poderlos lucir en el cole durante la semana.

Hoy en día este tipo de trenzas que en su momento fueron trenzas de reinas y de mujeres líderes, ahora sólo son para criadas y para gente que no tiene medios para ofrecerse extensiones naturales o sintéticas. Incluso a veces quienes lo llevan son dianas de burlas por parte de gente “moderna” que los consideran arcaicos, retrógrados y de pueblerinas. Una pena.

Pero tengo que decir que fueron tan popular que no se ha hecho trenzas de hilo en África no ha tenido infancia…

Ojalá me las haga pronto.


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lunes, 22 de febrero de 2016

EL BUNTU.

 

El Buntu o “Bountou” en el idioma Fon es un juego al que han jugado todas las niñas de Benín... Un juego de sumas, de restas, de cantos y de saltos que sólo ganaban las más avispadas. Había que ser rápida, intuir qué paso iba a dar la contrincante e anticiparse a su juego para ganar. El Buntu también lleva palmas, palmas acompasadas con la canción del juego y con el paso que hay que dar.

Para jugar al Buntu simple, cada una escoge un signo entre el “+” y el “-“ y se colocan una frente a la otra. El “+” significa que las dos contrincantes, sacan piernas distintas y el “–“que sacan la misma pierna. Se juega en 7 tiempos acompañados con las palmas, los saltos y la canción:

 “Pam  pam  pam. Elé  wô.  Elé  févi.”
    1      2       3       4     5      6     7
  • Se hacen 3 palmas en: 1 – 2 – 3
  • Se golpea la cadera en: 4
  • Otra palma en: 5
  • Otra vez cadera en: 6
  • Y la última palma acompañada de un salto que se acaba echando la pierna hacía delante en: 7  
Cuando el juego pilla cadencia, ya no son necesarios los pasos 1 – 2 – 3. Se puede estar haciendo los 4 últimos pasos hasta que una de las dos quede agotada. El Buntu es ritmo frenético, sudor, gritos y risas, muchas risas.
Jugábamos a dos, a tres o a mil. Cuanto más éramos, más divertido era el juego. Entonces hacíamos dos grupos o un circulo con una chica en medio, que tenía que ir ganando y sumando puntos porque sino era reemplazada por otra. Había principiantes, había expertas pero todas con ganas de reír. Lo importante era ir sumando puntos ganando y anticipando la pierna que la otra iba a sacar...

Un juego que era tan adictivo que decían que quien se prestaba a ello no estudiaba jamás. Decían que amuermaba las capacidades del buen estudiante. De allí la canción del mismo juego que dice:

“Bountoun man yin lesson
E zin zin to yê. E e zin zin to yê”

Que viene a decir:

“El Buntu no tiene nada que ver con los deberes.
E zin zin to yê. E e zin zin to yê”

Aunque hay que reconocer que las expertas en Buntu no estudiaban mucho, ni se sabían las lecciones ni hacían los deberes... Sí el juego enganchaba mucho.

Ay el Buntu…

Era un juego tan divertido que es una pena que ahora con los móviles, ya no sea habitual oír el coro de las chicas cantando aquellas canciones que a mi generación nos lleva a nuestra infancia. Yo a mis hijos les enseñaré el Buntu, el Béa, el “Mori Monba Tuni”, el “Kokokoko Manya Zinkpo Dé”, el “Agban houé … Les enseñaré todo esto que para mí, es tan valioso.

Ojala no se me olvide jamás nada.

Nada de aquellos días de niñez en los que lo único que queríamos era merendar rápido e ir a conquistar el patio con las amigas y jugar al escondite a la luz de la luna . Aún oigo nuestras risas, aún oigo nuestra inocencia. Tantas horas de recreo, tantos rincones con historia y tanta gente que recordar… Ojalá mis niños tengan algo de aquella niñez que yo tuve. Éramos pobres, pero no nos faltaba de nada. No pasábamos hambre y nuestros días eran tan intensos y tan ocupados que nuestras madres tenían que luchar contra nuestro sueño para darnos de cenar.

El Buntu es la marca de una generación. La mía.

lunes, 15 de febrero de 2016

LAS ZANAHORIAS, LOS HUEVOS Y EL CAFÉ.


Erase una vez, una joven que tenía muchos problemas. Evidente era que pasaba por unos momentos muy difíciles y complicados. Bien es sabido que a veces la vida se vuelve rancia y parece cebarse al azar con nosotros. Destrozada y harta, la joven se fue a ver a su madre. Le contó los malos momentos que estaba viviendo y lo difícil que le resultaba salir de su melancolía. Le dijo que no se veía capaz de seguir luchando y que estaba punto de darse por vencida y abandonarlo todo. Todo eran problemas, problemas, problemas y unos tras otros.

- Acompáñame a la cocina, le dijo su madre después de escucharla atentamente.

Allí, la madre tranquila y serena llenó tres ollas con agua y las puso a hervir. En cuanto hirvieron, en la primera olla metió unas zanahorias, en la segunda unos huevos y en la tercera unos granos de café. Y la hija miraba a su madre sin entender nada. Unos minutos más tarde, la madre apagó los fogones, sacó las zanahorias y los huevos y les metió en platos diferentes y vertió el café en una taza.

- Ahora dime… ¿Qué ves? Le preguntó a su hija.

La niña conocía muy bien su madre pero no lo entendía.

- Veo un plato de zanahorias, unos huevos y una taza de café.

La madre sabía sonrió y le dijo: “Tócalos. ¿Qué ves?”

La mujer tocó las zanahorias. Estaban blandas. Cogió los huevos hervidos, les quitó las cascaras y vio que estaban duros. Cogió la taza y bebió un sorbo de un delicioso, rico y aromático café.

- ¿Qué es lo que tengo que ver mama?

Entonces la madre le explicó que cada objeto había tenido que enfrentarse a la misma adversidad: el agua hirviendo, pero que cada uno había reaccionado de manera distinta.

La zanahoria entró fuerte y dura pero salió blanda y débil.

El huevo, frágil y fluido en su interior salió duro sin sufrir ninguna modificación en su frágil cáscara.

Pero los granos de café… los granos de café reaccionaron de manera única. Una vez metidos en el agua, fueron ellos los que cambiaron el agua impregnándola de su color, de su sabor y de su esencia.

- ¿Cuál eres tú? Le preguntó la madre a la hija. Cuándo la adversidad llama a tu puerta ¿cómo reaccionas? ¿Qué eres? ¿Zanahoria, huevo o café? Piénsalo…

La hija se quedó sorprendida ante las palabras sabias de su madre. ¿Qué soy? Se dijo. ¿Seré la zanahoria que parece fuerte pero que ante los problemas se vuelve blanda perdiendo su fuerza? ¿Seré como el huevo con un corazón maleable pero que cambia y se endurece ante los problemas? ¿O soy como los granos de café que cambian los problemas y los adaptan a su naturaleza?

El grano de café cambia la fuente de su dolor. Cuando el agua empieza a hervir, sueltan su fragancia y su sabor. El café se vuelve aún mejor y cambia la situación cuando las cosas se ponen feas.

¿Y vosotros qué sois frente a los problemas?

¿Zanahorias, huevos o granos de café?

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