jueves, 1 de diciembre de 2011

SAR...


Dice Patrick Rothfuss en uno de sus libros, que la mente tiene cuatro puertas para alejarse del dolor. Y una de ellas es el olvido, proporcionado en parte por el paso del tiempo. ¿Pero qué hace la mente cuando aún no ha pasado tiempo? ¿Qué salida tiene, para no dejarse llevar por la locura del dolor, de la rabia y de la pena?

Mi nombre es Sar.
El principio de mi vida sólo tuvo de particular que un día, mi padre nos abandonó y se fue. Y mi madre, no sabiendo qué hacer y con tres hijos a su cargo creyó coger la decisión correcta y nos dejó a cargo de mi abuela en Senegal. En aquel momento, con mis siete años encima, nunca pensé que hubiese tristeza más grande que la ida de mi madre y la ausencia total de un padre.
La vida me ha enseñado a lo largo de todos estos años, que no hay un cupo para las desgracias, porque muy rápidamente, empezaron los episodios más horrendos de mi vida. Dicen “Ojala que Dios no nos eche todo lo que podamos aguantar.” A mí, el destino me ha echó muchas cosas. Lo que no sé es cómo no me volví loca…

Aún recuerdo mi niñez, con miedo y con aversión. Un horror con taquicardia que hasta el día de hoy, me impide ser feliz. No soy feliz. O a lo mejor sí que lo soy, porque creo que he aprendido a vivir con aquello. Me es fácil disimularlo. Lo he hecho toda mi vida.

Me llamo Sar y he sido violada.

Esta es la historia de mi vida. La historia de mi dolor y de tantos años de rabia sorda e impotente. Años de una inocencia tarada acompañada de terror y de incredulidad.

Me llamo Sar y tengo mucha rabia dentro de mí. Rabia cruda contra mi familia, los que estaban allí, rabia por el abandono de mi padre y rabia por haber sufrido todo tipo de violaciones físicas sin que nadie hiciera nada.

- ¿Qué pasó?

Vivíamos en una casa familiar, con todo lo que conlleva una familia africana. Tíos, tías, primos lejanos... Todos en casa de mi abuela. La primera vez que mi tío me tocó, yo tenía siete años. Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Demasiada niña, recuerdo que me quede atónita. Me amenazó abriendo grandes sus ojos, y me dijo que me pegaría si le decía a alguien que me había cogido por el cuello para introducirme su miembro en la boca, forzándome. Han pasado ya varios años, pero sigo sintiendo el asco de aquel primer día. Sigo sintiendo sus manos agarrándome e impidiéndome huir. Yo no entendía nada. La cosa se repitió varias veces. Me dolía la boca y toda la mandíbula. Y pensé que tenía conciencia del dolor hasta que un día, tapándome la boca, me penetró por detrás.

Dolor. Dolor. Sí… Dolor. Dolor de la niña de siete años que yo era y dolor de la adulta de veinte-y-dos años que soy ahora y que llora porque su infancia da pena. Durante un tiempo, me quede en shock. Me quede muchos días sin habla. No podía hablar.

- ¿Y nadie lo sabía? ¿Nadie notó nada?

¡Claro que lo sabían! Pero nadie hizo nada. Durante años de mi vida, he tenido aversión a mi madre por dejarme en aquella casa y volver a irse… Venía a vernos y se volvía a ir. Yo no quería que me dejase. Quería que me llevara con ella, allá donde fuera. Comer de la basura si hiciese falta. Pero se iba...


Cuando venía mi madre, él me dejaba en paz. Pero cuando se iba, la cosa empeoraba. Mi tío me llamaba cada dos por tres a hacer los deberes en su habitación. Negarme a ir, para mis tías y para mi abuela, era un motivo claro de mis pocas ganas de “ser alguien en esta vida”, como decían ellas; “Y más cuando un ser bienhechor como él, quería ayudarte. “Tendrías que estar contenta de que alguien te tienda una mano” me decían. “Ingrata” decían otras. Me hubiera encantado decirles que no era así, y que detrás de la puerta de su habitación, no paraba de tocarme y de introducirme cosas. Pero tenía miedo. Os lo juro que tenía miedo. Ahora, libre, no me puedo explicar, por qué no hice nada y por qué nunca dije nada. Ahora me parece increíble que hubiera vivido todo esto sola, sin nadie a quien confiarme…

Recuerdo a día de hoy las velas, a las que tallaba la punta para ir introduciéndomelas, cambiando cada día el tamaño porque decía que yo era muy estrecha. Claro que sí que lo era. No tenía ni diez años. Yo me ponía a llorar y le suplicaba porque aparte de dolerme, me aterraba. Y entonces, él me tapaba la boca y sentía como se me retorcían los dedos del pie de dolor cada vez que me introducía las velas, porque las notaba hasta en mis intestinos. Cuando empecé a tener tetas, me las pellizcaba. Dolor. A veces, casi se me oscurecía mi visión, de tanto dolor que sentía. “Para que se te hinchen un poco” me decía. “Pareces un palo”.

Y este calvario duró años y años hasta que a los 16 años, un día, me fui.

Me llamo Sar y esta es la primera vez que explico públicamente mi historia. La gente tiene historias bonitas, otras no tan bonitas, pero yo sólo tengo los recuerdos de mis violaciones. Nada más. Unos recuerdos que llegan con la misma violencia que la propia violación. Ahora quiero denunciar porque últimamente no puedo dormir y porque no quiero que esto le vuelva a pasar a nadie de mi familia, ni a nadie nunca. Y porque me inunda una ira profunda al pensar que él me destrozó mi vida, incapacitándome a disfrutar con otras personas. ¿Sabrá él, que me quedo bloqueada con otros hombres? ¿Sabrá que cuando hago el amor con un hombre, sólo me vienen a la cabeza las sacudidas dolorosas que me daba él? ¿Sabrá él, que cuando hago el amor con alguien, me quedo mirando el techo, tal como lo hacía con él, esperando que acabe? ¿Sabrá él, mis temores de hoy? ¿Qué sabrá él?

Me llamo Sar y fui violada durante diez años de mi vida.

¿Que nadie lo supiera en nuestra casa? Hipócritas todos. No es malo solamente él que lo hace, sino también todos los demás que lo saben y se callan sin hacer nada. Recuerdo cuando a los nueve años, pillé una irritación y una infección gravísima, no dijeron nada. Mis tías me dieron una medicina de aplicación y cuando me curé, él volvió a sus andadas.

Hoy, después de muchos años, hablando un día con ella de mis violaciones, ella se puso a llorar. Vi horror y rabia en sus ojos, y supe de inmediato que ella no sabía nada, no como mis tías que lo sabían y no hicieron nada. Me alivió pensar que mi madre no era cómplice. Me explicó que cuando yo tenía seis años, echó a otro tío mío de mi casa, porque no paraba de tocarme. Yo ni lo sabía. Mi mente lo había borrado. Cerdos despreciables, hombres con apariencia normal, pero que después eran obscenos, indecentes i enfermos. No sé cómo puede existir gente así, que escondidos trás la religión y la dura educación africana, se permiten todo. Vi mi madre rabiosa e impotente. No sabe qué hacer, ni qué decirme. Vi cómo le temblaban las manos y supe de inmediato que no se lo iba a perdonar jamás, cuando me dijo: “Cariño, lo siento…” y me alivia su determinación cuando me dice que tenemos que denunciarlo y que ella estará a mi lado hasta el final...

¿En qué mundo vivimos en África, que unos padres dejan sus hijos sin mirar atrás? ¿En qué mundo vivimos, que unos son testigos de una violación y giran la cabeza de lado? Me hubiese gustado que en mi país se potencie el amor familiar y unas leyes para que los padres no abandonen a unos hijos que ellos mismos han querido tener. Yo no pedí nacer. Ese valor que tienen los blancos, nosotros no lo tenemos. Y esas leyes que tienen aquí en Europa, tampoco los tenemos.

Durante años he sentido vergüenza, vergüenza de ser una mujer violada. Vergüenza de que la gente lo supiera. De ser la chica violada del grupo, y pensé que la gente me miraría mal si lo supiese. Me torturaba a mi misma. Una vez, incluso, pensé en suicidarme, para acabar con este sufrimiento, porque a veces, me invaden los recuerdos de manera tan fuerte… No puedo hacer el amor con nadie. Me aterra.

Y Sar hace un esfuerzo para no llorar. Así rato que su voz suena nasal, pero se esfuerza para no llorar. No quiere dar pena. Sólo quiere gritar su rabia. Veo en su mirada, lo grande que es su rabia, su dolor y una impotencia que la tiene marcada y alejada de los placeres cotidianos. Fantasmas del pasado imposibles de dejar atrás. Veo en sus ojos, el sufrimiento de aquella niña, que no tuvo infancia, ni tampoco adolescencia. Y nosotros, pobres infelices a cualquier cosa le llamamos “sufrir”.

Una violación que a Sar le ha destrozado la vida. ¿Cuál es está África? Un África en la que hay violaciones impunes. ¿Qué habrá que hacer, para que esto cambie?

Negra, guapa, alta y esbelta.

Sar es mi amiga.

martes, 22 de noviembre de 2011

¿CÓMO ESCRIBIR SOBRE ÁFRICA?


Me estoy leyendo “El antropólogo inocente: Notas desde una choza de barro” de Nigel Barley.
Me animé a leerlo porqué oí que tenía varias críticas buenísimas a lo largo de estos años desde su publicación en 1989. Pero rápidamente, después de unas cuantas páginas, me dí cuenta de que no era lo mismo un blanco leyéndolo a Nigel Barley, que no deja de ser una análisis graciosa de negros viviendo en tribus, que un negro leyendo a Nigel Barley que es una burla o una caricaturesca visión de un blanco sobre la vida de los negros.
Y me acordé de Binyavanga Wainaina, un escritor Keniata, autor del libro « How to write about África? » en el que hace una crítica irónica y directa sobre la imagen que los medios occidentales dan del continente negro.

¿Cómo escribir sobre África? Aquí van algunas pistas…

Utiliza siempre la palabra “África” o “oscuridad” o “Safari” para tu título. […] Nunca pongas la imagen de un africano de clase media en la portada de tu libro, ni dentro, a no ser que haya ganado un premio Nobel. Un AK-47. Costillas prominentes, pechos desnudos… Esto es lo que hay que poner. Si tienes que incluir a un africano, asegúrate de que consigues a uno vestido con ropas zulúes o masais.

En tu texto, habla de África como si fuera un solo país. Hace calor y es polvoriento, lleno de praderas onduladas y enormes manadas de animales junto a gentes altas, delgadas, famélicas. También puede ser caluroso y húmedo, con gente muy pequeña que come primates. No te enredes con detalles y descripciones precisas. África es grande: 54 países y 900 millones de personas que están demasiado ocupadas pasando hambre, muriendo, guerreando y emigrando para leer tu libro. (...)

El continente es lleno de desiertos, de junglas, de regiones montañosas, de sabanas y de muchas otras cosas, pero el lector no presta atención a todo esto, así que guárdate de descripciones románticas…. Asegúrate de que muestras cómo los africanos tienen la música y el ritmo profundamente arraigados en sus almas y como comen cosas que ningún otro humano come. No menciones el arroz, la ternera o el trigo; Mejor, habla del cerebro de mono que es el preferido en la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, los gusanos, las larvas y todo tipo de carne de caza. En tu texto, muestra cómo fuiste capaz de comer dicha carne sin estremecerte y, por supuesto, describe cómo aprendiste a apreciarlo, porque África te importa.

Temas tabú: escenas ordinarias de la vida cotidiana, amor entre africanos, referencia a escritores africanos o intelectuales, o niños que van al colegio y no sufren virus ni Ébola ni mutilación genital femenina. (...) En todo el libro, adopta une voz dulce, en complicidad con el lector y un tono triste. Desde el principio, haz que se vea tu liberalismo impecable y habla de cuanto amas a África y como te enamoraste de este lugar y que… África es el único continente que puedes amar. […]

Sea cual sea el ángulo que tomes, estate seguro de dejar la impresión de que sin tu intervención y tu importante libro, que África está destinada al fracaso.

Tus personajes africanos pueden ser guerreros desnudos o fieles servidores o adivinos… o políticos corruptos, polígamos ineptos. Guías de viaje o prostitutas que se han acostado contigo. El servidor fiel, se comporta siempre como un niño de siete años y necesita una mano firme. Tiene miedo a los serpientes, es bueno con los niños y siempre te implica en dramas domésticos complejos. […]

Entre los personajes no puede faltar la África Hambrienta, que vaga por el campo de refugiados prácticamente desnuda y espera la benevolencia de Occidente. Sus hijos tienen moscas alrededor de los ojos y tripas hinchadas. Sus pechos están planos y vacíos. Debe aparecer como una mujer completamente indefensa. No debe tener ni pasado ni historia. Estas pequeñas diversiones arruinan el dramatismo del momento. Los gemidos y las quejas son buenos. Nunca debe contar nada acerca de ella misma, excepto para hablar de su indescriptible sufrimiento.
Incluye también una adorable mujer con aspecto maternal que tiene una risa contagiosa y que se preocupa por ti. Simplemente llámala “Mama”.
Estos personajes deben revolotear alrededor de tu héroe principal, sirviendo para su lucimiento personal. Tu héroe puede enseñarles, bañarlos, alimentarlos (...) Tu héroe eres tú o alguna guapa y trágica Celebrity internacional, si es un reportaje o un aristócrata que sabe cuidar a los animales si es una ficción.

Entre los que hacen el papel de malo de los occidentales, incluye a los ministros de los gabinetes … a los afrikáner y a los empleados del Banco Mundial. Cuando hables de la explotación de África por los extranjeros, menciona a los comerciantes chinos e indios. Culpa a Occidente por la situación de África pero no seas demasiado específico.

Hablar generalizando es bueno. Evita que los personajes africanos se rían o luchen para educar a sus hijos. O mejor, simplemente evita representarlos en circunstancias mundanas. Los personajes africanos deben ser coloridos, exóticos, más grandes que la vida, pero vacíos por dentro: sin diálogo, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad o rarezas que confundan la causa.

Describe en detalle los pechos desnudos (jóvenes, viejos, recientemente violados, grandes, pequeños) o genitales mutilados. O cualquier tipo de genitales. Y cadáveres. O, mejor, cadáveres desnudos. Especialmente, cadáveres desnudos pudriéndose.

Recuerda: cualquier trabajo en el que la gente aparezca mugrienta y miserable será alabado como la "África real", y eso es precisamente lo que tú quieres que ponga en la contraportada de tu libro. No sientas malestar por esto: estás intentando ayudarles para conseguir ayuda de Occidente. (...)

Por otra parte, los animales tienen que ser tratados como personajes complejos. Hablan o gruñan mientras levantan fieramente su melena. Tienen nombre, ambiciones y deseos. También tienen valores familiares: mirad como los leones enseñan a sus hijos, los elefantes son muy atentos. Los gorilas también y las leonas, grandes feministas. No tienes que decir nunca nada malo de un elefante o de un gorila. Los elefantes pueden atacar casas, destrozar plantaciones o incluso matar a personas. Tu tienes que estar siempre del lado del elefante…
Todo africano de baja estatura, viviendo en la jungla puede ser fotografiado sonrisa a los labios, a menos que este en conflicto con un elefante, un chimpancé o un gorila, en este caso es un gran diablo… […]

Los lectores no estarán interesados si no mencionas la luz de África. Y los atardeceres. El sol africano es una obligación. Es siempre, grande y rojo…
Cuando escribas sobre la difícil situación de la flora y la fauna, menciona que África está sobrepoblada. En cambio, cuando tu protagonista se encuentre en un desierto o una jungla viviendo con nativos, está permitido mencionar que África ha sido gravemente despoblada por las Guerras y el Sida. Usa mayúsculas.

Termina tu libro siempre citando a Nelson Mandela diciendo algo acerca del arco iris y renacimientos. Porque a ti te importa África...

*Binyavanga WainainaEs redactor jefe del magazineliterario KWANI.Este artículo es una parte del artículo publicado en la revista Granta. http://www.kwani.org/

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lunes, 14 de noviembre de 2011

LA NIÑA NEGRA QUE TENÍA UNA GRAN PREOCUPACIÓN.


Érase una vez, una niña negra que tenía una gran preocupación.
Érase una vez, una pequeña niña negra, que tenía una preocupación enorme.

Era negra  como las noches de lluvia, con unos ojos blancos color algodón y con unos labios marrones acaramelados que le daban un aire infantil y dulce. La niña negra, que siempre se reía dejando ver unos hoyuelos profundos y marcados, hoy estaba triste. No, no estaba triste. Estaba enfada. Sí. Hoy estaba enfadada.

La niña negra vivía feliz, con su padre y con su madre. No le bastó mucho tiempo para darse cuenta de que ella no era igual que los otros niños de su escuela. Y si no se daba cuenta, algunos de los niños más grandes, ya se encargaban de hacérselo saber. Se mofaban de ella y la empujaban por los pasillos de la escuela. Se reían de ella, gritándole: “¡Negra!” como si fuera algo muy malo u algo horrible...

Ella sabía que era negra. Era evidente. Siempre se lo había dicho su mamá y ella siempre lo había visto como algo normal, algo más. Pero muy rápidamente, la niña entendió que ser negra no era nada tan bueno, si era motivo de burla y de ofensa.

La niña negra estaba triste porque siempre se lo pasaba mal en la escuela. La hacían llorar y a veces tenía miedo. Ya desde un tiempo hacía aquí, la cosa había ido en aumento y ahora eran muchos los que se reían de ella.

Y la niña negra se puso a pensar…

Se dio cuenta de que mamá era blanca, blanca como sus amigas de la escuela, a los que nadie molestaba. Entonces eso era bueno. Mamá era blanca, blanca como la nieve, pero papá… Papá era negro, negro como ella. Y rabiosa, la niña negra se dio cuenta de que él era el problema. Si los niños vienen de los padres y tenían cosas de los padres, entonces esa era la ecuación. Ella tenía los ojos de mamá y también los hoyuelos de mamá y la abuela siempre le decía que caminaba igual que mamá. ¡Si! Todo era de mamá. Todo, menos el color. El color de la mofa, el color de la burla era de papa. La culpa era de papa.

Y la niña sentada, esperando a su madre se puso a llorar...
Allí la encontró su progenitora cuando la vino a buscar en la escuela. La niña se hundió más en su tristeza cuando vio a su madre y en un gesto que la caracterizaba y que también era de su madre, se apartó el pelo de la cara antes de tender sus dos brazos hacia ella. A la madre se le paró el corazón cuando vio a su niña llorando. “Otra vez los niños…” pensó. Ya lo había hablado con los maestros. Exasperada, se agachó a su lado y se le compungió el corazón cuando su hija la agarró con un dolor y con una tristeza enorme. La madre se dio cuenta de que había algo más…

-         ¿qué te pasa cariño? le preguntó, asustada.

Y la niña levantó su pena y sus ojos enrojecidos hacía su madre y con toda la inocencia del mundo le respondió:

-         ¿Por qué no me has escogido otro papa?
 
 
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miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL DISGUSTO DE ROGELIA.


Me llamo Rogelia.
Tengo 89 años. Soy una mujer fuerte y entera y no me gustan las simplezas de la vida. Dura infancia, por las crisis económicas y hastiados años de moza por la segunda guerra mundial y la guerra civil española, he crecido en la España más revuelta. Aquellos años eran durísimos. Y, cogida por el temor de las jóvenes de aquellas épocas, me casé, tarde, con el primer hombre que me miró. Mejor malmaridada que sola…

No les diré de dónde nos vino nuestra fortuna, pero mi marido y yo, pasamos de no tener nada, a tenerlo absolutamente todo, de un día para el otro. Y tengo que reconocer que la vida se ve mucho más bonita desde arriba, desde la riqueza material. Me quede viuda muy temprano y tengo un único hijo, que tuve tarde y no es para menos, pero es lo más bonito que me ha pasado en la vida. Un hijo culto, educado, guapo… ¿Quién no querría tener un hijo así?

Y en todos mis años, hoy, mi hijo me ha dado el golpe más duro de mi vida. Hoy, dejando ya atrás un sonado divorcio con una chica que yo misma modelé para él, mi hijo ha vuelto a casa con una mujer negra.
Este ha sido el disgusto más grande de mi vida. Una decepción que me ha tenido varios días yacente, con un mal cuerpo al pensar cómo afrontar la sociedad con esta mancha en nuestra familia, en nuestro honor. Casi me caí cuando la trajo a casa.

No les voy a engañar. Hubiera preferido que se haga cura o que sea homosexual. Antes me aterraba la idea que pudiese ser uno de estos que les gustaban gente de su mismo sexo. Le amenacé. Le dije que le mataría si algún día me daba esta contrariedad. Pero nunca me imaginé que hubiera algo más vergonzoso que tener un hijo homosexual.

Y allí la tengo mirándome y sonriéndome. Parece un mono de estos países que ya, por aversión, jamás había visitado. Y encima se ríe de mí, porque le he preguntado si ellas también tienen aparatos genitales como nosotras las blancas. No para de reír y es algo que me saca de mí. No contesta nada cuando le pregunto si ha venido a llevarse todo el dinero de mi hijo. Mi dinero. Y va lista si se piensa que dejaré que mi hijo se gaste en ella, más de lo mínimo. Yo soy dueña de mi hijo. Hasta ahora había hecho todo lo que yo quería. Y ahora por culpa de esta, tan fea, ya ni le reconozco.

Llevo varios días sin hablarme con mi hijo. No sé si algún día se lo llegaré a perdonar. Yo ya no tengo edad para estos disgustos. Y no entiendo por qué no paran de ir y de volver. Viajes por aquí, cenas por allí… “No te preocupes por el dinero mamá” me dice. Él sabe que yo no le eduqué para ser derrochador. Yo hago kilómetros para tomarme un café en el pueblo de al lado donde la taza de café es unos céntimos, más barata. Y ¿para qué se tiene que sentar en un restaurante para comer cuando va a Barcelona, si puede ir a casa de mi amiga Carmen que vive en esos bajos fondos de Sant Adrián en el Besos? ¡Esto, he hecho yo siempre! Ahorrar antes que vivir. Y así ahorré yo toda mi vida, para que ahora venga un simio antropoide a robárnoslo.
“¿Por qué no te quedaste en este sucio país de donde eres?” le espeté un día. “¿Ahora que ya tienes el blanco rico que querías, ya te has quedado a gusto?” Y la miro, pero ella no se inmuta. “¿Querías esto no? ¿Ahora estás contenta?" Y no me dice nada.

Ahora tendría que ser feliz, pero sólo lo soy a medias. Mi hijo ha tenido una criatura con ella. Y por suerte de Dios, que yo soy muy católica, la niña ha nacido blanca como su padre. Casi no se le nota los rasgos de esta impostora. Esto es lo que me salvó delante de mis amigas, el día que quedamos porque querían conocer a mi nieta. Respiré aliviada porque ninguna de ellas se dio cuenta de que mi nieta era medio negra. Ya hice bien de decirle a la hipócrita, que me esperase en la estación para que me llevara yo a la niña con mis amigas. Me trajo la niña y ya se pensó que podía venir conmigo. ¡Ha! ¡Pues no! Estuvo esperando horas, en el frío de la estación hasta que volví con la criatura. “Suerte que la niña no tiene esta cara tan negra que tienes. Mis amigas no se han dado cuenta de nada” Le dije a la vuelta. No para de hacerme pasar por situaciones bochornosas. A veces, tengo que ingeniarme mil excusas… “Es la chica que me cuida” le tuve que decir a la señora del mercado, un día que la mujer nos vio juntas. No le iba a decir que era la mujer de mi hijo. ¡Válgame Dios que en su sangre reposa mi vida! Y ella, me mira, y no dice nada.

Yo quiero mucho a España y no quiero que venga esta gente en mi país, en este país por el que tanto hemos sufrido. Y peor aún, tener una en casa, que no para de sonreír a pesar de todo lo que le digo para sacarla de quicio. Mira que lo intento soportar, pero no puedo. Y pienso que jamás se lo perdonaré a mi hijo, porque creo que me acortó los días de mi vida. Nunca le perdonaré por esta situación que cada mañana me revuelve las tripas al pensar que alguien de mi entorno, mis amigas, lo puedan saber…. Y por muchos años que pasen me sigue resultando insoportable levantar la vista y ver a esta cara tan sucia en mi casa. Siempre rece para que se separasen y si iba a misa los domingos, estas eran mis plegarias, pero allí está. Mi hijo dice que ella es simple y que no tiene sueños de grandeza, que le costó horrores conquistarla y convercerla de que viniera con él y que ella le quiere de verdad. ¿Qué sabrá está, de amor?

Hoy, me he hecho mis necesidades encima. ¿Qué quieren que les diga? No sé como ha pasado. Y mi nuera con cara grave ha venido a limpiarme. Es ella la que me ducha y me pone los pañales, hasta que encontremos una enfermera. Lo hace y no dice nada. Y también se sienta a mi lado mientras lee un libro, esperando seguramente a ver si vuelvo a hacérmelo encima. No sabía que supiesen leer en esta selva de la que ha venido. Yo no quiero que me toque. Prefiero rebozarme en mis materias fecales u ahogarme en mis excrementos antes de que me tocase ella. Toda la vida luchando para acabar en mano de una negra. E impotente, cagarme encima y sólo tenerla a ella al lado. Y esto es lo que más me molesta. Que me viera en esta situación de debilidad…

Es esto lo que querías no? ¿Eh? ¿Verme así? Qué mala eres con esta carita tan sucia que tienes." le digo cada vez que con un trapo me limpia mis partes.Y de verdad que me saca de mí, que no me diga nada y que se quede mirándome y sonriéndome…

Me llamo Rogelia y el disgusto más grande de mi vida, me lo ha dado mi hijo casándose con una negra. Hubiera preferido que se haga cura o que fuera homosexual. Nunca pensé que pudiese haber algo más horrible que esto…


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jueves, 3 de noviembre de 2011

LOS ACTORES NEGROS.


Dicen que la televisión es el reflejo de la sociedad, un espejo de lo inherente a la gente de un país. La caja tonta como la llaman, nos da los más y los menos de las costumbres y de la cultura de un país, sin olvidar hacer un pequeño repaso por las culturas ajenas. Lo que viene a decir que para conocer la realidad de un país, hay que mirar sus programas televisivos.

La televisión en España muestra muchas cosas, desde la España más profunda y natural, hasta la España más aburguesada y culta. España de reyes y gitanos, España de sardanas y de ferias, España de folklóricas y de vinos… Todo esto es España y todo esto sale por los canales. Pero se mire como se mire, no hay negros en las televisiones españolas.

España es un país de muchas razas. Entonces ¿por qué hay una unificación televisiva en la que sólo se ve a gente blanca? ¿Y los negros? ¿No existen? La realidad es así.

No hay negros en las televisiones españolas.

No hay negros en las series de televisiones, ni en las salas de teatro. No hay periodistas negros. No hay presentadores negros.... No hay casi presencia negra en los medios españoles. ¿Por qué?
¿Actores negros? Pues sí los hay. Yo conozco buenísimos actores negros que estrían encantados de trabajar. Conozco profesionales negros con un arte al dialogar que serían muy buenos comunicadores televisivos. Pero “¡Oh…! Lástima… Son negros”. Para ellos no hay ninguna oportunidad, aunque formen parte de la realidad de aquí, aunque aquí sea su país.

¿Es el público que no quiere, o son las televisiones que no dan el paso? ¿Los negros no interesan o es una diferenciación en el séptimo arte?

En España los negros no son protagonistas de nada. No salen en los medios de comunicación. Y si lo hacen, pues son tienen ninguna relevancia. Y de repente, surcando alguna serie, se ve algún actor negro haciendo de ladrón o de inmigrante ilegal en pateras y de prostitutas. Estos son los papeles reservados a los negros. Papeles intranscendentes, fugaces, estereotipados e insignificativos. Estereotipos ligados al color de piel, en una España que se declara moderna y de mente abierta. Los actores negros sólo hacen de inmigrantes, de malhechores, de bailarinas y de muertos de hambre, hablando dialectos fingidos que los blancos miran con estupor y aplauden porque les subliman, estas connotaciones guturales que hacen las lenguas habladas. ¡Quimeras…! El actor negro no quiere que se le alabe por su dialecto. Sólo quiere que le reconozcan como actor; Sólo quiere poder optar igual que optan los actores blancos a premios y tener igual de oportunidad que cualquier otro, para un papel en una película que no sea únicamente un papel calcado y repetitivo.

El actor, es actor por encima de su color. Es todo un instrumento orgánico dotado de sentido de verdad y de presencia. Hay actores negros muy buenos, igual que actores blancos. La realidad española no es de un solo color. Que lo entiendan ya. Estamos en una época en la que los negros también pueden salir en la televisión e hacer papeles simples o complejos, y no sólo papeles caricaturescos de negros analfabetos.

Si por la calle hay estudiantes negros, ¿por qué no se ve en la televisión?
Si en España hay negros que trabajan en los hospitales, ¿por qué en la series no se ven?
Si hay negros por las calles, ¿por qué no se ven en las películas españolas?

Negros siempre ha habido. Muchos negros en la calle, que miran una televisión que no les representa y que no les da ninguna voz, ni ninguna presencia. Dijeron que si Obama se hacía presidente, que las cosas cambiarían. Dijeron que cuando hayan muchos negros en España, que habría un cambio radical. Obama ya es presidente, y ya hay muchísimos negros en España. Y las cosas no cambian. Los eternos segundarios somos nosotros.

¿Para cuándo un papel de protagonista para un negro en una película de blancos?

Un actor es un actor y no un color.
Una periodista es una periodista, independientemente de su color de piel.
Un presentador de programa de televisión es un presentador que sea negro o blanco.

Esto sólo cambiará el día que se levante un Spike Lee en España. Algún director transgresor que haga una película con negros y blancos o algún director negro que se ancle en transmitir los problemas de la otra población, una realidad de los otros que pueblan esta sociedad. Aquellas bofetadas virtuales que daba Spike y que tocaban los puntos sensibles y peyorativamente evidentes de la sociedad para levantar las barreras de color.

Un Spike Lee español que haga una película de negros, para pantallas blancas. Vana utopía.

¿Hay alguna esperanza para los actores negros en España?
No lo sé. Supongo que ya nadie se deja llevar por la rabia de Spike. Bastante están los directores, ocupados en películas comerciales o recogiendo premios, como para interesarse a actores que están en el olvido sólo por su color. Frustrante carrera de “Actor Negro” que va rodando la ruedecilla del ratón para ver cuando se encuentra en la red, con las palabras mágicas “Se busca actor negro…”

Un desierto actoral remarcable que dan ganas de aplaudir a los pocos directores de cine español, que dan papeles de “blancos” a actores “negros”. Que los hay, pero pocos.

¿Acaso no somos iguales que el resto?
Allí dejo mi pregunta.


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lunes, 24 de octubre de 2011

LA EXCUSA DE DIOS.


“Pedid, y se os dará. Buscad, y hallaréis. Llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe. Y él que busca, halla. Y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:7–8)

Eso dice la Biblia.

Exegesis abrumadoras que sirven para reconfortar a los que se conforman con su realidad. Si dios está y es, ¿por qué deja morir a inocentes pudiendo salvarlos? ¿Por qué tantas catástrofes y tantas desgracias? ¿Qué le pasa al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacobo?

¿Cuál es la excusa del Dios de Jeremiah, de Isaías y de los tesalonicenses?. El mismo Dios de la génesis, de los libros sapienciales y del Apocalipsis.

“Tú le suplicarás y él te escuchará… Porque él humilla la altivez del soberbio pero salva al que baja los ojos. Él libra al hombre inocente…” Está escrito en el libro de Job.

¿Dios escucha?
Y si es amor, devoción y salvador, ¿dónde estaba, cuando moría gente por millares en los campos de concentración cuando reinaba el Holocausto?
¿Dónde estaba Dios cuando en Soweto, morían jóvenes y niños bajo el lema “Liberación antes que educación” durante el Apartheid? ¿Dónde estaba Dios cuando Steve Biko, igual que muchos otros, fue arrestado y torturado hasta la muerte cuando militaba por la Liberation de su pueblo siguiendo el mismo ideal que Nelson Mandela?
¿Dónde estaba Dios cuando caían las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki?
¿Dónde está Dios cuando aún hay razas oprimidas e injusticias culturales?
¿Cuál es la excusa de Dios, ante las mujeres violadas en el Congo y los niños mutilados por minas antipersonas?

¿Acaso no ve, este Dios?

Dicen que Dios nos ha creado por y con amor. ¿Con qué sentimiento ve morir a lo que él mismo ha creado? ¿No ve como se mueren sus hijos? ¿O es que no son hijos de Dios, los que murieron en las diferentes guerras de la humanidad? Inmorales y crueles guerras, desde las de los Boers hasta la guerra de los Balcanes pasando por las mundiales, la civil española, la irabe-israeli, la de corea, de Vietnam…. Sin olvidar la guerra civil en Angola, Burundi, el conflicto de Darfur, congo, Uganda; El genocidio de Ruanda…
Catástrofes naturales. Huracán, tsunamis, hambrunas… Plagas contemporáneas y Apocalipsis moderno, como cuando los siete Ángeles derramaban sus copas en los mares y los oceanos, símbolo de la ira de Dios, a lomo de mamíferos ungulados y perisodáctilos.

…Y Dios sigue callado y mudo ante el llanto de sus propios hijos.

¿Dónde está aquel dios que ama, aquel que acoge a los necesitados?
El dios del Salmo y de Ezequiel? Dios de su hijo y de Jerusalén.
¿Dónde está el Dios que reconforta y defiende a los más débiles? Aquel que castigaba a los rancios, a los malos y vengaba a los inocentes…

Han muerto muchos, implorando a un Dios sordo que sólo escucha los cánticos y las oraciones pero que sigue ausente. ¿Cuál es tu excusa Dios? Despierta y dinos dónde estabas o a dónde vas cuando pasan esas cosas. ¿Cómo aguantas estos gritos de dolor y sigues aceptando que te canten y que te alaben?

¡Dios! ¡Dios! Es que así no puede ser.

Hemos visto cosas bárbaras. Cosas horribles. Cosas catastróficas. Desastres naturales que han quitado la vida a miles de personas, robándoles su dignidad. ¿Qué hemos hecho para que nos arrojes calamidades como a Egipto o a Babilonia?
Hemos visto cosas espeluznantes que hace el hombre a su prójimo. Y el malvado gana una guerra sobre el inocente. Y el más fuerte se aprovecha sin perdón del más débil. Y inocentes son abusados sin perdón porque no tienen la fuerza de su Dios de su lado. Dominación, dictadura, opresión, tiranía, esclavitud. ¿Desde cuándo ya no castigas a los que están en falta de hermandad? ¿Dónde está el dios que castiga a los que hacen sufrir su pueblo?
Tu castigaste a reyes sólo porque negaron hospitalidad a tu pueblo y ahora no haces nada cuando continentes enteros son masacrado y sometidos. Razas injustamente tratadas. Gente que se muere a mano de otros. ¿Dios, por qué ya no eres justo? ¿Qué pasa? ¿Ya no somos nada para ti?

Sebastian Brant dice en La nave de los necios: “Así habla el señor con ira: "Si no guardáis mis mandamientos, os enviaré plagas y muerte, guerra, hambre… y los multiplicaré de día en día y no escucharé plegarias ni lamentos; así me lo pidieron Moisés y Samuel. Tan enemigo soy del alma que no desiste del pecado, que ha de recibir su castigo, pues ¡Dios soy yo!"”

A saber qué pecados habremos cometido para que el mundo vaya tal como va. Aunque sinceramente, creo Dios, tu que perdonas siempre, que te estás pasando. Creo que hay algo que falla.

Dinos por qué nos dejas solos y desnudos debajo de esta lluvia fría y glacial.
Así que Dios, dinos cuál es tu excusa…


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lunes, 3 de octubre de 2011

EL MENDIGO NEGRO.


El otro día, iba yo por la calle.

Iba monísima vestida, con mi gran bolso en “vogue”, mis zapatos de todos los días y con aquella alegría, que confiere la tranquilidad de espíritu; La alegría de los corazones contentos. Aquel día, aquel mismo día, ese entusiasmo alborotador que me hacía caminar a pasos grandes y seguros se estampó vivamente contra la realidad.

El otro día iba yo por la calle y me encontré con un mendigo negro. Un mendigo negro. Aminoré mis pasos para mirarle mejor porque no podía creer lo que veían mis ojos. Le miré de arriba hacía abajo contemplándole en su miseria. El hombre estaba sentado en el suelo, la cabeza descansando encima de su rodilla derecha y de su mano estirada. Pies descalzo en pleno invierno, ropa sucia y zarrapastrosa, piel seca y ojos vidriosos. Me desconcertó ver a un mendigo negro. No es que nunca hubiese visto un mendigo, pero es que nunca había visto un mendigo negro en Europa.

Un negro pidiendo limosna en Europa.

Miré a mi alrededor avergonzada de que alguien pudiera pensar, como negros que éramos, que veníamos del mismo país. Pensé que aquel mendigo, avergonzaba a los negros por dar una imagen de mendicidad. Y de golpe me invadió una ira terrible. Un sentimiento de rabia contra aquel indigente, no por ser mendigo sino por ser negro y mendigar. ¿Por qué tenía limosnear? ¿Por qué tenía que pedir dinero?

Y le odié. La sensación era tan fuerte que creo que durante unos instante deje de respirar por la cólera, y por la vergüenza de la bochornosa situación. Me dio rabia pensar que aquel hombre, en su tierra tenía padres y hermanos en casa de los cuales podía comer, sin suplicar a nadie para que le dieran un par de monedas. Allí tendría una casa, por muy choza que sea, pero una casa al fin y al cabo. Allí tendría a alguien para dejarle un par de zapatos. Allí tendría agua y también tendría ropa decente. La gente será pobre en los países africanos, pero bien es conocida, nuestra hospitalidad. Allí tendría un abrazo de su gente y sonrisas en la cara de sus amigos. Allí sería alguien. Un hijo, un tío, un padre, un sobrina de alguien… A lo mejor, allí tendría una situación, una vida, una dignidad... ¿No era mejor ser mendigo en su tierra? ¿Qué tenía aquí sentado? Nada. La gente pasaba a su lado y se iba, sin dedicarle ni una mirada siquiera.

¿Sabían sus familiares de él? ¿Sabían ellos que su hijo del cual no tienen noticias desde lunas y lunas, está sentado en un suelo cualquiera de país europeo cualquiera, con la mano estirada y pasando hambre? Y se me revolcó el corazón. Pensar que a lo mejor hipotecó su vida para venir a Europa y acabar pidiendo limosna. ¿Y por que no volvía a su tierra? ¿Por qué no se iba allí e intentar su vida desde una base más hospitalaria y más inherente a él? ¿Por qué prefería vivir en la miseria sin ninguna opción de futuro?

Aún le estaba mirando, cuando de repente levantó la vista y me vio. Se me aceleró el pulso y abrí los ojos grandes, incomoda.

No sé qué pensó él. Supongo que también sintió vergüenza de ver a una negra como él, verle en esta situación. Le miré a los ojos y volví a sentir vergüenza. Pero esta vez de mí. Sentí vergüenza por juzgarle y avergonzarme de ver a un negro pidiendo limosna. Sentí vergüenza por ser una cobarde por tener miedo a que me juzgarán a mí, por su imagen a él y por no ver que mendigos, hay en todas partes. Nadie escoge ser mendigo. Sentí vergüenza porque me encontré en un dilema emocional y cultural por no saber si tenía que darle dinero o no.

Dicen que “La mano que pide siempre está debajo de la que da.”

Alguien me empujó por detrás. Volví a la realidad sobrecogida por tantas sensaciones de golpe y, como huyendo, me fui sin darle moneda alguna. No conseguí entender por qué había escogido ese hombre, vivir con su mano por debajo de las demás…


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martes, 20 de septiembre de 2011

EL SÍNDROME DE LAS FRONTERAS.

¿Síndromes?
Los hay varios.
Y cada vez más, las nuevas condiciones humanas generan diferentes tipos de cuadros clínicos y conjunto sintomático con significados y signos característicos, que definen alguna dolencia con fenotipos similares para los que tiene el mismo síndrome. Y por esto, el conjunto de fenómenos sociales también da vida a un síndrome muy característico de los inmigrantes: el Síndrome de las Fronteras derivado del Síndrome de Ulises.

Inmigrar no es fácil.

Esto lo sabe todo el mundo. El hecho de cambiar de país, de vivir una nueva realidad y las dificultades de integración social generan en los inmigrantes, un cuadro clínico llamado “Síndrome de Ulises” o el Síndrome del Inmigrante con estrés crónico y múltiple. El Síndrome de Ulises es un síndrome psicológico debido a los diferentes problemas, contratiempos o trabas sustanciales a los que hacen frente los que cambian de país. Quién no recuerda los periplos de Ulises, lejos de Ítaca, de Penélope y de los suyos cuando erraba en alta mar, bajo la ira de Poseidón. Lo canta Homero en su “Odisea”. Ulises perdido durante decenios y deseando regresar a su Ítaca natal…

E igual que Ulises, los inmigrantes yerran, perdidos en el mar social e hacen frentes a realidades circunstanciales que les someten a una situación de estrés crónico. Un estrés et un agobio agotador liado a la sensación de fallida y de fracaso por la incapacidad de muchos, de acceder al mercado laboral o a una buena adaptación social. También se debe a la sensación de lucha eterna para sobrevivir en un sistema extranjero, el miedo de no tener los papeles en regla, y la sensación de soledad por no tener a nadie. Una sensación de malestar añadido al síndrome de desposesión por el haber renunciado a todo en su país de origen y para volver a construir una vida desde cero en su país de residencia. Una prolongada sensación de desequilibrio del inmigrante por perder lo que le es más valioso; Su tierra, su gente, su familia. Separación, ruptura con lo que es suyo para darse cuenta de que no cumple los requisitos para entrar en el sistema de su país de acogida. La amarga sensación del inexorable momento en el que se da cuenta de que ha escogido mal.

Síndrome de Ulises…
Sin embargo, nadie habla del síndrome de las fronteras.

El Síndrome de las Fronteras esta originado por el síndrome de Ulises. Cuando el inmigrante se ha adaptado, cuando ya está sumergido de pleno en todos sus miedos, fobias y crudas realidades, le aparece el síndrome de las fronteras. Un miedo sordo a cruzar una frontera y salir del país por el miedo de no poder volver. El que ha cambiado de país, recuerda todo lo que le ha costado construirse una nueva vida; La lenta y larga burocracia en la elaboración de los papeles de rigor, acreditación de residencia y permisos de trabajo; Los duros proceso de integración, las largas demandas de documentos para elaborar otros documentos que darán vida a otros documentos; La lista de convalidaciones, impresos, certificaciones, visados, modelos de solicitudes à rellenar, a pagar y a presentar. Pasaporte, consulados, colas de inmigración, números de identificación, leyes de extranjería, impresos, legalizaciones, traducciones juradas…

Todo esto genera un miedo irracional al cruzar una frontera por el miedo de no poder volver a entrar en el país de residencia. El momento de control en las fronteras, a la vuelta de vacaciones, para muchos inmigrantes, es apocalíptico. Sudores, palpitaciones, ansiedad, angustia e inquietud. Nudo en la garganta, irritabilidad e alarma cuando te piden un simple documento. Preocupación excesiva y pensamientos catastróficos y nerviosismo al extremo. Se caen las maletas, se extravían documentos que hace un instante estaban allí. Risa nerviosa, presión sanguínea alta y malestar estomacal. Una espera cardíaca antes de que el agente de aduana entregue los documentos y diga “Gracias”.

Muchos en la cola de retorno de las vacaciones, tienen miedo aunque sus papeles estén correctamente en regla. Una aceleración del ritmo cardiaco por el miedo de no poder volver a entrar en su nuevo país.

Sudor, cansancio y miedo, miedo sordo de volver a perderlo todo. Miedo a tener que volver a empezar, sabiendo lo duro que fue. Miedo a salir de aquel país de residencia en el que tanto te costó hacerte un hueco. Miedo por tanto control y tanta dureza en las leyes de inmigración.

Miedo a no poder volver atrás… Síndrome de las Fronteras.


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jueves, 28 de julio de 2011

UN ARMARIO REVUELTO.

 

Me voy de vacaciones.
Y así se queda mi Armario. Revuelto.
Revuelto, porque con las prisas, no lo he podido ordenar todo. Revuelto, por las emociones intensas de este año y por el olor de los cambios que están por venir…
Y así se queda mi Armario. Con prendas colgadas por todas partes. Las dejo, porque sé que cuando vuelva, ya las ordenaré.

Me voy a buscar conversaciones, a descubrir personas.
Me voy a escribir experiencias y a vivir lugares.
Pero aquí dejo otras, no menos bonitas. Una corriente diferente.

Dicen que “Rico o pobre, quien se piensa que no lo es, no lo es.” Y es verdad. Yo lo soy. Rica. Rica en gente queme lee cada vez, rica en vosotros, rica de verdad.

Me voy y dejo mi armario abierto, porque las prendas, no dejan de ser sólo prendas....


LA NIÑA NEGRA QUE SE DIBUJABA BLANCA:
Érase una vez, una niña negra que se dibujaba blanca. Era negra, negra, negra pero se dibujaba blanca. Era negra como las noches sin luna, con unos ojos ...Leer más.


MENDEL AL CUADRADO:
La genética, de manera simple y elemental, es la rama de la biología que da a entender los más y los menos de las herencias biológicas, de caracteres que se transmiten de generación... Leer más...


AFRICA EN POSITIVO:
África es más que gente enferma. África es más que niños desnutridos. África es más que países subdesarrollados. África conocida por sus desastres… Leer más.


LA LAIA ES DE AQUÍ:
La Laia es una mezcla de culturas, como muchos otros niños, con padres de nacionalidades diferentes. Es una preciosidad, un encanto de niña, con su pelo rizado, sus hoyuelos… Leer más.


PORQUE ESTO ES ÀFRICA:
Nos hemos pasado media vida, con informaciones distintas de diversas fuentes y de diversos países. Y estas informaciones hacen que cada uno tenga su opinión respeto a las realidades... Leer más.


IMIGRANTE E EXTRANJERO:
Una vez, a un taxista, le encomendaron ir a buscar a un grupo de extranjeros, entre los cuales yo, para un evento en un canal de televisión... Leer más.


LÁSTIMA QUE SEA NEGRA…:
Yo no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores. Seguramente, no pensó en qué podríamos sufrir vejaciones.Comentarios como... Leer más.


SÍ, SOY AFRICANA...:
Sí, soy africana y nunca he visto un cocodrilo.Sí, soy africana pero en mi país, los leones no pasean por las callesSí, soy africana y no iba a la escuela a espalda de elefante... Leer más.


¿POR QUÉ TIENEN LAS NEGRAS EL CULO ASÍ ?:
¿Qué será lo que hace que las negras tengan el culo así? ¿Por qué será? Antes de todo, quiero que cualquiera que se lea este texto, no intente en ningún momento... Leer más.


NEGRO CACA I – SIMONE GBAGBO:
Pena. Rabia. Vergüenza. Impotencia.
Es lo que siento cada vez que miro esta foto.
Cada vez que miro los ojos de esta mujer, se me deshilache ... Leer más

BLANCOS FELICES, NEGROS ALEGRES:
Mucha gente confunde felicidad y alegría. Pero no les veamos como zotes, tarugos, o zafios. No tienen la culpa. Hay conceptos...Leer más.



QUERIDA RUTH:
Querida Ruth. Recibo hoy tu carta después de casi diez años sin saber nada de ti. La última vez que nos vimos tú eras una joven muchacha sudanesa perdida en... Leer más.



NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN:
“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve... Leer más.


LIGAR EN ÁFRICA:
Yo jamás había ligado en África. Jamás.
Después de dos décadas, Nunca había ligado. No es que no me gustará nadie, pero es que yo no le gustaba a nadie. Dice el principio de la reciprocidad... Leer más.


Y aquí están.
Y aquí se quedan.
Y aquí me voy.
Y aquí nos veremos… Si así lo quiere Júpiter.

Buenas vacaciones a todos. Y muchas gracias por adentraos en este Armario tan revuelto.

GRACIAS.

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lunes, 25 de julio de 2011

¿ LOS ESPAÑOLES OS CONSIDERÁIS BLANCOS ?


Estoy con una mujer danesa con la que cada vez tengo una relación más cercana y más íntima. Pasamos en su coche por el barrio más pijo y conservador de Copenhague y sin darle más vueltas comento que ese barrio no tiene extranjeros. Me dice que es cierto, que allí "solo hay blancos". Eso da pie a que se ponga a hablar sobre las razas. Como ya tiene suficientemente confianza conmigo, la conversación en un momento dado se transforma en esto:

Mi amiga (danesa rubia de ojos azules): Oye, ¿pero los españoles os consideráis blancos?
Yo (no danesa y no tan rubia): ¡Pues clarooooo!
Ella: Pero, ¿en serio?
Yo: Joder, claro que en serio.
Ella: Pero... los españoles tenéis los ojos marrones, el pelo oscuro y la piel morena... muy morena. No sois blancos.

Pongo mi brazo a su lado para que lo vea y compare con el suyo.

Yo: ¡De hecho mi piel es más blanca que la tuya, leche!
Ella: Pues es verdad, pero tú eres una excepción. ¿Así que de verdad creéis que sois blancos?
Yo: Por supuesto. La gente morena también puede ser "blanca".
Ella: ¿Y crees que los italianos creen que son blancos también?
Yo: Sí.
Ella: ¿Y los griegos?
Yo: Por supuestooooo.
Ella: Pero los europeos del sur no sois igual de blancos que nosotros, no podemos ser la misma raza...
Yo: ¿O sea, que para ser blanco hay que ser rubio?
Ella: No, no, si mi madre era morena. Pero vosotros sois oscuros de piel. ¿Y los turcos también se creen que son blancos?
Yo: POR SUPUESTO.
Ella: Jajaja, pues eso ni de coña. Ahí la distinción está clarísima. No pueden ser iguales que nosotros.

Esto me recuerda a muchas otras ocasiones en las que he tenido que hablar sobre la supuesta oscuridad de mi color de piel. Y es terrible tener estas conversaciones. Primero, porque no creo en las razas como para tener que estar dividiendo a la gente en algo que ni entiendo ni existe. Segundo, porque si fuera marrón o negra o como quieran llamarme aquí, no entiendo por qué debería ser un problema ni un motivo de distinción, y menos todavía de discriminación. Tercero, porque es increíble que incluso teniéndome delante y comparando mi piel con la suya puedan seguir con lo mismo. Incluso viajando al sur de Europa constantemente como hacen pueden seguir sin ver con otros ojos que los de sus prejuicios a la gente que encuentran. Cuarto, porque su idea de lo que es ser blanco es tan asquerosamente etnocéntrica y racista. Los blancos son rubios y con ojos claros. Los demás somos "blancos falsos". Creen que los verdaderos blancos son los europeos del norte de los Alpes. Es decir, que siguen con todas esas ideas nazis sobre la pureza de la raza, la blancura como signo de superioridad y demás basura. Quinto, porque para recolmo aparentemente la religión también determina tu raza y si eres musulmán, como la mayoría de los turcos, desde luego no pueden meterte en la misma etiqueta que utilizan para sí mismos.

Imaginad pues cómo es ser de un lugar no europeo y con una raza visiblemente diferente en este país... Me canso de tener que escuchar y discutir lo mismo una y otra vez.


Escrito por LILLE SKVAT autora del blog http://lilleskvat.blogspot.com/

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lunes, 18 de julio de 2011

LA SUPREMACÍA DEL HOMBRE BLANCO.


De verdad que el hombre blanco tiene un poder.

Su supremacía no sólo consiste en que se considere que es superior. No. La supremacía del hombre blanco es el poder de hacernos creer a toda la humanidad que tiene una hegemonía sobre todas las demás razas, una idea que sigue presente en nuestras consciencias hasta ahora. La superioridad del hombre blanco es el poder de meter en nuestro subconsciente, una preponderancia de la civilización europea por encima de las otras civilizaciones, aunque sea una idea equivocada.

Ernest Renan dijo en su discurso de la nación: “… La naturaleza ha hecho una raza de obreros y es la raza china… Una raza de trabajadores de la tierra, y es la raza negra… Una raza de dueños y de soldados, que es la raza europea…”

Y, con una misma corriente ideológica, David Hume dijo: “Sospecho que los negros y en general todas las otras especies de hombres son naturalmente inferiores a los blancos. Nunca hubo una nación civilizada que no tuviera la tez blanca, ni individuos eminentes en la acción o la especulación. No han creado ingeniosas manufacturas, ni artes, ni ciencias… Y esto por no mencionar nuestras colonias, donde hay esclavos negros dispersados por toda Europa, de los cuales no se ha descubierto ningún síntoma de ingenio…”


E igual que ellos, Voltaire, Emmanuel Kant, el zoólogo G. Cuvier, Montesquieu, Hegel, Guy de Maupassant… Varios “intelectuales” que en su tiempo dieron su opinión inquebrantable y racista sobre la negritud y la supremacía de su raza.

En aquellos siglos, la gente lo proclamaba y lo clamaba a todo viento. Un etnocentrismo egoísta que sólo buscaba la hegemonía de los blancos sobre las otras razas, mediante una violenta dominación social, intelectual y política. Pero ahora, ya nadie pronuncia esas aberraciones y sin embargo, la gente sigue viéndolo todo igual. El mundo sigue viendo la potencia de una civilización no solamente por su cultura sino simplemente por su color de piel. En la actualidad, ya es imposible ver alabado un cartel denigrando a los negros o a cualquier otra raza, y sin embargo la gente sigue actuando como si estuviéramos aún en aquel maldito entonces.

Aún podemos achacar esas palabras necias de Renan y de Hume, a unos espíritus simples y a las corrientes racistas imperantes en aquella época del siglo XIX. Pero lo que es aterrador es que estos sofismas estén incrustados en las mentes y en las conciencias individuales de todo el mundo hasta el día de hoy. Falacias, argumentaciones poco avispadas que se camuflan detrás de los libros, detrás de la modernidad, de la educación y que por mucho que uno no quiera, se le hacen presentes inconcientemente.

Cuando los blancos van a África, muchos se quedan extrañados por la gran amabilidad de algunos africanos, para no hablar de todos. Una afabilidad exagerada, en el que el blanco parece ser un dios venido a la tierra. Es verdad que los africanos somos muy hospitalarios pero esto, ya pasa los limites de la hospitalidad. El blanco es adulado, camelado y halagado hasta limites bochornosos y humillantes, por negros cobistas y melosos, a los que nunca les han dicho la frase de Renan, y sin embargo lo tienen en su subconsciente.
En general en los países africanos, hay una discriminación positiva a favor de los blancos. Un segregacionismo vergonzoso que les permite entrar primero en todos los sitios, pasar primeros las fronteras de entrada en dichos países y gozar de más privilegios que los propios negros del lugar.

¿Es esto normal?

¿Por qué los negros, algunos, siguen tratando a los blancos como si estuviéramos aún en la época de los colonos? ¿Cómo lo han conseguido, los blancos?
Es la supremacía del hombre blanco. Años de historia que han hecho mucho daño. Pero la Historia ya es historia. ¿Entonces porque las cosas siguen así?

¿Es superior el hombre blanco, por blanco?

Muchos negros no saben porque tienen esa necesidad de tratar mejor al hombre de piel más clara. Un comportamiento sin explicación, porque todos sabemos que ya se ha acabado la esclavitud. Un complejo de negros tan latente que no nos deja ser naturales cuando vemos a los blancos en África. Una alteración de la realidad que nos hace sobreactuar a la vista del hombre blanco. Una supremacía tan arraigada que le hace creer a los negros que no pueden hacer nada por sí-mismos y que siempre es mejor todo lo que es del hombre blanco.
Y eso, sabiendo como son tratados los inmigrantes en los países del norte, sabiendo las dificultades que encontramos todos a la hora de entrar en sus países, para encontrar un trabajo para sobrevivir en sus países.
¿Cómo puede ser que nosotros se los pongamos todo tan fácil? ¿Por qué es mejor visto en mi país el blanco, que yo?

La supremacía del hombre blanco.

¿Es por el dinero? ¿Es por su capacidad de trabajo? No. Porque también los japoneses ocupan un lugar bastante remarcable en la economía mundial y sin embargo el mundo no tiene esta sorda o absurda admiración hacía ellos. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Cómo han conseguido que los negros, los propios blancos, los sudamericanos, los asiáticos, todos, tengamos inculcada la supremacía del hombre blanco? ¿Cómo es posible que todo un planeta tenga asumida, esa preeminencia del hombre blanco?

No sé cómo será en los otros continentes, pero en los países africanos, los negros se afanan para complacer al hombre blanco, y no saben ni por qué.

Y yo me pregunto: ¿Cómo lo han conseguido?

Arthur R. Jensen, genético de los años 70 decía: “la inferioridad intelctual de los negros es genética. El numero de genes de la inteligencia de los negros, es inferior al de los blancos…”

A ver si va a ser verdad, porque tantos siglos más tarde y que nosotros sigamos tratando los blancos de dioses sólo por su color de piel, es realmente de tontos.

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lunes, 4 de julio de 2011

NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN...


“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”

Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve es toda la lucha personal que ha tenido que hacer para hacerse un sitio en una sociedad que no es la suya. Pequeñas luchas internas, que sólo entienden los que luchan en el mismo bando. Pero igual que Soprano, hay muchos otros jóvenes, de hoy en día que les tocó vivir una realidad que ellos no escogieron… Aquí va la realidad de Alo.

- ¿Cómo te llamas?
- Alo…
- ¿Hablamos de recuerdos?

Cuando llegue a España, no hablaba castellano y me daban miedo los blancos. Tenía 5 años. Pequeño, curioso y un poco travieso, me vine dejando atrás, mi río natal, mis palmeras, las casas de tierra batida de mi pueblo y todos mis amigos que como yo, no tenían ninguna idea de lo que era “irse”…
Mi padre tenía unos amigos que nos acogieron en su casa, aquí en España. Eran blancos y mi padre trabajaba para ellos en unas oficinas que tenían en Barcelona.

Empecé la escuela a los 8 años. Mi primer día fue escandaloso. Yo era el primer negro que se matriculaba allí. Recuerdo un bullicio alborotador que me dejó aturdido. Todos los niños hicieron un coro a mí alrededor para mirarme y para tocarme. Nunca habían visto un negro. Me asombró su ignorancia. Sólo recuerdo de este día, que no tenía miedo alguno. Les miraba con curiosidad mientras ellos, curiosos también, me miraban y me palpaban descaradamente. Y aún allí, no me di cuenta de lo que me esperaba durante todos los años siguientes…

Durante un tiempo, se repitieron incidentes como los de aquel día. Me rodeaban y me miraban, hablando todos a la vez. Al final, acabé acostumbrándome… En la escuela tenían actividades que desde mi perspectiva, me resultaban peculiares. Pero lo que más odiaba eran las fiestas de carnaval. Las odiaba con todas mis fuerza. Y con canciones que institucionalizaban la burla y el racismo, como la de Mecano “Blues del esclavo” o algunas de Georgie Dann, me sentía humillado cuando se disfrazaban de negros, pintándose y colgándose un hueso en la cabeza. Yo tendría sólo 8 años, pero venía de África y nunca había visto negros con huesos en la cabeza. Nunca entendí por qué se disfrazaban de una cosa que para ellos, era motivo de mofa y de desprecio. También coincidió mi estancia allí, con la serie “Raíces” de Alex Haley y pasaron a llamarme Kunta Kinte cuando querían reírse de mí. Se metían conmigo y me llevaba de vez en cuando, alguna que otra paliza sin importancia. Pero esto era lo de menos. Éramos pequeños… A parte, también tengo que decir que tuve amigos, niños que en esa época, fueron muy buenos compañeros.

Un día, a los 10 años, me vinieron a pegar unos niños. Y mientras me pegaba con uno, recibiendo golpes de otro, alguien me golpeó en la espalda. Me giré y vi que era un niño de 6 años, hermano de los que me pegaban. El niño hacía lo que hacían sus hermanos. Y esto me hizo pensar. El niño imitaba sus hermanos. Y me di cuenta, mientras la revelación me dejaba indefenso bajo los puños de aquellos niños, que a veces, calcamos cosas sólo porque lo hace gente que queremos, sin plantearnos nada. Actitud gregaria y borreguil de niños, que serán el futuro de su sociedad.
Las palizas se encadenaban. Los golpes y las burlas también. Todo siguió igual, hasta que un día me tuve que enfrentar a uno de los chicos más fuerte de la escuela. Ya desesperado y empujado por la rabia de la injusticia, casi le estrangulé. Pagué con él, el dolor de tanta crueldad y de tanta insensibilidad que tenían hacía mí. Yo era un niño como ellos, igual que ellos. Le pegué con toda la rabia de mis 11 años, le pegué ensañando con él toda la furia de tantas mofas y burlas por cosas que yo no había escogido, le pegué con toda la fuerza de aquellos sentimientos de soledad y de marginalización que yo había sufrido durante tanto tiempo… Y desde este día, me gané un poco de respeto.

Recuerdo mis años en la escuela con mucha nostalgia, a pesar de todo lo que pasé allí. No era más que un niño rebelde porque no entendía porque se metían conmigo, niños e incluso algunos maestros, sólo por lo que yo era… En casa tampoco era fácil y estos temas eran, para nosotros, problemas menores.

De mayor tuve que pasar algunos momentos de bochorno porque el color a veces era una barrera a una relación. Más que de mí, la gente se reía de la persona con la que salía, sólo porque salía conmigo…
Y aquello de que te pidan papeles por la cara o más bien por el color… Y un día, decidí que se acabó. Que se acabó aquello de tener miedo sólo porque hay gente que se piensa que cualquier negro es ilegal. Decidí que la policía es policía, fuerza del orden y que no hay que echarse a correr cuando les vemos. Aunque cuando te ven, te avasallan por negro y si pueden, pues te pegan… Decidí que se acabó y desde entonces, más de una vez, me he negado a enseñar mis papeles. Me ha costado alguna tarde en comisaría, pero el amor propio intacto me compensa.
Más tarde me aliste en el ejército y allí me tuve que enfrentar a algunos que llevaban camisetas de grupos nazis como estirpe imperial, batallón de castigo y cuadros de franco. ¿Racismo?



Empecé a tener más conciencia de mi negritud y de las trabas que había en esta sociedad. Empecé a frecuentar ambientes de negros. Y allí me di cuenta de que también había segregaciones geográficas y odios étnicos entre gente de diferentes países africanos. Increíble, sórdido y triste porque en lugar de juntarnos para ser más fuertes, nos dejamos cegar por convicciones erróneas. Con las otras familias negras que había en nuestro barrio, nos veíamos poco. Quedábamos de vez en cuando para alguna boda o alguna comunión. De lo que me arrepiento hoy es de no haber hecho más piña entre todos y luchar juntos en esta guerra de marginalización, en lugar de hacerlo por separado como lo hicimos.

Luego me hice más fuerte y más grande. Me hice muy buenos amigos. Y puedo presumir de tener muy buenos amigos. A lo largo de mi vida, me he esforzado para ser el mejor en todo. En lo cultural, en lo interno, en los estudios y en el trabajo, en todo. Para que nadie me viera como algo menos.
Todavía, del pasado hay algunas imágenes que me vuelven. Recuerdos dolorosos, como cuando aquel conductor de bus hizo bajar a mi madre delante de todos, bramando y gritándole. Me dolió como un disparo en el pecho. Un sentimiento sordo de odio y de rabia contra aquel señor que trataba a mi madre así, por que era negra. Yo no hubiera podido vivir en Sudáfrica o en USA en los 60’s, porque ya estaría muerto o viviendo en la clandestinidad. Pero lo que he aprendido a lo largo de todos estos años, es que es mejor utilizar la astucia, que la propia fuerza física. De pequeño aún me pegaba con los otros niños Pero de mayor, jamás. Me he negado siempre a llegar a estos extremos, pase lo que pase. Me niego a pelear y fío ciegamente mi integridad a mi verbo que es más devastador que mi puño negro.

- ¿Cómo te sentiste durante todos estos años?

Muchos años de mi infancia, me he sentido excluido. Totalmente. Y diferente. Muchas veces, incluso de niño, he sentido rabia y estupefacción. Tristeza nunca. Me sorprendía ver las relaciones que tenía yo con los niños de aquí. Yo antes de venir a Europa, tenía amigos con los que compartía tardes de juegos. Y aquí nada y no entendía por qué. No entendía porque simplemente me menospreciaban por mi color de piel. Y no era que lo suponía, sino porque me lo decían claramente, espetándomelo sin tacto.

A lo largo de mi vida, muchas veces me negaba a llorar, aunque sintiese muy dentro de mí, el dolor por un inmerecido trato. No quería darles el lujo de verme llorar porque no era sólo yo. Era todo lo que yo representaba. Mi familia, mis amigos, mi raza…
Así que ahora tengo que seguir luchando para superarme e irme a envejecer bajo las palmeras de la casa que me dejo mi abuelo en Mbini. Allí está mi hogar, mi paz, mi gente. Aunque siempre hay un día en que piensas: “Qué difícil es todo” y alguna vez, me pregunto si llegaré… Bajones que me dan, pero necesarios para tomar más impulso y llegar más alto. Triste atardecer de la vida y consecuencias de la decisiones de mis padres. Yo no escogí venir a vivir a Europa. Sólo, he vivido todo lo que me ha tocado vivir, aunque solo.

La época que yo viví era una época bastante difícil para los negros, aquí en España. Casi no había negros. Cruzarte con uno en la calle era todo un acontecimiento, no como ahora.

Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, hubiera ido a sentarme al lado de Rosa Parks.
Me hubiera ido al templo de Harlem, para empujar a Malcom antes de que le alcance la bala.
Me hubiera ido en la celda de Mandela y le hubiera dicho: “Aguanta… tus ideas te harán presidente de Sudáfrica”.
Me hubiera ido en la casa de Kunta Kinte o a Gorée y les hubiera dado fusiles antes de que llegaran los colonos.
Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a los tiradores africanos y les diría que tratan a sus hijos de “inmigrantes de mierda”.

- ¿Qué harías tú si tuvieras el poder Hiro Nakamura?
- Pues iría al futuro a ver si sirvió de algo todo lo que hicieron Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, James Meredith, Leopold Sedar Senghor, Stephen Biko, Mandela... Todos aquellos que valientemente han luchado por los derechos civiles y la igualad entre negros y blancos. Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría al futuro a ver si ha cambiado algo porque después de tanto tiempo, todo va aún muy lento…

A Alo, no le conocéis. Pero yo sí.
Y me parece increíble que detrás de esa sonrisa y este aire gallardo, elegante y culto, haya habido tanto sufrimiento.
Alo es mi amigo.

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martes, 28 de junio de 2011

MI JUVENTUD SE VA ...


“Mi juventud se va, a lo largo de un poema. Y de una rima a la otra, se va con los brazos colgando… Mi juventud se va, hacía la fuente seca y los segadores de mimbre siegan mis veinte años…”

Eso decía la canción. Y así me siento yo, a la víspera de echar el cierre a todos mis veinte, entrando en otra década más de edad y con mi juventud escapándose a paso lento, hacia la fuente muerta...

He pasado mis años errando en la amarga melancolía de los recuerdos y en un mar de dudas. He pasado mi vida paseando sola en la orilla de las aventuras y dispersa por las ganas de gustar a los demás.

Décadas melancólicas. Infancia dura, adolescencia reprimida y juventud indecisa. Personalidad plagada de contradicciones. Absurda y sensata, he absorbido todo lo que me enseñaban. Candida, ingenua y crédula, me lo he creído todo. Todo, e incluso que el mundo era justo.

Infancia de aromas. Olor lavanda. Lavanda, romero y sábanas estiradas. Infancia de recuerdos. Pequeña y frágil, he recibido tantos golpes a lo largo de mi infancia, que aunque yo no lo supiese me han tenido mortificada y apartada de las decisiones propias. Miedo a equivocarme, inseguridad, inestabilidad, indecisión… Los tengo todos. Golpes físicos, que me dolían tanto que alguna vez me hicieron mear encima, de dolor, abandonándome a la angustia y a la tristeza de la ausencia de mis padres.

He estado viviendo sin saber nada de la vida. He estado encerrada en mi misma, leyendo libros en lenguas muertas y navegando en rimas baratas y fáciles. He pasado por mundos maravillosos, soñando con poemas y versos de Víctor Hugo. He llorado con aquellas canciones de los años de libertad, que hablaban de desamor y de soledad, aspirando los suspiros de más de un chico de las fiestas de la adolescencia. Chicos cuyas caras ni recuerdo… He vivido mi pubertad, encerrada en mi mundo, escribiendo cartas de amor sin destinatario y con anhelos lavados por la osadía de la ignorancia.

Sentimientos de la vida y experiencias que van borrado nuestras huellas, dejando un vacío enorme en nuestras consciencias. Vacío terrible y desmesurado que nos hace contar los años y ver que es mucho ya, lo vivido y esforzándonos para recordar cosas de nuestra niñez que se niegan en aparecer… Mi juventud se va. Y me doy cuenta, que las estrellas y el mar ya no me gustan tanto.
Ya no volveré a los lugares de mi adolescencia, porque aquí está el otoño de mi vida. Tardes de charlas y mañanas tristes, tantas que dejo ahora atrás, locura transitiva y emociones a flor de piel. El dolor de las amistades perdidas y el abandono del lugar de mi niñez. Todo lo dejo ahora, cerrando la puerta de todos mis veinte años.

Tres décadas que cumplo. Años metálicos e intensos. Años de rabia por objetivos no cumplidos, de decepciones y del mismo desamor del que hablaban las canciones de mi adolescencia.
Mi juventud se va, con la melodía lúgubre y lánguida de una guitarra. Se va en silencio y lo hace sigilosamente, sin dejarme marcas porque tampoco he vivido nada.
Mi juventud se va y se lleva todos los colores de mis veinte años. Todas las flores de mis años y los olores de mi madurez.

Los años me endiñan una inmerecida bofetada con mis noches solitarias, y con la melancolía de los orgasmos que hacen llorar, porque cuando queremos disfrutar de nuestras alegrías, las destrozamos. Mi juventud se va con todo a cuestas, dejándome con los lienzos en blancos y con los sueños inacabados, con la niña que no tendré y con los rayos de sol que ya se van apagando.
Mi juventud se va y tiene cogida de la mano a la niña curiosa, inquieta y siempre sonriendo y a la adolescente que jamás fue rebelde. Mi juventud se va, como la niña de mis veinte, aventurera y buscando una respuesta a todo. Aquella joven que sufría las decepciones como un pájaro herido y conteniendo las lágrimas, dolorida. Yo sé su dolor, yo conozco su pasión. Se gira una última vez, me dice adiós con la mano y se va. Se van y me dejan con todo, con mis miedos y mis frustraciones, con mis alegrías y mis penas, con una inmensa nostalgia.

No tenemos nada adquirido, dice Luis Aragón. Y cuando abrimos nuestros brazos, como para mostrar nuestra felicidad, nuestra sombra dibuja una cruz… El tiempo de aprender a vivir y ya es muy tarde…

Mi juventud se va. Aquí me quedaré yo, esperando las estaciones y tejiendo el aburrimiento, pensando en la niña que yo quería tener, con el corazón cargado de plomo, como cuando el mar llora sus olas.

Mi juventud se va, marchitándome…


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