lunes, 16 de junio de 2014

EL MISONEÍSMO.


Misoneísmo.
(Del gr. μισεν, odiar, neo- e -ismo).
1.      m. Actitud propia del misoneísta, aversión a lo nuevo.

A veces hay pálpitos del corazón que nos muestran la complejidad de las cosas. A veces la vida da brincos y nos lleva de un camino a otro. Y muchísimas veces, las circunstancias incrustan dentro de nuestra mente miedos y fobias grotescas.

El misoneísmo según el diccionario es una aversión a la novedad. El misoneísmo según las definiciones sociales es el miedo a los cambios. Un miedo atroz ante la posibilidad de tomar decisiones o de cambiar el rumbo de las cosas. Una sensación de entumecimiento que deja los músculos flácidos y pesados. El misoneísmo deja al misoneísta parado en un estado de actividad cero y con aún menos poder de decisión. Nulidad absoluta ante un futuro incierto que deja el misoneísta en un estado febril. Una sensación de desasosiego y de angustia lavada por la desesperación.

Soy misoneísta. Y tengo miedo, fobia y horror a los cambios.

No hablo de cambios materiales. No. Sino de los cambios sustanciales, de cambios de gran relevancia. Aquellos cambios que llevan nuestras vidas a la casilla de salida. Cambios fundamentales y decisivos que parecen llevarnos a caminos sin rumbo en los que adaptarse parece un verbo imposible y un espejismo. Cambios cíclópeos que sacuden y que nos dejan pasmados ante lo que podría ser una realidad. 

No sé el por qué de mi misoneísmo pero lo soy hasta la medula. Soy misoneísta y no soporto que cambie ninguna variable de mi vida. Soy misoneísta y me gusta mantener mi vida intacta. No me importa vivir cada día lo mismo o siempre tener las mismas dinámicas. Me gustan mis costumbres y siempre haría lo mismo. Me gusta saber a qué me agarro y odio las improvisaciones que conllevan grandes cambios. Me gusta mi rutina y me cuesta aceptar que no hay mal que por bien no venga. 

Sé que los cambios son buenos pero mi misoneísmo no me lo deja ver. Me impide poder caminar y borra dentro de mí todas las iniciativas y todo el dinamismo. Nada vale la pena. Todo es confuso y no hay más que obstáculos. La vida me parece insulsa y difícil y yo me veo banal. Soy nula, porque me vuelvo minúscula ante cualquier cambio que se me presente en mi vida. Ante los cambios, no reacciono y me cuesta asimilar hasta los detalles más pequeños. No tengo fuerza para nada. Soy misoneísta y no siento ni ganas, ni fuerza para cambiar de vida. Mi misoneísmo me aplasta y no puedo ni moverme. Sólo quiero dormir y no tengo ni fuerza para llorar. Soy misoneísta y me desgarro por dentro porque siento pavor ante lo desconocido. Un bajón tremendo que deja piedras en mi corazón y en mi alma. Soy misoneísta y con los cambios, dejo de ser… Otro miedo, poco a poco adquirido.

Odio ser misoneísta. Yo no era así. ¿Dónde se han ido mis ganas? ¿Dónde se ha escondido mi sonrisa? ¿Y de dónde me ha salido está dolencia tan machacadora?

Este palpito que siento… ¿Acaso se avecina un cambio? Mis piernas ya flaquean y mis brazos pesan un quintal. Mi cuerpo se niega a moverse y allí estaré en un rato, estirada y perdida, confusa y triste, sin saber muy bien hacía donde dirigir otra vez los amarres de mi vida. Misoneísmo en su estado puro, que va incrementando su potencia con el paso de los años y con la suma de la desilusiones.

Soy misoneísta y cada vez que lo pienso deseo con toda mi fuerza dejar de serlo. Porque mi misoneísmo se está extendiendo hasta los pequeños detalles de mi vida. Y cualquier cambio, por muy pequeño que sea, me deja exhausta.

Si el futuro me fuera contado, yo aceptaría los cambios. Si la vida me diera equilibrio, yo aceptaría adaptarme. Pero el porvenir no está a mi alcance. Tengo miedo. Siento miedo. Soy misoneísta y aunque sé que no pasa nada con los cambios, no puedo dejar de serlo…

Ojala encuentre pronto la manera de aceptar tantos cambios y disfrutar de ellos. Soy misoneísta y admiro la gente que siempre tiene una actitud positiva ante todo lo que les viene. Porque en este mundo que gira y gira, poder aceptar los cambios es una virtud.

Soy misoneísta y siento una hostilidad bárbara hacía los cambios.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Yaivi, es lógico ese miedo en una niña "huérfana" como tú. ¡Eres tan tierna! Y el mundo, la mayoría de las veces, hace tanto daño...Pero vale la pena por los pocos momentos de belleza y felicidad.

WhiteSkull dijo...

Que raro para alguien "joven", yo pienso que más que misonea eres una cómoda, pero cómo todos, cuando nos econtramos en una situación poco exigente no nos gustaría cambiar o que cambien los factores que nos mantienen en esa comodidad... posiblemente el cambio que comentas sea alguno que pueda llevarte a una situación de incertidumbre, pero que deseas, y a la vez deseas pero te niegas a llevar a cabo o aceptarlo porque temes que luego puedas arrepentirte o que la situación torne a peor antes del cambio.

Iñaki G. López de Castro dijo...

Me encanta tu grado de honestidad. Eso es lo que vale. A partir de ahí, es cuando se puede empezar uno a transformarse. Confía.

Mario Misael Centeno dijo...

A un grado de franqueza como el tuyo, uno se vuelve más liviano. La neutralidad, la inercia puede ser un buen espacio para vivir, yo opto por el cambio. Pero me encantó leerte.
Saludos.

Anónimo dijo...

Mas bien conservadora, empleando una palabra sencilla?