miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL DISGUSTO DE ROGELIA.


Me llamo Rogelia.
Tengo 89 años. Soy una mujer fuerte y entera y no me gustan las simplezas de la vida. Dura infancia, por las crisis económicas y hastiados años de moza por la segunda guerra mundial y la guerra civil española, he crecido en la España más revuelta. Aquellos años eran durísimos. Y, cogida por el temor de las jóvenes de aquellas épocas, me casé, tarde, con el primer hombre que me miró. Mejor malmaridada que sola…

No les diré de dónde nos vino nuestra fortuna, pero mi marido y yo, pasamos de no tener nada, a tenerlo absolutamente todo, de un día para el otro. Y tengo que reconocer que la vida se ve mucho más bonita desde arriba, desde la riqueza material. Me quede viuda muy temprano y tengo un único hijo, que tuve tarde y no es para menos, pero es lo más bonito que me ha pasado en la vida. Un hijo culto, educado, guapo… ¿Quién no querría tener un hijo así?

Y en todos mis años, hoy, mi hijo me ha dado el golpe más duro de mi vida. Hoy, dejando ya atrás un sonado divorcio con una chica que yo misma modelé para él, mi hijo ha vuelto a casa con una mujer negra.
Este ha sido el disgusto más grande de mi vida. Una decepción que me ha tenido varios días yacente, con un mal cuerpo al pensar cómo afrontar la sociedad con esta mancha en nuestra familia, en nuestro honor. Casi me caí cuando la trajo a casa.

No les voy a engañar. Hubiera preferido que se haga cura o que sea homosexual. Antes me aterraba la idea que pudiese ser uno de estos que les gustaban gente de su mismo sexo. Le amenacé. Le dije que le mataría si algún día me daba esta contrariedad. Pero nunca me imaginé que hubiera algo más vergonzoso que tener un hijo homosexual.

Y allí la tengo mirándome y sonriéndome. Parece un mono de estos países que ya, por aversión, jamás había visitado. Y encima se ríe de mí, porque le he preguntado si ellas también tienen aparatos genitales como nosotras las blancas. No para de reír y es algo que me saca de mí. No contesta nada cuando le pregunto si ha venido a llevarse todo el dinero de mi hijo. Mi dinero. Y va lista si se piensa que dejaré que mi hijo se gaste en ella, más de lo mínimo. Yo soy dueña de mi hijo. Hasta ahora había hecho todo lo que yo quería. Y ahora por culpa de esta, tan fea, ya ni le reconozco.

Llevo varios días sin hablarme con mi hijo. No sé si algún día se lo llegaré a perdonar. Yo ya no tengo edad para estos disgustos. Y no entiendo por qué no paran de ir y de volver. Viajes por aquí, cenas por allí… “No te preocupes por el dinero mamá” me dice. Él sabe que yo no le eduqué para ser derrochador. Yo hago kilómetros para tomarme un café en el pueblo de al lado donde la taza de café es unos céntimos, más barata. Y ¿para qué se tiene que sentar en un restaurante para comer cuando va a Barcelona, si puede ir a casa de mi amiga Carmen que vive en esos bajos fondos de Sant Adrián en el Besos? ¡Esto, he hecho yo siempre! Ahorrar antes que vivir. Y así ahorré yo toda mi vida, para que ahora venga un simio antropoide a robárnoslo.
“¿Por qué no te quedaste en este sucio país de donde eres?” le espeté un día. “¿Ahora que ya tienes el blanco rico que querías, ya te has quedado a gusto?” Y la miro, pero ella no se inmuta. “¿Querías esto no? ¿Ahora estás contenta?" Y no me dice nada.

Ahora tendría que ser feliz, pero sólo lo soy a medias. Mi hijo ha tenido una criatura con ella. Y por suerte de Dios, que yo soy muy católica, la niña ha nacido blanca como su padre. Casi no se le nota los rasgos de esta impostora. Esto es lo que me salvó delante de mis amigas, el día que quedamos porque querían conocer a mi nieta. Respiré aliviada porque ninguna de ellas se dio cuenta de que mi nieta era medio negra. Ya hice bien de decirle a la hipócrita, que me esperase en la estación para que me llevara yo a la niña con mis amigas. Me trajo la niña y ya se pensó que podía venir conmigo. ¡Ha! ¡Pues no! Estuvo esperando horas, en el frío de la estación hasta que volví con la criatura. “Suerte que la niña no tiene esta cara tan negra que tienes. Mis amigas no se han dado cuenta de nada” Le dije a la vuelta. No para de hacerme pasar por situaciones bochornosas. A veces, tengo que ingeniarme mil excusas… “Es la chica que me cuida” le tuve que decir a la señora del mercado, un día que la mujer nos vio juntas. No le iba a decir que era la mujer de mi hijo. ¡Válgame Dios que en su sangre reposa mi vida! Y ella, me mira, y no dice nada.

Yo quiero mucho a España y no quiero que venga esta gente en mi país, en este país por el que tanto hemos sufrido. Y peor aún, tener una en casa, que no para de sonreír a pesar de todo lo que le digo para sacarla de quicio. Mira que lo intento soportar, pero no puedo. Y pienso que jamás se lo perdonaré a mi hijo, porque creo que me acortó los días de mi vida. Nunca le perdonaré por esta situación que cada mañana me revuelve las tripas al pensar que alguien de mi entorno, mis amigas, lo puedan saber…. Y por muchos años que pasen me sigue resultando insoportable levantar la vista y ver a esta cara tan sucia en mi casa. Siempre rece para que se separasen y si iba a misa los domingos, estas eran mis plegarias, pero allí está. Mi hijo dice que ella es simple y que no tiene sueños de grandeza, que le costó horrores conquistarla y convercerla de que viniera con él y que ella le quiere de verdad. ¿Qué sabrá está, de amor?

Hoy, me he hecho mis necesidades encima. ¿Qué quieren que les diga? No sé como ha pasado. Y mi nuera con cara grave ha venido a limpiarme. Es ella la que me ducha y me pone los pañales, hasta que encontremos una enfermera. Lo hace y no dice nada. Y también se sienta a mi lado mientras lee un libro, esperando seguramente a ver si vuelvo a hacérmelo encima. No sabía que supiesen leer en esta selva de la que ha venido. Yo no quiero que me toque. Prefiero rebozarme en mis materias fecales u ahogarme en mis excrementos antes de que me tocase ella. Toda la vida luchando para acabar en mano de una negra. E impotente, cagarme encima y sólo tenerla a ella al lado. Y esto es lo que más me molesta. Que me viera en esta situación de debilidad…

Es esto lo que querías no? ¿Eh? ¿Verme así? Qué mala eres con esta carita tan sucia que tienes." le digo cada vez que con un trapo me limpia mis partes.Y de verdad que me saca de mí, que no me diga nada y que se quede mirándome y sonriéndome…

Me llamo Rogelia y el disgusto más grande de mi vida, me lo ha dado mi hijo casándose con una negra. Hubiera preferido que se haga cura o que fuera homosexual. Nunca pensé que pudiese haber algo más horrible que esto…


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jueves, 3 de noviembre de 2011

LOS ACTORES NEGROS.


Dicen que la televisión es el reflejo de la sociedad, un espejo de lo inherente a la gente de un país. La caja tonta como la llaman, nos da los más y los menos de las costumbres y de la cultura de un país, sin olvidar hacer un pequeño repaso por las culturas ajenas. Lo que viene a decir que para conocer la realidad de un país, hay que mirar sus programas televisivos.

La televisión en España muestra muchas cosas, desde la España más profunda y natural, hasta la España más aburguesada y culta. España de reyes y gitanos, España de sardanas y de ferias, España de folklóricas y de vinos… Todo esto es España y todo esto sale por los canales. Pero se mire como se mire, no hay negros en las televisiones españolas.

España es un país de muchas razas. Entonces ¿por qué hay una unificación televisiva en la que sólo se ve a gente blanca? ¿Y los negros? ¿No existen? La realidad es así.

No hay negros en las televisiones españolas.

No hay negros en las series de televisiones, ni en las salas de teatro. No hay periodistas negros. No hay presentadores negros.... No hay casi presencia negra en los medios españoles. ¿Por qué?
¿Actores negros? Pues sí los hay. Yo conozco buenísimos actores negros que estrían encantados de trabajar. Conozco profesionales negros con un arte al dialogar que serían muy buenos comunicadores televisivos. Pero “¡Oh…! Lástima… Son negros”. Para ellos no hay ninguna oportunidad, aunque formen parte de la realidad de aquí, aunque aquí sea su país.

¿Es el público que no quiere, o son las televisiones que no dan el paso? ¿Los negros no interesan o es una diferenciación en el séptimo arte?

En España los negros no son protagonistas de nada. No salen en los medios de comunicación. Y si lo hacen, pues son tienen ninguna relevancia. Y de repente, surcando alguna serie, se ve algún actor negro haciendo de ladrón o de inmigrante ilegal en pateras y de prostitutas. Estos son los papeles reservados a los negros. Papeles intranscendentes, fugaces, estereotipados e insignificativos. Estereotipos ligados al color de piel, en una España que se declara moderna y de mente abierta. Los actores negros sólo hacen de inmigrantes, de malhechores, de bailarinas y de muertos de hambre, hablando dialectos fingidos que los blancos miran con estupor y aplauden porque les subliman, estas connotaciones guturales que hacen las lenguas habladas. ¡Quimeras…! El actor negro no quiere que se le alabe por su dialecto. Sólo quiere que le reconozcan como actor; Sólo quiere poder optar igual que optan los actores blancos a premios y tener igual de oportunidad que cualquier otro, para un papel en una película que no sea únicamente un papel calcado y repetitivo.

El actor, es actor por encima de su color. Es todo un instrumento orgánico dotado de sentido de verdad y de presencia. Hay actores negros muy buenos, igual que actores blancos. La realidad española no es de un solo color. Que lo entiendan ya. Estamos en una época en la que los negros también pueden salir en la televisión e hacer papeles simples o complejos, y no sólo papeles caricaturescos de negros analfabetos.

Si por la calle hay estudiantes negros, ¿por qué no se ve en la televisión?
Si en España hay negros que trabajan en los hospitales, ¿por qué en la series no se ven?
Si hay negros por las calles, ¿por qué no se ven en las películas españolas?

Negros siempre ha habido. Muchos negros en la calle, que miran una televisión que no les representa y que no les da ninguna voz, ni ninguna presencia. Dijeron que si Obama se hacía presidente, que las cosas cambiarían. Dijeron que cuando hayan muchos negros en España, que habría un cambio radical. Obama ya es presidente, y ya hay muchísimos negros en España. Y las cosas no cambian. Los eternos segundarios somos nosotros.

¿Para cuándo un papel de protagonista para un negro en una película de blancos?

Un actor es un actor y no un color.
Una periodista es una periodista, independientemente de su color de piel.
Un presentador de programa de televisión es un presentador que sea negro o blanco.

Esto sólo cambiará el día que se levante un Spike Lee en España. Algún director transgresor que haga una película con negros y blancos o algún director negro que se ancle en transmitir los problemas de la otra población, una realidad de los otros que pueblan esta sociedad. Aquellas bofetadas virtuales que daba Spike y que tocaban los puntos sensibles y peyorativamente evidentes de la sociedad para levantar las barreras de color.

Un Spike Lee español que haga una película de negros, para pantallas blancas. Vana utopía.

¿Hay alguna esperanza para los actores negros en España?
No lo sé. Supongo que ya nadie se deja llevar por la rabia de Spike. Bastante están los directores, ocupados en películas comerciales o recogiendo premios, como para interesarse a actores que están en el olvido sólo por su color. Frustrante carrera de “Actor Negro” que va rodando la ruedecilla del ratón para ver cuando se encuentra en la red, con las palabras mágicas “Se busca actor negro…”

Un desierto actoral remarcable que dan ganas de aplaudir a los pocos directores de cine español, que dan papeles de “blancos” a actores “negros”. Que los hay, pero pocos.

¿Acaso no somos iguales que el resto?
Allí dejo mi pregunta.


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lunes, 24 de octubre de 2011

LA EXCUSA DE DIOS.


“Pedid, y se os dará. Buscad, y hallaréis. Llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe. Y él que busca, halla. Y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:7–8)

Eso dice la Biblia.

Exegesis abrumadoras que sirven para reconfortar a los que se conforman con su realidad. Si dios está y es, ¿por qué deja morir a inocentes pudiendo salvarlos? ¿Por qué tantas catástrofes y tantas desgracias? ¿Qué le pasa al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacobo?

¿Cuál es la excusa del Dios de Jeremiah, de Isaías y de los tesalonicenses?. El mismo Dios de la génesis, de los libros sapienciales y del Apocalipsis.

“Tú le suplicarás y él te escuchará… Porque él humilla la altivez del soberbio pero salva al que baja los ojos. Él libra al hombre inocente…” Está escrito en el libro de Job.

¿Dios escucha?
Y si es amor, devoción y salvador, ¿dónde estaba, cuando moría gente por millares en los campos de concentración cuando reinaba el Holocausto?
¿Dónde estaba Dios cuando en Soweto, morían jóvenes y niños bajo el lema “Liberación antes que educación” durante el Apartheid? ¿Dónde estaba Dios cuando Steve Biko, igual que muchos otros, fue arrestado y torturado hasta la muerte cuando militaba por la Liberation de su pueblo siguiendo el mismo ideal que Nelson Mandela?
¿Dónde estaba Dios cuando caían las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki?
¿Dónde está Dios cuando aún hay razas oprimidas e injusticias culturales?
¿Cuál es la excusa de Dios, ante las mujeres violadas en el Congo y los niños mutilados por minas antipersonas?

¿Acaso no ve, este Dios?

Dicen que Dios nos ha creado por y con amor. ¿Con qué sentimiento ve morir a lo que él mismo ha creado? ¿No ve como se mueren sus hijos? ¿O es que no son hijos de Dios, los que murieron en las diferentes guerras de la humanidad? Inmorales y crueles guerras, desde las de los Boers hasta la guerra de los Balcanes pasando por las mundiales, la civil española, la irabe-israeli, la de corea, de Vietnam…. Sin olvidar la guerra civil en Angola, Burundi, el conflicto de Darfur, congo, Uganda; El genocidio de Ruanda…
Catástrofes naturales. Huracán, tsunamis, hambrunas… Plagas contemporáneas y Apocalipsis moderno, como cuando los siete Ángeles derramaban sus copas en los mares y los oceanos, símbolo de la ira de Dios, a lomo de mamíferos ungulados y perisodáctilos.

…Y Dios sigue callado y mudo ante el llanto de sus propios hijos.

¿Dónde está aquel dios que ama, aquel que acoge a los necesitados?
El dios del Salmo y de Ezequiel? Dios de su hijo y de Jerusalén.
¿Dónde está el Dios que reconforta y defiende a los más débiles? Aquel que castigaba a los rancios, a los malos y vengaba a los inocentes…

Han muerto muchos, implorando a un Dios sordo que sólo escucha los cánticos y las oraciones pero que sigue ausente. ¿Cuál es tu excusa Dios? Despierta y dinos dónde estabas o a dónde vas cuando pasan esas cosas. ¿Cómo aguantas estos gritos de dolor y sigues aceptando que te canten y que te alaben?

¡Dios! ¡Dios! Es que así no puede ser.

Hemos visto cosas bárbaras. Cosas horribles. Cosas catastróficas. Desastres naturales que han quitado la vida a miles de personas, robándoles su dignidad. ¿Qué hemos hecho para que nos arrojes calamidades como a Egipto o a Babilonia?
Hemos visto cosas espeluznantes que hace el hombre a su prójimo. Y el malvado gana una guerra sobre el inocente. Y el más fuerte se aprovecha sin perdón del más débil. Y inocentes son abusados sin perdón porque no tienen la fuerza de su Dios de su lado. Dominación, dictadura, opresión, tiranía, esclavitud. ¿Desde cuándo ya no castigas a los que están en falta de hermandad? ¿Dónde está el dios que castiga a los que hacen sufrir su pueblo?
Tu castigaste a reyes sólo porque negaron hospitalidad a tu pueblo y ahora no haces nada cuando continentes enteros son masacrado y sometidos. Razas injustamente tratadas. Gente que se muere a mano de otros. ¿Dios, por qué ya no eres justo? ¿Qué pasa? ¿Ya no somos nada para ti?

Sebastian Brant dice en La nave de los necios: “Así habla el señor con ira: "Si no guardáis mis mandamientos, os enviaré plagas y muerte, guerra, hambre… y los multiplicaré de día en día y no escucharé plegarias ni lamentos; así me lo pidieron Moisés y Samuel. Tan enemigo soy del alma que no desiste del pecado, que ha de recibir su castigo, pues ¡Dios soy yo!"”

A saber qué pecados habremos cometido para que el mundo vaya tal como va. Aunque sinceramente, creo Dios, tu que perdonas siempre, que te estás pasando. Creo que hay algo que falla.

Dinos por qué nos dejas solos y desnudos debajo de esta lluvia fría y glacial.
Así que Dios, dinos cuál es tu excusa…


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martes, 20 de septiembre de 2011

EL SÍNDROME DE LAS FRONTERAS.

¿Síndromes?
Los hay varios.
Y cada vez más, las nuevas condiciones humanas generan diferentes tipos de cuadros clínicos y conjunto sintomático con significados y signos característicos, que definen alguna dolencia con fenotipos similares para los que tiene el mismo síndrome. Y por esto, el conjunto de fenómenos sociales también da vida a un síndrome muy característico de los inmigrantes: el Síndrome de las Fronteras derivado del Síndrome de Ulises.

Inmigrar no es fácil.

Esto lo sabe todo el mundo. El hecho de cambiar de país, de vivir una nueva realidad y las dificultades de integración social generan en los inmigrantes, un cuadro clínico llamado “Síndrome de Ulises” o el Síndrome del Inmigrante con estrés crónico y múltiple. El Síndrome de Ulises es un síndrome psicológico debido a los diferentes problemas, contratiempos o trabas sustanciales a los que hacen frente los que cambian de país. Quién no recuerda los periplos de Ulises, lejos de Ítaca, de Penélope y de los suyos cuando erraba en alta mar, bajo la ira de Poseidón. Lo canta Homero en su “Odisea”. Ulises perdido durante decenios y deseando regresar a su Ítaca natal…

E igual que Ulises, los inmigrantes yerran, perdidos en el mar social e hacen frentes a realidades circunstanciales que les someten a una situación de estrés crónico. Un estrés et un agobio agotador liado a la sensación de fallida y de fracaso por la incapacidad de muchos, de acceder al mercado laboral o a una buena adaptación social. También se debe a la sensación de lucha eterna para sobrevivir en un sistema extranjero, el miedo de no tener los papeles en regla, y la sensación de soledad por no tener a nadie. Una sensación de malestar añadido al síndrome de desposesión por el haber renunciado a todo en su país de origen y para volver a construir una vida desde cero en su país de residencia. Una prolongada sensación de desequilibrio del inmigrante por perder lo que le es más valioso; Su tierra, su gente, su familia. Separación, ruptura con lo que es suyo para darse cuenta de que no cumple los requisitos para entrar en el sistema de su país de acogida. La amarga sensación del inexorable momento en el que se da cuenta de que ha escogido mal.

Síndrome de Ulises…
Sin embargo, nadie habla del síndrome de las fronteras.

El Síndrome de las Fronteras esta originado por el síndrome de Ulises. Cuando el inmigrante se ha adaptado, cuando ya está sumergido de pleno en todos sus miedos, fobias y crudas realidades, le aparece el síndrome de las fronteras. Un miedo sordo a cruzar una frontera y salir del país por el miedo de no poder volver. El que ha cambiado de país, recuerda todo lo que le ha costado construirse una nueva vida; La lenta y larga burocracia en la elaboración de los papeles de rigor, acreditación de residencia y permisos de trabajo; Los duros proceso de integración, las largas demandas de documentos para elaborar otros documentos que darán vida a otros documentos; La lista de convalidaciones, impresos, certificaciones, visados, modelos de solicitudes à rellenar, a pagar y a presentar. Pasaporte, consulados, colas de inmigración, números de identificación, leyes de extranjería, impresos, legalizaciones, traducciones juradas…

Todo esto genera un miedo irracional al cruzar una frontera por el miedo de no poder volver a entrar en el país de residencia. El momento de control en las fronteras, a la vuelta de vacaciones, para muchos inmigrantes, es apocalíptico. Sudores, palpitaciones, ansiedad, angustia e inquietud. Nudo en la garganta, irritabilidad e alarma cuando te piden un simple documento. Preocupación excesiva y pensamientos catastróficos y nerviosismo al extremo. Se caen las maletas, se extravían documentos que hace un instante estaban allí. Risa nerviosa, presión sanguínea alta y malestar estomacal. Una espera cardíaca antes de que el agente de aduana entregue los documentos y diga “Gracias”.

Muchos en la cola de retorno de las vacaciones, tienen miedo aunque sus papeles estén correctamente en regla. Una aceleración del ritmo cardiaco por el miedo de no poder volver a entrar en su nuevo país.

Sudor, cansancio y miedo, miedo sordo de volver a perderlo todo. Miedo a tener que volver a empezar, sabiendo lo duro que fue. Miedo a salir de aquel país de residencia en el que tanto te costó hacerte un hueco. Miedo por tanto control y tanta dureza en las leyes de inmigración.

Miedo a no poder volver atrás… Síndrome de las Fronteras.


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jueves, 28 de julio de 2011

UN ARMARIO REVUELTO.

 

Me voy de vacaciones.
Y así se queda mi Armario. Revuelto.
Revuelto, porque con las prisas, no lo he podido ordenar todo. Revuelto, por las emociones intensas de este año y por el olor de los cambios que están por venir…
Y así se queda mi Armario. Con prendas colgadas por todas partes. Las dejo, porque sé que cuando vuelva, ya las ordenaré.

Me voy a buscar conversaciones, a descubrir personas.
Me voy a escribir experiencias y a vivir lugares.
Pero aquí dejo otras, no menos bonitas. Una corriente diferente.

Dicen que “Rico o pobre, quien se piensa que no lo es, no lo es.” Y es verdad. Yo lo soy. Rica. Rica en gente queme lee cada vez, rica en vosotros, rica de verdad.

Me voy y dejo mi armario abierto, porque las prendas, no dejan de ser sólo prendas....


LA NIÑA NEGRA QUE SE DIBUJABA BLANCA:
Érase una vez, una niña negra que se dibujaba blanca. Era negra, negra, negra pero se dibujaba blanca. Era negra como las noches sin luna, con unos ojos ...Leer más.


MENDEL AL CUADRADO:
La genética, de manera simple y elemental, es la rama de la biología que da a entender los más y los menos de las herencias biológicas, de caracteres que se transmiten de generación... Leer más...


AFRICA EN POSITIVO:
África es más que gente enferma. África es más que niños desnutridos. África es más que países subdesarrollados. África conocida por sus desastres… Leer más.


LA LAIA ES DE AQUÍ:
La Laia es una mezcla de culturas, como muchos otros niños, con padres de nacionalidades diferentes. Es una preciosidad, un encanto de niña, con su pelo rizado, sus hoyuelos… Leer más.


PORQUE ESTO ES ÀFRICA:
Nos hemos pasado media vida, con informaciones distintas de diversas fuentes y de diversos países. Y estas informaciones hacen que cada uno tenga su opinión respeto a las realidades... Leer más.


IMIGRANTE E EXTRANJERO:
Una vez, a un taxista, le encomendaron ir a buscar a un grupo de extranjeros, entre los cuales yo, para un evento en un canal de televisión... Leer más.


LÁSTIMA QUE SEA NEGRA…:
Yo no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores. Seguramente, no pensó en qué podríamos sufrir vejaciones.Comentarios como... Leer más.


SÍ, SOY AFRICANA...:
Sí, soy africana y nunca he visto un cocodrilo.Sí, soy africana pero en mi país, los leones no pasean por las callesSí, soy africana y no iba a la escuela a espalda de elefante... Leer más.


¿POR QUÉ TIENEN LAS NEGRAS EL CULO ASÍ ?:
¿Qué será lo que hace que las negras tengan el culo así? ¿Por qué será? Antes de todo, quiero que cualquiera que se lea este texto, no intente en ningún momento... Leer más.


NEGRO CACA I – SIMONE GBAGBO:
Pena. Rabia. Vergüenza. Impotencia.
Es lo que siento cada vez que miro esta foto.
Cada vez que miro los ojos de esta mujer, se me deshilache ... Leer más

BLANCOS FELICES, NEGROS ALEGRES:
Mucha gente confunde felicidad y alegría. Pero no les veamos como zotes, tarugos, o zafios. No tienen la culpa. Hay conceptos...Leer más.



QUERIDA RUTH:
Querida Ruth. Recibo hoy tu carta después de casi diez años sin saber nada de ti. La última vez que nos vimos tú eras una joven muchacha sudanesa perdida en... Leer más.



NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN:
“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve... Leer más.


LIGAR EN ÁFRICA:
Yo jamás había ligado en África. Jamás.
Después de dos décadas, Nunca había ligado. No es que no me gustará nadie, pero es que yo no le gustaba a nadie. Dice el principio de la reciprocidad... Leer más.


Y aquí están.
Y aquí se quedan.
Y aquí me voy.
Y aquí nos veremos… Si así lo quiere Júpiter.

Buenas vacaciones a todos. Y muchas gracias por adentraos en este Armario tan revuelto.

GRACIAS.

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lunes, 4 de julio de 2011

NEGROS DE PRIMERA GENERACIÓN...


“Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a Martín Luther King después de su discurso y le enseñaría la foto de Obama…”

Soprano lo dice en su canción. Supongo que lo que le mueve es toda la lucha personal que ha tenido que hacer para hacerse un sitio en una sociedad que no es la suya. Pequeñas luchas internas, que sólo entienden los que luchan en el mismo bando. Pero igual que Soprano, hay muchos otros jóvenes, de hoy en día que les tocó vivir una realidad que ellos no escogieron… Aquí va la realidad de Alo.

- ¿Cómo te llamas?
- Alo…
- ¿Hablamos de recuerdos?

Cuando llegue a España, no hablaba castellano y me daban miedo los blancos. Tenía 5 años. Pequeño, curioso y un poco travieso, me vine dejando atrás, mi río natal, mis palmeras, las casas de tierra batida de mi pueblo y todos mis amigos que como yo, no tenían ninguna idea de lo que era “irse”…
Mi padre tenía unos amigos que nos acogieron en su casa, aquí en España. Eran blancos y mi padre trabajaba para ellos en unas oficinas que tenían en Barcelona.

Empecé la escuela a los 8 años. Mi primer día fue escandaloso. Yo era el primer negro que se matriculaba allí. Recuerdo un bullicio alborotador que me dejó aturdido. Todos los niños hicieron un coro a mí alrededor para mirarme y para tocarme. Nunca habían visto un negro. Me asombró su ignorancia. Sólo recuerdo de este día, que no tenía miedo alguno. Les miraba con curiosidad mientras ellos, curiosos también, me miraban y me palpaban descaradamente. Y aún allí, no me di cuenta de lo que me esperaba durante todos los años siguientes…

Durante un tiempo, se repitieron incidentes como los de aquel día. Me rodeaban y me miraban, hablando todos a la vez. Al final, acabé acostumbrándome… En la escuela tenían actividades que desde mi perspectiva, me resultaban peculiares. Pero lo que más odiaba eran las fiestas de carnaval. Las odiaba con todas mis fuerza. Y con canciones que institucionalizaban la burla y el racismo, como la de Mecano “Blues del esclavo” o algunas de Georgie Dann, me sentía humillado cuando se disfrazaban de negros, pintándose y colgándose un hueso en la cabeza. Yo tendría sólo 8 años, pero venía de África y nunca había visto negros con huesos en la cabeza. Nunca entendí por qué se disfrazaban de una cosa que para ellos, era motivo de mofa y de desprecio. También coincidió mi estancia allí, con la serie “Raíces” de Alex Haley y pasaron a llamarme Kunta Kinte cuando querían reírse de mí. Se metían conmigo y me llevaba de vez en cuando, alguna que otra paliza sin importancia. Pero esto era lo de menos. Éramos pequeños… A parte, también tengo que decir que tuve amigos, niños que en esa época, fueron muy buenos compañeros.

Un día, a los 10 años, me vinieron a pegar unos niños. Y mientras me pegaba con uno, recibiendo golpes de otro, alguien me golpeó en la espalda. Me giré y vi que era un niño de 6 años, hermano de los que me pegaban. El niño hacía lo que hacían sus hermanos. Y esto me hizo pensar. El niño imitaba sus hermanos. Y me di cuenta, mientras la revelación me dejaba indefenso bajo los puños de aquellos niños, que a veces, calcamos cosas sólo porque lo hace gente que queremos, sin plantearnos nada. Actitud gregaria y borreguil de niños, que serán el futuro de su sociedad.
Las palizas se encadenaban. Los golpes y las burlas también. Todo siguió igual, hasta que un día me tuve que enfrentar a uno de los chicos más fuerte de la escuela. Ya desesperado y empujado por la rabia de la injusticia, casi le estrangulé. Pagué con él, el dolor de tanta crueldad y de tanta insensibilidad que tenían hacía mí. Yo era un niño como ellos, igual que ellos. Le pegué con toda la rabia de mis 11 años, le pegué ensañando con él toda la furia de tantas mofas y burlas por cosas que yo no había escogido, le pegué con toda la fuerza de aquellos sentimientos de soledad y de marginalización que yo había sufrido durante tanto tiempo… Y desde este día, me gané un poco de respeto.

Recuerdo mis años en la escuela con mucha nostalgia, a pesar de todo lo que pasé allí. No era más que un niño rebelde porque no entendía porque se metían conmigo, niños e incluso algunos maestros, sólo por lo que yo era… En casa tampoco era fácil y estos temas eran, para nosotros, problemas menores.

De mayor tuve que pasar algunos momentos de bochorno porque el color a veces era una barrera a una relación. Más que de mí, la gente se reía de la persona con la que salía, sólo porque salía conmigo…
Y aquello de que te pidan papeles por la cara o más bien por el color… Y un día, decidí que se acabó. Que se acabó aquello de tener miedo sólo porque hay gente que se piensa que cualquier negro es ilegal. Decidí que la policía es policía, fuerza del orden y que no hay que echarse a correr cuando les vemos. Aunque cuando te ven, te avasallan por negro y si pueden, pues te pegan… Decidí que se acabó y desde entonces, más de una vez, me he negado a enseñar mis papeles. Me ha costado alguna tarde en comisaría, pero el amor propio intacto me compensa.
Más tarde me aliste en el ejército y allí me tuve que enfrentar a algunos que llevaban camisetas de grupos nazis como estirpe imperial, batallón de castigo y cuadros de franco. ¿Racismo?



Empecé a tener más conciencia de mi negritud y de las trabas que había en esta sociedad. Empecé a frecuentar ambientes de negros. Y allí me di cuenta de que también había segregaciones geográficas y odios étnicos entre gente de diferentes países africanos. Increíble, sórdido y triste porque en lugar de juntarnos para ser más fuertes, nos dejamos cegar por convicciones erróneas. Con las otras familias negras que había en nuestro barrio, nos veíamos poco. Quedábamos de vez en cuando para alguna boda o alguna comunión. De lo que me arrepiento hoy es de no haber hecho más piña entre todos y luchar juntos en esta guerra de marginalización, en lugar de hacerlo por separado como lo hicimos.

Luego me hice más fuerte y más grande. Me hice muy buenos amigos. Y puedo presumir de tener muy buenos amigos. A lo largo de mi vida, me he esforzado para ser el mejor en todo. En lo cultural, en lo interno, en los estudios y en el trabajo, en todo. Para que nadie me viera como algo menos.
Todavía, del pasado hay algunas imágenes que me vuelven. Recuerdos dolorosos, como cuando aquel conductor de bus hizo bajar a mi madre delante de todos, bramando y gritándole. Me dolió como un disparo en el pecho. Un sentimiento sordo de odio y de rabia contra aquel señor que trataba a mi madre así, por que era negra. Yo no hubiera podido vivir en Sudáfrica o en USA en los 60’s, porque ya estaría muerto o viviendo en la clandestinidad. Pero lo que he aprendido a lo largo de todos estos años, es que es mejor utilizar la astucia, que la propia fuerza física. De pequeño aún me pegaba con los otros niños Pero de mayor, jamás. Me he negado siempre a llegar a estos extremos, pase lo que pase. Me niego a pelear y fío ciegamente mi integridad a mi verbo que es más devastador que mi puño negro.

- ¿Cómo te sentiste durante todos estos años?

Muchos años de mi infancia, me he sentido excluido. Totalmente. Y diferente. Muchas veces, incluso de niño, he sentido rabia y estupefacción. Tristeza nunca. Me sorprendía ver las relaciones que tenía yo con los niños de aquí. Yo antes de venir a Europa, tenía amigos con los que compartía tardes de juegos. Y aquí nada y no entendía por qué. No entendía porque simplemente me menospreciaban por mi color de piel. Y no era que lo suponía, sino porque me lo decían claramente, espetándomelo sin tacto.

A lo largo de mi vida, muchas veces me negaba a llorar, aunque sintiese muy dentro de mí, el dolor por un inmerecido trato. No quería darles el lujo de verme llorar porque no era sólo yo. Era todo lo que yo representaba. Mi familia, mis amigos, mi raza…
Así que ahora tengo que seguir luchando para superarme e irme a envejecer bajo las palmeras de la casa que me dejo mi abuelo en Mbini. Allí está mi hogar, mi paz, mi gente. Aunque siempre hay un día en que piensas: “Qué difícil es todo” y alguna vez, me pregunto si llegaré… Bajones que me dan, pero necesarios para tomar más impulso y llegar más alto. Triste atardecer de la vida y consecuencias de la decisiones de mis padres. Yo no escogí venir a vivir a Europa. Sólo, he vivido todo lo que me ha tocado vivir, aunque solo.

La época que yo viví era una época bastante difícil para los negros, aquí en España. Casi no había negros. Cruzarte con uno en la calle era todo un acontecimiento, no como ahora.

Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, hubiera ido a sentarme al lado de Rosa Parks.
Me hubiera ido al templo de Harlem, para empujar a Malcom antes de que le alcance la bala.
Me hubiera ido en la celda de Mandela y le hubiera dicho: “Aguanta… tus ideas te harán presidente de Sudáfrica”.
Me hubiera ido en la casa de Kunta Kinte o a Gorée y les hubiera dado fusiles antes de que llegaran los colonos.
Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría a ver a los tiradores africanos y les diría que tratan a sus hijos de “inmigrantes de mierda”.

- ¿Qué harías tú si tuvieras el poder Hiro Nakamura?
- Pues iría al futuro a ver si sirvió de algo todo lo que hicieron Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks, James Meredith, Leopold Sedar Senghor, Stephen Biko, Mandela... Todos aquellos que valientemente han luchado por los derechos civiles y la igualad entre negros y blancos. Si tuviera el poder de Hiro Nakamura, iría al futuro a ver si ha cambiado algo porque después de tanto tiempo, todo va aún muy lento…

A Alo, no le conocéis. Pero yo sí.
Y me parece increíble que detrás de esa sonrisa y este aire gallardo, elegante y culto, haya habido tanto sufrimiento.
Alo es mi amigo.

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martes, 28 de junio de 2011

MI JUVENTUD SE VA ...


“Mi juventud se va, a lo largo de un poema. Y de una rima a la otra, se va con los brazos colgando… Mi juventud se va, hacía la fuente seca y los segadores de mimbre siegan mis veinte años…”

Eso decía la canción. Y así me siento yo, a la víspera de echar el cierre a todos mis veinte, entrando en otra década más de edad y con mi juventud escapándose a paso lento, hacia la fuente muerta...

He pasado mis años errando en la amarga melancolía de los recuerdos y en un mar de dudas. He pasado mi vida paseando sola en la orilla de las aventuras y dispersa por las ganas de gustar a los demás.

Décadas melancólicas. Infancia dura, adolescencia reprimida y juventud indecisa. Personalidad plagada de contradicciones. Absurda y sensata, he absorbido todo lo que me enseñaban. Candida, ingenua y crédula, me lo he creído todo. Todo, e incluso que el mundo era justo.

Infancia de aromas. Olor lavanda. Lavanda, romero y sábanas estiradas. Infancia de recuerdos. Pequeña y frágil, he recibido tantos golpes a lo largo de mi infancia, que aunque yo no lo supiese me han tenido mortificada y apartada de las decisiones propias. Miedo a equivocarme, inseguridad, inestabilidad, indecisión… Los tengo todos. Golpes físicos, que me dolían tanto que alguna vez me hicieron mear encima, de dolor, abandonándome a la angustia y a la tristeza de la ausencia de mis padres.

He estado viviendo sin saber nada de la vida. He estado encerrada en mi misma, leyendo libros en lenguas muertas y navegando en rimas baratas y fáciles. He pasado por mundos maravillosos, soñando con poemas y versos de Víctor Hugo. He llorado con aquellas canciones de los años de libertad, que hablaban de desamor y de soledad, aspirando los suspiros de más de un chico de las fiestas de la adolescencia. Chicos cuyas caras ni recuerdo… He vivido mi pubertad, encerrada en mi mundo, escribiendo cartas de amor sin destinatario y con anhelos lavados por la osadía de la ignorancia.

Sentimientos de la vida y experiencias que van borrado nuestras huellas, dejando un vacío enorme en nuestras consciencias. Vacío terrible y desmesurado que nos hace contar los años y ver que es mucho ya, lo vivido y esforzándonos para recordar cosas de nuestra niñez que se niegan en aparecer… Mi juventud se va. Y me doy cuenta, que las estrellas y el mar ya no me gustan tanto.
Ya no volveré a los lugares de mi adolescencia, porque aquí está el otoño de mi vida. Tardes de charlas y mañanas tristes, tantas que dejo ahora atrás, locura transitiva y emociones a flor de piel. El dolor de las amistades perdidas y el abandono del lugar de mi niñez. Todo lo dejo ahora, cerrando la puerta de todos mis veinte años.

Tres décadas que cumplo. Años metálicos e intensos. Años de rabia por objetivos no cumplidos, de decepciones y del mismo desamor del que hablaban las canciones de mi adolescencia.
Mi juventud se va, con la melodía lúgubre y lánguida de una guitarra. Se va en silencio y lo hace sigilosamente, sin dejarme marcas porque tampoco he vivido nada.
Mi juventud se va y se lleva todos los colores de mis veinte años. Todas las flores de mis años y los olores de mi madurez.

Los años me endiñan una inmerecida bofetada con mis noches solitarias, y con la melancolía de los orgasmos que hacen llorar, porque cuando queremos disfrutar de nuestras alegrías, las destrozamos. Mi juventud se va con todo a cuestas, dejándome con los lienzos en blancos y con los sueños inacabados, con la niña que no tendré y con los rayos de sol que ya se van apagando.
Mi juventud se va y tiene cogida de la mano a la niña curiosa, inquieta y siempre sonriendo y a la adolescente que jamás fue rebelde. Mi juventud se va, como la niña de mis veinte, aventurera y buscando una respuesta a todo. Aquella joven que sufría las decepciones como un pájaro herido y conteniendo las lágrimas, dolorida. Yo sé su dolor, yo conozco su pasión. Se gira una última vez, me dice adiós con la mano y se va. Se van y me dejan con todo, con mis miedos y mis frustraciones, con mis alegrías y mis penas, con una inmensa nostalgia.

No tenemos nada adquirido, dice Luis Aragón. Y cuando abrimos nuestros brazos, como para mostrar nuestra felicidad, nuestra sombra dibuja una cruz… El tiempo de aprender a vivir y ya es muy tarde…

Mi juventud se va. Aquí me quedaré yo, esperando las estaciones y tejiendo el aburrimiento, pensando en la niña que yo quería tener, con el corazón cargado de plomo, como cuando el mar llora sus olas.

Mi juventud se va, marchitándome…


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martes, 21 de junio de 2011

LÁSTIMA QUE SEA NEGRA...


El racismo pasa por las calles. Está en los detalles de cada día. Está aquí, allí e allá también… Revolotea por las conciencias, pero mezquinamente se esconde y vuelve a aparecer, arraigado en todas las costumbres elementales.

Yo no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores.
Seguramente, no pensó en qué podríamos sufrir vejaciones.
Comentarios como exégesis incómodas y aborrecedores
Humillación, desdén, desprecio, altivez y mortificaciones.

En el Dahomey, corre un rumor que dice que a los blancos les encantan las chicas negras y que cualquier negra en Europa puede enamorarse de quien quiera y casarse y ser feliz, como en África… Una mentira burda y vulgar.
En los matrimonios mixtos, de negros y de blancos, muchos europeos ya de por sí, aunque no todos, ven un amor interesado por parte del negro o de la negra. Muchos, incultos cerdamente ignorantes, juegan a ser dioses y se atreven a evidenciar los intereses, que según ellos, persiguen los que no somos de aquí: dinero, libertad, pasaporte para occidente…
Y a mí que no me vengan con que hay muchos que buscan sus intereses. No. Porque yo estoy en el otro bando. El bando que sufre el horripilante dolor de las glosas absurdas. Y estoy harta de que al salir con un chico blanco, algunas negras tengan que oír: “Es maja, pero lástima que sea negra…”

Lástima es sinónimo de pena, lamento, grima y disgusto…

¿Qué pasa? ¿Por qué es una lástima que la novia sea negra? ¿Lástima por qué? ¿Lástima de qué?
¿Acaso es que ser negra va de par con ser mala persona? ¿Acaso ser negra tiene algo que ver con una malformación genética? ¿Por qué tiene que dar pena y grima alguien por su color de piel y no por su falta de valores?

No me estoy enterando de nada.

¿De qué sirve que nos eduquen correctamente con principios e añadidos, para que después tarados como aquellos, nos digan que damos pena? Mis padres llevan trabajando toda su vida por mi educación, para que me digan que es una lástima algo que no puedo cambiar. Algo tan sustancial y tan rico como el color de la piel.
“Paltoquets”, insolentes y pretenciosos. Gente que alardea de ser moderna, y educada, refinada y pulcra, y que presume de no ser racista. Gente arrogante y procaz que se piensa que por ser blanco tiene una idea no equivocada sobre aquella negra que está saliendo con su hijo. Jóvenes, que se ven en la cima del mundo y se toman la libertad de juzgar los sentimientos de los demás, que se burlan de su amiga porque se ha acostado con un negro, y dejan de quedar con su amigo porque se ha echado una novia negra... Un clasismo racista, que les hace rebosarse en su ilusa supremacía, que no es nada más que una deposición literal.
Una xenofobia aburguesada, con familias avergonzadas y disgustadas porque su hijo sale con una negra. Porque, es que ¡Es negra! Manos a la cabeza porque es una meretriz, una interesada, una muerta de hambre que sólo quiere la herencia familiar. Y encima, habrá que aparecer en público con ella.

Eso sí. Después se jactan de sus hazañas en algún viaje de safari por el África de las bestias que se denominan salvajes, sus juergas de juventud con alguna amiga negra, sus aventuras en el ejército con aquel gran soldado y amigo negro, sus mitos artísticos negros y su pasión por las máscaras Ifè. Simpatía falsa que muy rápidamente se evapora cuando la negra quiere formar parte de la familia. Y la cosa cambia. Ya no sólo son salvajes los animales, sino también aquellos que revolteaban allí en medio de las bestias… si… ¿cómo se llaman? … ay... si… ¡Negros!

Lástima ellos, que nos lastiman a nosotros. Diferentes formas de una misma palabra, que en dos sentidos, va a uno de una forma y va a otro de otra forma verbal y transitiva.

Tu lástima, me lastima. Tu pena, me hiere.

Qué pena para los niños que son de aquí, pero que les delata su color. Los que han sido adoptados, los que han nacido aquí, los que tienen una vida como cualquier otro ciudadano de aquí, pero que les vende su color…
Que triste es estudiar, tener dos carreras, saber latín y no pasar hambre, para que después te sentencien. Ojala un día cambie esto y que en lugar de hablar de lástima por un color de piel, hablemos del maravilloso mundo de la drosophila.

Y a nosotros en África, nos educan conforme que la madre naturaleza es justa, y que en los humanos hay fraternidad. Y no es así, porque aún retumba en mis oídos aquella frase: “Es maja. Sí. Me casaría con ella mañana mismo, pero es que… es negra… Lástima...”

Pues sí. Una lástima. Lástima que seas tú, tan simple.

Y cuando mi madre me dice mezquinamente “Cuenta hija… seguro que allí, hay más de uno suspirando por ti…” Pues no sé qué decirle… No sé si lo entendería. No quiero que sepa que hay gente que tiene muchos prejuicios y que el color de la piel, aún es tema de juicio en el amor.

Y de verdad que no sé en qué pensaba Júpiter cuando nos hizo de colores.


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martes, 14 de junio de 2011

LOS BLANCOS Y LA RAZÓN.


Hay un proverbio africano que dice: “Si dos personas se pelean por un billete de diez, es que uno quiere más de cinco”
El principio de la razón, está en los pequeños detalles.

Valorar si alguien tiene razón o no, según la lógica común, se basa en un mapa de principios y en una escala de valores personales que nos ayudan a definir si un acto está bien o si está mal. Valorar si alguien tiene razón o no, es hallar la diferencia entre dos cantidades, una sustracción que nos da la diferencia entre lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Es aritmética. Es geometría. Es lógica y es razón.

Poder evaluar si alguien tiene razón o no, sólo demuestra capacidad de juicio y sentido común. Y no es para ofender pero en el país de los blancos, la mayoría no saben decir: “No tienes razón” o “lo que has hecho, no está bien.”
Ante cualquier situación, la mayoría de los blancos, diplomáticos puros, encuentran la razón a todo el mundo. Ante cualquier acto, entienden y encuentran la razón a todos los sujetos. Una ilógica interpretación que da vida a las frases de blancos: “Os entiendo a los dos” y “Los dos tenéis razón.”

¿Pueden dos personas tener razón, actuando contrariamente en una misma situación de desacuerdo? Para mí, no.

Para nosotros los africanos en general, y no puedo evitar generalizar, tener razón o no tenerla es una ecuación de suma de valores positivos y negativos en la que, si los dos fuesen iguales, la suma sería cero. No habría situación. No habría desunión.
Ante un desacuerdo, una disconformidad, un enfrentamiento, una disputa o un conflicto, si uno tiene razón, es que el otro no la tiene. Una adaptación social y simple, de la reflexión de Parménides de Elea que dijo que: “Lo que es, es y lo que no es, no es.”
¡Claro que sí! Porque si lo que es, es; es imposible que lo que no es, también sea. Lo que es y lo que no es, a la vez, no pueden ser. Es razonamiento y sensatez. Si alguien actúa mal según los principio de la lógica común, no tiene razón y él que actúa bien, la tiene. Pero es imposible que quien actúa bien y quien actúa mal, tengan razón.

Y para encontrar las incógnitas de tan social ecuación, los dahomeénses vamos a la base del problema, lo analizamos, lo decorticamos y cada uno según su mapa de valores, decide a su parecer, quien tiene razón y quien no. ¡Ojo! Que si la relación es desfavorablemente embarazosa, los dos pueden no tener la razón por una ecuación de negatividad. Y no digo que todo el mundo tenga que escoger a la misma persona como culpable, pero es de locos que los dos tengan razón.

En el país de los blancos, la realidad se ve diferente. No sé por qué. Ante una misma situación, les dan la razón a dos personas que han actuado de manera distinta. Se esconden detrás de una diplomacia rara y por fas o por nefas, le acaban dando la razón a todo el mundo. Muchos, por miedo a ser juzgados ellos también, prefieren lavarse las manos y dar la razón a todo el mundo.
Otros se sienten culpables porque para ellos, decir a alguien: “No tienes razón” es juzgar a esta persona. Y no es verdad. Lo que se juzga son los hechos. No las personas. ¿Acaso es malo juzgar un hecho? Que alguien no tenga razón, no quiere decir que sea mala persona. Sólo quiere decir que ante nuestros valores y nuestros principios, esta persona ha actuado de una manera que nosotros no haríamos. Punto. Juzgar un hecho, es amor. Y juzgar un hecho con amor es más amor. Sólo tenemos que recordar que para resolver un conflicto, no se usa un cuchillo afilado, sino agujas para coser.

Esta técnica de algunos blancos es la que hace que muchos, a falta de verdad sobre su carácter, siguen actuando erróneamente porque nadie les dice que lo que hacen está mal.
Hay que mojarse a veces y decir cuando a nuestro parecer, alguien no tiene la razón. Le podemos decir a un amigo que no está bien algo que haya hecho y de paso darle herramientas o consejos para que corrija su error, sin que comprometa la amistad.

Dicen que: “Si hoy el león mata a una mala persona y nadie hace nada, mañana matará a una buena persona”. Queriendo decir que las malas acciones tienen que ser remarcadas para evitar malos mayores en el futuro.

Yo prefiero que la gente que me quiere, me diga de vez en cuando, cuando no tengo razón, o cuando estoy en falta respecto a alguien. Así sabré que tienen una escala de valores y así más, apreciaré su amistad.
Dar la razón o no darla, va ligado a la sinceridad y al amor. Ver alguien que uno quiere, actuar mal y no decírselo es no querer a esta persona. Hay miles de opciones, siempre. Pero según la lógica común hay lo que está bien y lo que está mal.

Qué hubiera pasado si Salomón hubiese dicho: “Os entiendo a las dos…”

¿Estaré equivocada? Quizás.

¿Diferencia cultural? Seguramente.

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lunes, 6 de junio de 2011

¿QUÉ COMEN LOS PECES DEL MEDITERRANEO?


Ayer leí en una revista digital, que cientos de inmigrantes habían desaparecido en el mar, como consecuencia del naufragio de su cayuco. Una tragedia corriente, habitual y de la que ya, nadie se sorprende.

Cayucos naufragados, inmigrantes muertos…
Han muerto miles. El mar se ha vuelto una fosa común y se ha cebado muchas vidas. Vidas anónimas. Vidas de personas que se van de sus países, cegados por una ilusión, y se enfrentan a las intemperies sin saber que lo que ponen en juego es mucho más que su futuro. Su vida.
Se han muerto miles de inmigrantes en las aguas del Mediterráneo. El balance es aterrador. La cifra de muertos ha ido creciendo y ya ronda los cinco dígitos.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Ya sé que el proceso es mucho más complejo, pero resumiendo, se puede decir que un cuerpo muerto ahogado, se hunde por el peso del agua inhalada y luego flota por los gases derivados de la descomposición bacteriana, como el metano y el dióxido de carbono que forman bolsas de aire dentro del mismo cuerpo, que dependiendo de la profundidad a la que se hunde, se pudre a más o a menos velocidad.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Muchos peces se nutren esencialmente de sustancia vegetal, pero muchos otros son zoófagos: los tiburones, la tuna, el salmón… y su dieta nutricional se basa principalmente y esencialmente en el consumo de otros peces más pequeños y de otros invertebrados. Son peces carnívoros. Depredadores unos y carroñeros, otros.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Muchos de los inmigrantes subsaharianos no llegan a su destino. Uno de cada tres cayucos no llega a tocar el sueño europeo que se dibuja desde la otra orilla. Los cayucos no están preparados y arrancan llenos a rebosar de gente que no saben nadar, la mayoría. Caen al mar e imploran a sus dioses. Pero los dioses parecen no oírles e acaban hundiéndose y devorados por la fauna marina.

El mar mediterráneo, desde la línea del Estrecho hasta las costas españolas, se ha convertido en una piscifactoría natural, en la que la dieta de los peces es ahora más rica en proteínas. Un cambio en su dieta, que sin embargo no afecta a la cadena trófica. Ni para esto sirve la muerte de tantas personas.
Kilos y kilos de carne vertidos al mar, para el beneficio de la fauna marina. Peces rechonchos y regordetes que por los reflejos de Pavlov, deben de tener los gritos de angustia y de socorro de los inmigrantes, como condición a su oportunidad de comer.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

Y allí estaba yo, mirando el pescado a la plancha que me habían servido. Un pescado reluciente de grasa, con un aire apetitoso y sabroso. Acababa de leer la noticia de los náufragos que habían desaparecido en alta mar. Y a lo Amelie Nothomb, se me abrió la metafísica de mis tubos. Y se me hizo clara una pregunta grotesca.

¿Qué comen los peces del mediterráneo?

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